“Vivimos metafóricamente, no toleramos la literalidad”

Santiago Kovadloff presentó su libro “Hombre reunido”, que recopila casi 40 años de su poesía. En una entrevista con QUÉ dijo que “hoy la valoración del lenguaje es muy escasa” y que “cuando las cosas son literales se vuelven asfixiantes”.

05/03/2017
“Vivimos metafóricamente, no toleramos la literalidad”
(Fotos: QUÉ Digital)
Gonzalo Gobbi

Autor: Gonzalo Gobbi

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Aunque define primordialmente a la poesía como “un modo de ser y no de escribir”, Santiago Kovadloff tiene la particularidad de hablar prácticamente como escribe. Un vocabulario rico con silencios entre concepto y concepto, una mirada que trasciende la literalidad, una valoración extrema del lenguaje y un humor que destiñe la formalidad.

El además filósofo, ensayista y traductor publicó recientemente su libro “Hombre reunido”, y en el marco de la presentación del mismo en Mar del Plata dentro del ciclo Verano Planeta, se tomó el tiempo para hablar con QUÉ sobre la poesía en el siglo XXI, un género que en Argentina “desconcierta más de lo que atrae”, que se vende menos aunque persiste entre los artistas y que a su entender no necesita de más poetas, sino de “más coraje para asumirse como tal”.

Sencilla en apariencia, íntima y retrospectiva en su análisis, la poesía de Santiago Kovadloff invita a iniciar un camino que puede escapar a la presunción de la reflexión en soledad, porque no duda en afirmar que en una guitarra que expresa sentimientos, una charla entre cervezas con lenguaje vacilante y un grito apasionado para celebrar el gol o reclamar falta también hay poesía. Detrás hay, habrá o podría haber una voz propia.

-¿Qué lugar ocupa hoy la poesía?

-Depende del país del que hablemos. En Argentina ocupa un lugar en términos de interés colectivo bastante reducido. Tiene muchísimos lectores fieles, pero cuantitativamente tiene menos lectores que otros géneros. Eso se advierte en la venta de los libros. Ha pasado a ser un género que desconcierta más de lo que atrae. Entre los artistas la poesía tiene mejor suerte. Hoy se lee mucho pero no necesariamente literatura entendida como obras creadas en el campo del pensamiento, aunque menos que en el pasado ¿Qué pasó? Muchas cosas. Hay cambios culturales importantes que han determinado el desapego a la lectura de algunos géneros o la reducción del campo temático. Pero en otros países nada de lo que dije en cierto: en Israel la lectura de poesía es intensísima. También en Rusia y en Irlanda. Es uno de los géneros más populares y la palabra poeta connota y despierta un interés muy grande. La poesía despierta poco entretenimiento y demanda una valoración del lenguaje extremo.

-Hay un mito, tal vez por desconocimiento o falta de lectura, que dice que la poesía es aburrida

-Poco tiene de aburrida. Pero la pérdida de la valoración del lenguaje como subjetividad ha derivado en esa creencia. El destino que lo metafórico corre en la prosa de ficción es distinto al que corre en la poesía. En una poesía, la construcción de un enunciado artístico demanda por parte de quien lo lee una sensibilidad que se apoya escasamente en lo argumental. Y como la valoración del lenguaje en nuestro tiempo es escasa, muy escasa, resulta poco atrayente leer poesía y pareciera aburrido. Quien hoy pueda decir leyendo los sonetos de López de Vega que es aburrido, debería revisar lo que le pasa.

KOVADLOFF (2)

-En Hombre Reunido hay poesías que directa o indirectamente aluden a tu infancia, tu juventud, los viajes, tu familia, los amores, las ciudades. ¿Lo entendés como una recopilación -aparte de textos- de distintos momentos de tu vida para reunirte con vos mismo?

-En parte sí. Hombre reunido fue un título afortunado. No es mi obra completa porque aún no soy póstumo, pero aquí reuní mis nueve libros de poemas publicados hasta ahora. Cada uno de ellos es una semblanza de mi vida vivida hasta hoy. Es un hombre que ha juntado las distintas configuraciones que en su vida asumió para presentar un panorama no completo pero sí algo más exhaustivo de los registros tonales de cada libro impreso, porque la poesía es básicamente entonación.

