Terminar, empezar

Editorial QUÉ, en la radio

23/09/2015
 

Las cosas inevitablemente terminan. Es lo único real, lo objetivo, lo obvio. Tal vez no importe que una cosa termine, tal vez muchos no lo quieran ver. Pero se termina y es así. Tal vez no importa cómo terminan, por qué terminan, o para qué terminan. Tal vez sí y es lo que duele.

Hemos vivido sin entender los finales, sin aceptarlos. Odiamos la grandilocuencia de las despedidas, la nostalgia, el llanto adolescente de los enamorados que se enfrentan a la realidad, esa realidad finita, con límites, derrotada en algún momento.

¿A quién que está arriba, no le gustaría congelar el tiempo? Estar en ese momento eternamente, sentirse Dios, poderoso, conservar la gloria, las masas, el dinero, el sexo, el amor.

¿A quién que lucha, no le gustaría que la guerra terminara? Empezar de nuevo, renacer, olvidar, disfrutar del momento por el momento en sí, seguir, buscar, volar un poco.

Estas palabras, inexorablemente, también terminan ahora. Pero estas palabras vuelven a empezar, ahora también. 

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