La voz del artista: Pepe Cibrian

El director de musicales clásicos como “Drácula” y “El Fantasma de Canterville” debutó como actor en una de sus obras este 2015, al interpretar a Don Quijote en “El hombre de la Mancha”. La entrevista completa a una de las figuras más importante de la escena cultural nacional.

23/12/2015
La voz del artista: Pepe Cibrian
(Fotos: Lucho Gargiulo)
Juan Manuel Salas

Autor: Juan Manuel Salas

jmsalas@quedigital.com.ar @juasalas

* La nota original fue publicada el 26/06/2015

Pepe Cibrián tose. Desde la ventana de su cuarto de un hotel marplatense de cinco estrellas se ve el mar castigado por nubes, hace frío en este junio y Pepe Cibrián tose. Le pide amablemente a su agente de prensa que le vaya a comprar un remedio para la garganta, es miércoles y el viernes y sábado a la noche se presenta en el teatro Auditorium como Cerventes\Quijote en el musical El hombre de la Mancha y su garganta tiene que llegar.

“Yo quería ser actor, protagonista, de eso no había duda”, dice Pepe, pero la vida, caprichosa, lo hizo consagrarse como director, productor y guionista de teatro. “Elegí hacer musicales, no sé por qué, pero lo elegí. En este proceso de tantas obras trabajé en una o dos, no más”.

En El hombre de la Mancha, Pepe dirige, produce, realizó la adaptación e interpreta a Cervantes y a Quijote y todo, dice, “tiene que ver con la capacidad creativa”. Lo expresa con una extraña humildad, como diciendo: “Sí, puedo hacerlo, vos sabés que soy creativo, yo lo sé, todos lo saben” y si bien a muchos esto les quedaría soberbio, en él es natural.

Pepe interpretó a Lorca en la obra Marica y se dijo “quiero ser actor”. Pepe ya era actor cuando interpretó a Lorca, pero algo en él necesitaba una confirmación. Después fue una transexual en Priscila y ahí decidió que quería hacer El hombre de la Mancha, una obra que había visto de chico en Estados Unidos y que esa magia le había quedado en la retina desde hacía años.

-¿Por qué decidís adaptar El hombre de la Mancha?

-Quería darle un viraje a la obra, porque sentí que estaba pasada y que había sido interpretada de la misma forma en 50 años. Y no es una obra en nuestro país como Drácula que quieren verlo como es.

-¿Y por qué actuarla?

-Yo toda mi vida quise hacer de mis personajes, yo soy mis personajes ahí arriba: soy Pepe con sus angustias y sus conflictos. Soy Pepe niño como el de Drácula o sus soledades como la de Drácula o Calígula, soy el Jorobado al no sentirme atractivo en mi adolescencia. Y siempre envidié muchísimo a los personajes, todo este estilo de musical más lirico y vital que creo que está terminado.

-¿Te parece terminado el musical?

-Hay que entender que el mundo ya no es estas obras, ni como producción ni como realidad teatral, fue una época. Drácula será para siempre, pero lo otro ya está. Hay que buscar quizá otro tipo de musical, otro tipo de teatro, más minimalista, más comprometido con otras cosas, con el mundo en el que vivimos más “tiki tiki tiki” (agarra el celular y presiona botones), no para hacer una obra de celulares, pero hay un vértigo en el que viven los jóvenes, esa juventud que vive aislada del teatro porque además el teatro, en general, es muy aburrido. No tiene el timing, la fuerza, no tiene esa forma cocainómana con la que se vive.

Toda mi vida quise hacer de mis personajes, yo soy mis personajes ahí arriba

PEPE CIBRIAN 01

-Sin embargo uno imagina el teatro como el último refugio de este vértigo del siglo XXI, un lugar donde se le puede poner una pausa a todo ese caos.

-Pero eso es para vos o gente grande. El público por lo general es gente grande. Primero el joven no puede pagar las entradas y eso es una paradoja, porque si cobrás más caro no van y si cobrás menos no te da el costo. Por eso hay que hacer otro tipo de teatro que te permita adaptarte. Con El hombre de la Mancha si no metemos 1300 personas perdemos plata.

Llega el prensa con los remedios para Pepe, toma una pastilla y dice que para el viernes estará bien, que no es nada y vuelve a hablar de arte. Pepe habla y es un placer escucharlo hablar y verlo gesticular para acompañar las palabras, tantas palabras que suelta. “Como director me aislo mucho, ahora quiero que me dirijan a mí todo el tiempo, no quiero dirigir más”.

-¿Cómo tomás que te dirijan?

-Ahora hice una película, me dirigió Marcos Carnevale , voy a ser protagonista con la Borges (Graciela). Una producción impresionante. Yo nunca había hecho cine, me fascinó que me hayan dirigido, me encanta. Lo disfruté igual que si fuera teatro, aunque es otra cosa. Yo soy muy esponja, él me tiraba una pauta y yo la agarraba.

-¿Y qué te decía Graciela Borges? Ella tiene mucha experiencia en cine.

-Ella me decía: “Pepe, vos tenés que entender que la cámara te quiere, si la cámara no te quiere da igual”. Yo nunca me vi, cuando me vea en un primer plano no sé, estoy muy nervioso. Me dijeron cosas preciosas de mi actuación, entendí inmediatamente el código de “menos es más”, la no gesticulación teatral. Es otra forma.