-Fernando Pessoa decía que “la vida no basta, por eso existe la literatura” y que “el poeta es un fingidor” ¿Coincidis?

-Que la vida no basta es algo que también planteó Freud y tiene su cuota de realidad. El fingimiento puede llevar a presumir que se trata de una simulación o un encubrimiento, pero el poeta es un actor y en ese sentido un fingidor. Para que mis emociones auténticas puedan ser vivenciadas por otro, no alcanza con que sean sinceras; deben tener además la eficacia propia del enunciado que le permita a quien la lee, sentirlas como propias. La identificación en el arte no es solidaridad, es dramatización en el sentido teatral del poema.

-¿Sería más cruda la vida sin poesía?

-El hombre es un sujeto que necesita vivir metafóricamente. Yo creo que nosotros no toleramos la literalidad. Cuando las cosas son literales se vuelven asfixiantes, por eso la muerte nos desespera, o el dolor cuando no puede ser sublimado. La poesía es el pasaje a la interpretación expresiva de aquello que sin ese pasaje se vuelve abrumador. Una experiencia de amor frustrada la convierto en una canción, una vivencia feliz se vuelve poema. El hombre quiere decir otra cosa. El hombre habla porque quiere decir otra cosa, busca siempre ingresar al campo de algo que trascienda la literalidad.

-En un campo mucho más concreto, antes era frecuente encontrar hombres escribiendo poemas o serenatas para seducir a una mujer ¿Se perdió eso o se volvió más exclusiva de los artistas la poesía?

-No está perdido, sino que es diferente producto de lo que charlábamos antes. Pero una guitarra también expresa y una charla entre cervezas con un lenguaje vacilante y presuntamente vacío también, aunque a simple vista no lo parezca. Y en un partido de fútbol no alcanza con ver a mi equipo, grito y lo expreso para que su significación se convierta en una vivencia mucho más allá de lo que veo.

KOVADLOFF (1)

-¿Es hija de la inspiración o del trabajo la poesía?

-De ambas. El poema irrumpe, te arrebata, te sorprende. Tiene inicialmente el carácter de una intuición iluminadora. Días pasados iba a la tintorería por la calle Paraguay, pero de pronto pasé frente a una puerta que me recordó a otra puerta de mi niñez, que a su vez me llevó a recordar momentos de mi infancia. Eso desencadenó en mí un ingreso a una temporalidad que en ese momento no buscaba, simplemente irrumpió, pero a partir de ahí empieza el trabajo. Esa intuición me llevó horas volcarla al papel, aunque meses más tarde arriba de un barco y trabajé siete horas en la construcción de ese texto. Encontrar lo que estaba brindado por la intuición me llevó mucho tiempo. Trabajo e inspiración se complementan.

-Hoy que estás por cumplir 75 años, ¿cómo creés que hubiese sido tu vida sin poesía?

-No me la puedo imaginar. Me definió desde muy temprano, a los 13 años empecé a leer a Lugones gracias a un obsequio de mi padre. Seguí con Darío, Becquer, viaje a Brasil con mi familia y encontré a excelentes poetas. Y a los 16 años ya estaba escribiendo poesía. Mala poesía pero imprescindible para mí.

-¿Qué decide que sea buena o mala una poesía?

-La presencia de una voz, no la de otro. Cuando leo mis poemas de mis 20 años escucho a Lorca, a Lugones, a Darío… los veo sosteniéndome con un andador. Y luego, a medida que los años pasan y uno se resigna a su propia voz como ante el espejo, la propia voz va ganando más volumen y uno aprende a comprender que lo que quiere decir está en esa voz.

-¿Hacen falta más poetas?

-No necesariamente. Todos los hombres son poetas. Lo que hace falta es tener el coraje de asumirse como poeta, lo cual no quiere decir escribir sino aprender a reconocer las vivencias que hacen que el hombre se traslade de lo ordinario y literal a lo extraordinario y metafórico. La poesía es primordialmente un modo de ser, no un modo de escribir.

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