Presentación

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02/11/2017
 

El reencuentro con la hoja en blanco y con el tema a tratar. Envuelto en un entramado de sentidos que hoy posiblemente me cueste mucho más desenredar que cuando empecé, a eso de los 15 años.

Entonces escribía casi por inercia, quería producir textos para reírme y demostrar qué fantástico era yo y que no debían dejarme solo, porque una persona como yo no debía estar sola, ¿no?.

Sí, estaba solo y no tenía más que grandes listas de palabras que quería usar pero no tenía ni idea de cómo. Palabras delicadas y palabras macizas, algunas abstractas y seductoras y otras robustas e insobornables. Quizá me haya entregado en un pasado más aquellas que a éstas, y hoy éstas me convocan con mucha más fuerza.

Pero estaba solo igual que todos, cosa que comprendí con el tiempo: uno siempre es victima del peor drama y esto nos une.

Aun, a pesar de mi tragicomedia personal, me acompañaban mucho libros y entonces sentí que escribir era sencillamente el desenlace lógico de eso que tragaba.

Por suerte mi relación con los textos persistió a través de los años y hoy día mi relación conmigo mismo ha cambiado mucho a fuerza de algunos viajes.

Sigo sintiendo este vértigo por la palabra. Me convertí en cantante desde entonces, y luego aprendí a cantar. Al principio eran todos gritos, tal y como los textos, por ese dolor de abandono e inseguridad luego con mejor técnica y moderación, pero mi relación con el canto es extensa y no me quiero ir por ese lado. Cuando encontré expresión en el canto dejé un poco de lado la escritura y el cinismo.

Escribí canciones vergonzosamente literales e idealistas, escribí canciones vergonzosamente pretenciosas y rellenas de metáforas que ni yo sabía qué querían decir; escribí canciones que hoy día aun me gustan y me transmiten cierto orgullo.

Después de escribir bastantes y saciarme de ellas es que me vi seducido por el género de la poesía, por su plasticidad y generosa forma de componer, escribí un librito corto que se llama “Pantalones” y que tiene algunas cosas buenas.

Con un poco de suerte y con mucho apoyo de buena gente y amigos aprendí cosas de las que en casa había poco: humildad y compañerismo.
En favor de estas virtudes que me fueron arrimando es que retomo la labor de escribir y, sobre todo, de describir que me parece, quizá, un término mas preciso. Y por hacerle también honor a estos valores es que me confieso apenas un aprendiz.

Disculparán ustedes tanta autoreferencia, es que quiero que se me entienda bien. Para mi escribir es decir la verdad, es tan simple como eso.

¿Cómo confiar en la verdad propia como para transmitirla?. ¿Por qué a alguien le interesaría tomar mi verdad? Es tan solo una verdad más
y dicha a corazón abierto nunca es poco.

En esto decido creer y por ello se las ofrezco. Los temas a abordar intentaré que sean, entonces, de un interés socio político generalizado (más allá de mis perversiones personales).

Esto no quita que un día el ciclo urinario de los delfines detone intuitivamente en mí una verdad universal que necesite compartir. Para saciar mis necesidades comunicativas y también servir a estimular la reflexión de los otros, como muchísimos escritores obraron y obran en mi persona también.

Así como en el pasado me conmovió primero la comedia catártica y luego la huidiza poesía, es que emprendo ahora este camino de descripción lo menos ornamentada posible con mis más sinceros deseos de que mi visión sirva a los intereses de quien lea.

En esta empresa intentaré no fallar y estar siempre atento para recibir críticas.

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