La vida a mí me ha dado la posibilidad de lo impensado. Ser actor y ser reconocido como tal y convocar… nunca soñé que iba a convocar como actor

-¿Extrañaste la ausencia del aplauso?

-No nada, lo disfruté horrores. Estaba el aplauso de los compañeros, a quienes amé. Al principio estaban aterrados de trabajar conmigo, porque parece que decían: “No, que Pepe es muy jodido. No, que Pepe esto, que Pepe aquello”. Y nada que ver, amaba a todo el mundo, toda la gente me amó, jamás en la vida he tenido un problema, soy muy profesional. Respeté mi rol de actor, a mis compañeros y a Marcos en su rol de director.

-¿Qué te parece lo más atractivo del Quijote?

-Primero su no locura. Todo el mundo lo trata y cree que es un loco y yo para nada lo trabajo como un loco. Lo trabajo como idealista, surrealista, una persona que tiene muy en claro todo lo que quiere, que hasta sabe que es un “molino de viento”, pero intenta luchar igual. El Quijote es muy divertido, no tiene que ser solemne. Y cuando hago de Cervantes solo me despeino y al cambio de pelo soy Cervantes. El teatro es mágico, basta eso y una actitud actoral.

-¿Alguna pelea quijotesca en tu vida?

-Las pelea nos la va presentando la vida permanentemente. Yo no pensé nunca que iba pelear en el Congreso por un ideal y se dio. De pronto mañana vendrá un terremoto, no sé. La vida a mí me ha dado la posibilidad de lo impensado. Ser actor y ser reconocido como tal y convocar… nunca soñé que iba a convocar como actor. Mis obras sé que convocan, pero no quiero hacer más de esas obras. Sigo escribiendo textos, novelas, pero esos musicales ya están, fueron una maravillosa época.

-¿Qué otras cosas estás escribiendo?

-Estoy escribiendo la novela La prueba de Julia. Escribí, a pedido de una editorial española y con mucha vergüenza, mi autobiografía Se es hombre en la vida, no en la cama y también otras novelas más. Me encanta escribir, acá no te hacés rico con un libro, pero me encanta porque lo disfruto.

-Esta obra la viste en Estados Unidos de chico ¿Qué diferencias notas entre una producción de Brodway y una argentina?

-No noto una diferencia cualitativa. Argentina tiene grande actores y actrices. Nosotros tenemos una pasión que los norteamericanos no la tienen.  Me acuerdo que un director de Cats me preguntó: “¿De dónde sacás tanta sangre? Yo soy de plástico”. Eso somos los argentinos, acá laburan médicos sin gasas, vos con esos papelitos hacés una nota y está bien, eso es lo que me gusta. Cuando me dicen: “Esto es de Brodway”, yo pienso no, no por favor, no es fundamental para el arte.

Un espectáculo de un chico con una vela y un piano es genial, ya está, genera mucho más que cualquiera de mis obras con 80 mil personas, trajes y cosas

-Claro, como si una superproducción solo por eso hiciera sentir al espectador.

-Un espectáculo de un chico con una vela y un piano es genial, ya está, genera mucho más que cualquiera de mis obras con 80 mil personas, trajes y cosas. Yo me he presentado durante años en sótanos, mi primer musical que tuvo éxito fue Aquí no podemos hacerlo, tuvo 10 sillas. Calígula, 30 sillas y un ventilador que daba vueltas arriba, pero luego, al principio ni el ventilador.

-¿Extrañás algo de esa época?

-Sí, claro. Por eso es lo que tengo ganas de hacer de nuevo, investigar sobre eso. Pero más que nada quiero me que dirijan. Tengo ganas de descansar un poquito.

Pepe Cibrián debutó como actor en Mar del Plata, a los 18 años, en un improvisado teatro que armó en un garaje de un edificio en construcción en Mendoza y Boulevard. Lo recuerda como un lugar lleno de humedad y mágico, al que le pusieron luces y unas tablas. Tres jóvenes músicos lo acompañaban en la obra, los pibes dormían allí mismo, en unos colchones que Pepe les había conseguido. “No se murieron de tuberculosis de casualidad”, recuerda entre risas y agrega: “Todo era alegría entonces, todo era fantasía y desde ese día que no paré nunca más”.

Desde la ventana del cuarto del hotel de Pepe se ve el mar. Lamenta que lo hayan refaccionado tanto y no estar en el ala vieja del Hermitage, que asegura era “majestuosa”. Se calla un instante, por primera vez desde que nos sentamos a hablar, y dice: “Me sorprende la carrera que tengo. Todo me sorprende, es bueno que te sorprenda.  No soy boludo, sé que soy alguien, pero me sigue sorprendiendo”.

-¿Por qué te sorprendés tanto?

-Qué sé yo. Es como que uno que ha tenido mucho sexo y conoce a alguien que al tocarle la mano siente que es volver a empezar. Igual es el arte, todo el tiempo te va sorprendiendo y volvés a empezar. La gente te sorprende, cuando me esperan afuera -y me encanta- me quedo una hora sacándame fotos. Y después me pregunto ¿tan importante soy para que se quieran sacar una foto? Me pregunto qué les causa tanto y les debe causar muchas cosas muy bellas supongo, que tienen que ver con afecto, con admiración.

Afecto y admiración por Pepe Cibrián.

Ver más: , , , , ,

Comentarios