“Wayra”: Fuerza Bruta, con un soplo provocador

En un show que cautiva al espectador desde lo sensorial, la percepción cambia constantemente para descubrir la vanguardia. El espectáculo se presenta diariamente en el Centro Cultural Estación Terminal Sur del Paseo Aldrey.

30/12/2017
“Wayra”: Fuerza Bruta, con un soplo provocador
(Fotos: Prensa Fuerza Bruta)
Alina Rodríguez Martín

Autor: Alina Rodríguez Martín

redaccion@quedigital.com.ar @AlinaNahime

El espacio vacío, sin butacas, gradas o un escenario convencional recibe al público todas las noches: diariamente, a excepción de los martes, Fuerza Bruta redobla la apuesta en el Centro Cultural Estación Terminal Sur del Paseo Aldrey con su espectáculo Wayra y apela a cautivar a grandes y chicos, desde el deslumbramiento que atraviesa los sentidos.

Un paisaje espacio-tiempo que desde el impacto visual devuelve recuerdos primitivos; el público participa en todo momento a través de la retina, el oído  y el tacto: no pueden mantenerse ajenos a lo que sucede a su alrededor. Todo puede suceder en Wayra, palabra de origen aymara, que significa “viento, aire”.

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Por primera vez durante toda la temporada de verano en Mar del Plata, la compañía argentina reconocida a nivel mundial emerge para sorprender con un show diferente, con funciones todos los días excepto los martes. Un espectáculo que se involucra -quizás no desde la palabra o el texto, pero sí desde lo sensorial – y busca que el otro experimente gracias al gran despliegue de producción.

Los cuatro elementos -fuego, tierra, agua y aire- están representados de una forma u otra: tanto en las intervenciones de los actores y actrices que ponen el cuerpo en escena como en el trabajo de quienes asumen en desafío y se hacen cargo de la puesta a punto de los efectos técnicos. La fuerza de los elementos cobra vida en un espacio que no deja a nadie afuera, ni siquiera durante la danza, una especie de murga que con su rugido invita a bailar.

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De lo micro a lo macro. Entre el histrionismo y el silencio. El ritual y lo virtual se entremezclan todo el tiempo. El contacto entre lo terrenal y el espacio aéreo se aproxima al punto de perder la línea divisoria entre el que observa y el que es observado. Y es ahí donde los celulares se asoman entre las cabezas para dejar registro, no solo del “Yo estuve ahí” sino de ese otro tan particular, necesario para guardar un momento diferente que disparó otras sensaciones. Wayra propone que el espectador se sienta parte: invita a bailar, a tocar, a visualizar un sueño onírico, a avanzar y retroceder. Siempre con la idea de estallido.

Una escena se sucede tras otra, como una secuencia que termina en una descarga de euforia y, de pronto, vuelve la oscuridad, el silencio para esperar lo que viene. Y lo que sigue, entonces, sorprende nuevamente, pero desde otro punto de vista en el espacio. La incertidumbre está latente en Wayra, con preguntas constantes: “¿Dónde sucederá la próxima escena? ¿Un cuadro tiene relación con el otro? ¿Hay historia? ¿Hay conflicto?”. Sin dudas, lo fantástico es que Fuerza Bruta siembra la inquietud: son tantos los puntos de vista como los ojos que perciben, en una propuesta que abre el juego y lo multiplica.

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La brutalidad del ciudadano urbano se ve plasmada en esta especie de ritual que comienza puntual y termina dejando al espectador con ganas de más, en un espectáculo que invita a pasar, a sentirse parte. Fuerza Bruta se instaló este verano en Mar del Plata y  juega al desenfreno de estar en contacto, los unos y los otros, en una especie de grito que aflora desde lo más profundo y que parece decir que todo lo bello también puede ser estremecedor.

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