Drácula, un musical de amor y sangre

La obra más importante de la dupla creativa Pepe Cibrián y Ángel Mahler se presentó en Mar del Plata por sus 25 años con el eterno Juan Rodó en la piel del vampiro. Amor, sangre y canciones que vencieron al tiempo.

10/04/2016
Drácula, un musical de amor y sangre
(Fotos: Nico Dumrauf)
Juan Manuel Salas

Autor: Juan Manuel Salas

jmsalas@quedigital.com.ar @juasalas

Sangre. Drácula, el musical tiene sangre. Y no solo porque el personaje principal es un vampiro. Tiene la sangre de Pepe Cibrián y Ángel Mahler, que lo crearon hace 25 años; tiene la sangre de Tito y Ernestina Lectoure, que se arriesgaron y lo produjeron en los 90; tiene la sangre de Juan Rodó, que le dio vida al vampiro durante toda una vida; la de actores que dejan todo en el escenario, y tiene la sangre del público, que siente la obra, que canta las canciones, que es parte de un musical en un mundo al que le hacen falta musicales.

Sangre. La historia de Drácula es conocida por todos. El conde de Transilvania, un vampiro sin alma que vive de chupar sangre, siente después de siglos algo por una mujer, por Mina (Candela Cibrián). En el medio, Jonathan (Nicolás Martinelli), futuro esposo de Mina, que se mete entre los planes del conde e intenta matarlo. Y la pequeña Lucy (Luna Pérez Lening), hermosa, traumada por su pasado, víctima ideal de Drácula. Sangre, las historias de amor siempre se tratan de sangre.

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Sangre.Juan Rodó es Drácula. No hace de Drácula, es. Juan Rodó, desde hace 25 años, que es el vampiro. Es imposible notar en qué momento termina el actor y empieza el personaje. Juan Rodó hizo una maestría en Drácula, lo entiende, lo disfruta, lo sufre en cada obra. Juan Rodó, cada noche que se maquilla como Drácula, sabe que el amor lo espera, solo para sufrirlo una vez más y terminar con una estaca en el corazón.

Sangre. Pepe Cibrián se había desangrado en los 90 por una obra que no funcionó. Había vendido un auto y gastado todo lo que tenía en un musical que no resultó. Pero, como en sus musicales, el conflicto se resuelve y el final feliz existe: Pepe tocó la puerta del Luna Park y Tito Lectoure abrió y le produjo el musical más importante de la historia de Argentina. Le dio sangre para hacer Drácula.

Sangre. La obra funciona con sangre. En Mar del Plata, 16 actores dejaron toda su sangre para que funcione en el escenario del Teatro Roxy. La puesta en escena conecta con el espectador desde el minuto cero. La escenografía no es mucha, pero funciona con esa magia que tiene el teatro de teletransportar al público a la historia, apoyada con un espectacular juego de luces y humo. Las escaleras y andamios son la escenografía y parte de la magia, movidas por los mismos actores, se convierten en castillos, un abismo, el puerto, una taberna, un burdel y un salón de baile. Se transforman en lo que el público siente, porque en definitiva el teatro es sentir.

Sangre. Drácula se trata de sangre. De un musical de otro tiempo en que los musicales todavía significaban algo. Drácula es un musical en un mundo que se desangra por la necesidad de que la lógica de los musicales funcione. Pasaron 25 años y Drácula es parte de la gente, que cansada y hastiada de un mundo ficticio, va al teatro en busca de algo de algo real, de un poco de sangre y amor.

Drácula, el musical, se despide de Mar del Plata este domingo a las 20, en el Teatro Roxy y faltará un lustro para que vuelva a la ciudad, para que Drácula vuelva a enamorarse de Mina, para que el amor se lleve su cuota de sangre.

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