El Maratón de los sentidos

Por Sebastián Alí

28/11/2016
El Maratón de los sentidos
(Fotos: QUÉ Digital)
Sebastián Alí

Autor: Sebastián Alí

redaccion@quedigital.com.ar @aliseba4

La mañana se prestaba para la ocasión. Un sol no tan violento acariciaba este domingo la costa donde se celebró un nuevo Maratón Internacional de Mar del Plata, en el que más de seis mil personas de todo el país disfrutaron de una verdadera fiesta del deporte. Quien les escribe también fue parte, por primera vez, y lejos de querer jactarme de mi participación en particular, me permito escribir esta líneas para narrar cómo es el Maratón desde adentro.

Desde que se filtran los primeros datos sobre posibles fechas y precios de la maratón, muchos son los corredores de la provincia y el país que toman nota, y no es un dato aislado. Los corredores o runners, como rebautizó a esta actividad la globalización, son un fenómeno que no para de crecer entre aquellos que deciden recorrer las calles a la hora de practicar deporte.

El Maratón Internacional de Mar del Plata, privatizado desde ésta, su 27° edición, seduce no solo por la belleza del recorrido, sino también por la calidez de su gente. Además de los corredores, no son menos quienes deciden ir a presenciar desde cerca cada una de las carreras, como también quienes hacen las veces de espectadores ocasionales al cruzarse en su camino a la playa con una masa gigante de personas exigiendo a sus cuerpos, a quienes les toman fotos y brindan palmadas de aliento.

En la previa a la largada de los 10 kilómetros, todo era expectativa por saber quiénes eran los primeros en llegar a la meta tras recorrer las distancias más extensas: 21 y 42K, que habían empezado tres horas antes. Aquellos que iban cruzando la línea de llegada (solos, con sus hijos en andas e incluso con sus mascotas) eran recibidos entre aplausos, aliento y también admiración, soñando muchos de los que mirábamos desde afuera algún día lograr semejante hazaña.

Una vez en la largada de los 10K, entre selfies, música y sobre todo buena onda, los cronómetros (y las piernas) se pusieron en marcha. El sol no era del todo violento y las nubes -cuando aparecían- hacían, al igual que la brisa marina, el recorrido más ameno.

MARATON 2016 (1)

Cerca de los cuatro kilómetros estaba el primer puesto de hidratación. Allí fui testigo nuevamente del compañerismo que sobrevuela en un acontecimiento de estas características. Los corredores, una vez refrescados e hidratados, no tenían problema alguno en ceder lo que quedaba de sus botellas de agua mineral para aquellos que lo necesitaban.

Ya en la mitad del recorrido, el pelotón empezó a cruzarse con algunos rezagados de los 42K. Ahí fue otra de las muestras de fraternización de los corredores: no pasaban más de cinco segundos sin que ese osado atleta recibiera algún tipo de arenga por parte de los demás corredores.

Esto no es una carrera. Porque si bien existe un podio y premios para los primeros, el ambiente de compañerismo, autosuperación y calidez de los corredores es lo que prima entre los alrededor de cinco mil participantes que prenden sus cronómetros con el afán de pasar un gran momento a través de los paisajes costeros de la ciudad.

Justamente una de esas demostraciones de compañerismo me tocó vivirla en carne propia. Cruzando el séptimo kilómetro, quizás por el calor o por el ritmo exagerado de los primeros minutos de carrera, me descompuse sobrepasando los límites de las náuseas. Allí, apoyado sobre mis rodillas a dos kilómetros de llegar y sin poder continuar, recibí el apoyo de uno de los corredores, que bajo sus conocimientos de guardavidas dejó de lado de su intensión de bajar sus propios récords para ayudar a un extraño.

Tras reincorporarme con su apoyo y antes de ser atendido por el médico que él mismo fue a buscar varios metros atrás, a contramano del pelotón, pude continuar no sin antes agradecerle el auxilio que me prestó a pesar de no conocerme y de mis intentos por convencerlo de que siga con su recorrido, agradecimiento que reiteré una vez que los 10K llegaron a su fin.

Si bien mi participación terminó en la meta, con cierta congoja por el inconveniente del final, esta primera participación me dejó grandes sensaciones. Sobre todo, que este es un gran evento para la ciudad, ya sea para compartir un gran momento, hacer deporte y, sobre todas las cosas, disfrutar de la costa marplatense en un ambiente óptimo.

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