En terapia

El auge de la feminización viene calando profundo. Hay …

16/09/2015
 
Daniel Torres

Autor: Daniel Torres

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El auge de la feminización viene calando profundo. Hay un modelo de hombre blandengue que asoma desde hace un tiempo. Me causa asombro que muchos salgan de la trinchera agitando la bandera blanca ni bien arranca el tiroteo. Todos dicen que es la complejidad atiborrante de los tiempos que corren. Me imagino que eso se traduce en una ansiedad creciente, combinada con una búsqueda de bienestar que nunca llega. Con todo esto han brotado como hongos todo tipo de terapias que se venden bajo la forma de la solución inmediata donde solo hay que contribuir con la mera voluntad; la mera voluntad y…

-Ya sé que lo ves raro porque soy varón y me conocés –me dijo el primer día que nos cruzamos- pero mirá que esto te relaja y te deja como nuevo. Te juro que sentís que sos otra persona.

– Ajá, mirá que bonito che ¿y cuánto garpás por mes?

-Seiscientos pesos pero eso es lo de menos. La tranquilidad es impagable.

-Ok, como quieras.

Freud, que ya se había pelado los cuernos hasta descubrir el inconsciente y la razón de los problemas, venida del aparente bardo del trauma sexual irresuelto, termina a veces aventajado por la descomunal inventiva contemporánea; muchos han corrido un toque el diván y le han dado la bienvenida a toda clase de movimientos y prácticas muy originales, por decirlo de algún modo. El auge del clavo al rojo vivo funciona bajo los síntomas de la desesperación, siempre. La gente cree que hay algo específico que la pondrá a salvo de la desafinada orquesta que musicaliza su vida, y la batuta la tienen en sus propias manos. Entonces aparecen, por poner un ejemplo, la Terapia emocional con mascotas; divina ocurrencia donde se “bullyinean” bichos de toda índole, que nada entienden, que nada saben de la maraña mental de sus amos, y que no piden ser humanizados porque son los que son: animales.

-¿Otra vez vos? Ta dicho que, o no nos cruzamos nunca, o nos cruzamos casi todos los días.

Reímos por no saber qué otra cosa hacer.

-Me prendí con Catriel –me dijo- en una onda muy copada donde aprendés a reconocer a los demás a través de los ojos de tu mascota y algunos ejercicios.

-¿Quién es Carriel?

-Mi caniche toy mini.

– ¿Te compraste un caniche toy y encima le pusiste Catriel?

-Sí, hago gimnasia con el. Es impresionante el cariño que te dan los animales.

-Claro.

-Me voy porque estoy llegando tarde.

-¿Cuánto?

-¿Cuánto qué?

Le hice una seña frotando el índice con el dedo gordo.

-Eso no importa, ya te lo dije.

Me quedé viendo cómo se alejaba al trote con el perro entre los brazos, y me pregunté sobre la necesidad de agregar la palabra mini a ese cuzco.

También sobran los gurúes, de idéntica caripela que Bin Laden, pero sin tirar bombas ni andar como cabra entre las montañas rocosas. Estos sobreviven poniendo cara de De la Rúa, pero al final siempre pasan por caja. Cuentan que son la emancipación de las ataduras del yo y toda esa cosa que funciona bárbaro hasta que una mujer se topa con una vidriera o un fulano pretende cambiar el auto. La teoría es sencilla. Se trata de desagregarte problemas buscando un punto cero, digamos, un descarte progresivo del deseo material y el contacto final con tu ser interior. Pero claro, a veces hay que comprar unos anteojos de marca, o hacerte un viajecito afuera, o bien bandearte con el último modelo de celular que está imperdible. El ser interior puede esperar; nadie dijo que hubiera que ponerse un plazo. A fin de cuentas, la gente tiene toda la vida por delante, ¿no?

-Ya no siento que necesite nada. El Nayajadi Satinanda –transcribo lo que entendí fonéticamente- es la gran puerta de entrada hacia el “conócete a ti mismo”.

-No sé de qué me hablás –dije-, es la tercera vez que te cruzo, siempre andás en algo nuevo, eso que dijiste es Nietzsche y estás mezclando todo. En fin, ¿Quién es el sujeto de nombre impronunciable?

-Alguien que te hace olvidar de las frivolidades y ocuparte de lo importante.

-¿Ah sí? ¿Y es gratis che?

-No.

-Ajá. ¿Y le pagás en efectivo o con tarjeta de crédito?

La luz verdadera llegó según muchos con la regresión hacia vidas pasadas. Vaya enrosque. Me hizo acordar a la película El origen (un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño; uf, demasiados niveles) solo que uno acuerda bailar con la ficción y lo gestiona a través de un boleto de cine o un rato en Netflix. Los que pegaron el viaje (así llaman al tren de las vidas pasadas), dicen que un tal B. Weiss, tiró los cimientos de la inacabable procedencia humana, otras vidas desde donde nació todo este berenjenal que nos puede la paciencia en el presente. O sea, que al problema de la vida actual había que agregarle el quilombo de otras vidas anteriores, en caso de dar por cierto el discurso del bueno de Brian. Un rewind que intenta ponerte los patitos en fila para que te avives de hacer las cosas bien de una vez por todas. De lo contrario quedarás loopeado indefinidamente hasta que aprendas y llegues a la plenitud abstracta donde no hay dolor ni angustia ni muerte. Tampoco un buen par de tetas eh. No sé si estaría bueno un lugar así, sin nada malo que hacer, sin el Show de Marcelo, pero bue. Cada cual con lo suyo.

Uy, de nuevo este flaco.

-Ey, ando con lo de las vidas pasadas. Una genialidad. Yo fui otros en otras vidas, ¿Sabés?

-Sí, como ahora, que nadie sabe quién sos.

-Sí, pero esto es otra cosa, no entendés nada. Es un viaje a otras vidas, reloco, psicodélico, yo creo en esto, y es más, empiezo a sentirme muchísimo mejor.

-Mirá vos che. ¿Y ya con esto se terminan tus bajones depresivos y tu cóctel de pastillas para dormir?

-Qué jodido sos eh. Vos porque te pensás que solo vas a poder con todo.

-Puede ser. Pero al menos es gratis.

-Ya vas a caer.

-Nunca digo nunca.

-Me voy, tengo clase de Reiki con imposición de manos y después un curso de vida interestelar.

-¿Vida interestelar?

-Sí, chau.

-Cheeee!!

-¿Qué?

-¿No probaste con un yogur?

-¡Andá a cagar!

 

 

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