¡Hay un hombre muerto, señora!

Por Lucho Gargiulo | QUÉ Digital

18/12/2016
¡Hay un hombre muerto, señora!
(Foto: QUÉ Digital)

El suicidio debe ser uno de los temas más complejos para abordar. La vida, la muerte; los opuestos separados por una pequeña fracción de tiempo. Un segundo, una decisión sin vuelta atrás. Una escapatoria que no lo es, pero al mismo tiempo sí. O no, no lo sabemos.

Un jubilado decide quitarse la vida por problemas económicos. Lo hace en un lugar público: un hospital. Esa institución creada para salvar y alargar la vida, termina siendo el lugar donde un hombre quiso dejar de vivir, o tal vez no pudo vivir más.

Pero el foco no está puesto en esa decisión fatal y que poco comprendemos. La mirada apunta a los que siguen con vida, los que aún respiran y están a metros de aquel hombre que se suicidó en el baño de un hospital.

Hay policías haciendo su trabajo, no es mucho. La escena es bastante clara. Dos cartas confirman la hipótesis, no es más que trabajo rutinario y de papelería para los uniformados. Pero afuera del hospital hay vivos, vivos que reclaman, que putean y que refunfuñan. “Hay un hombre muerto, señora”, dice una policía ante el reclamo de varias caras de culo, que sin importar lo que había pasado adentro, quieren ser atendidas.

En las llamadas telefónicas se puede escuchar cómo la falta de sensibilidad o el desinterés por el otro se sobreponen a la decisión de un hombre de quitarse lo más preciado que tenemos: la vida. “¿Qué hago, dónde me atiendo?”, le pregunta una joven a la enfermera de la entrada que no deja pasar a nadie, porque aún el cuerpo está tendido en una camilla en medio de un pasillo, al lado del área de informes del hospital.

¿Qué nos lleva a comportarnos de tal manera? Un jubilado se pega un tiro en el pecho y es más importante el turno con el oftalmólogo. Quizás el calor del mediodía fue el motivo para que aquellas personas no tuvieran sentimiento alguno, más allá del enojo porque no podían ser atendidas. Tal vez, como el hombre ya estaba muerto, no importó demasiado.

La decisión de aquel hombre sigue siendo un tema delicado, algo difícil de entender y procesar, más aun para sus afectos. Pero mientras que algunos insistían en ser atendidos y otros llegaban y se anoticiaban de lo que había sucedido, había una persona que no pudo más. Sean deudas o cualquier tipo de problema, ese hombre, dejó algo mucho más importante que un turno con el médico, algo que muchos no quisieron ver.

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