Pinos de Anchorena

Palomas

En el edificio de Gabriel hay palomas. Es imposible contarlas, pero algunas noches …

03/04/2015
Palomas
Gonzalo Gobbi

Autor: Gonzalo Gobbi

ggobbi@quedigital.com.ar @gonzalogobbi

En el edificio de Gabriel hay palomas. Es imposible contarlas, pero algunas noches por el espamento que hacen al despertarse las unas a las otras y al revolotear entre las ramas de los árboles en los que intentan descansar, parecen cientas.

Se asustan. Conviven en el medio de tres edificios céntricos y están acostumbradas a los vecinos más excéntricos, pero se espantan. Y cuando lo hacen, el ruido puede despertar hasta al inquilino de sueño más profundo.

El departamento de Gabriel está en la planta baja. Una reja desmontable le agrega a su monoambiente divisible un jardín lleno de verde y palomas que solo a veces descansan. Cuando las dejan. Cuando no las corren y el grito de un gol con festejo incluido hacia el pulmón del edificio no logra enloquecerlas.

Pero el arquero descuelga un tiro al ángulo y llega el corner, seguido de rebote, a minutos del final. Se viene la contra, con defensores que se sacan rápido de encima la pelota para pasarla al mediocampo, desde donde se emprende una carrera que luego continúa el delantero, intrépido, estratega, arriesgado, habilidoso.

El equipo intenta acomodarse pero los laterales se abren camino para el contraataque. Centro cruzado, la pelota gira en el aire y el relator enciende el tono de voz. Logra cabecear despejado, libre y el arquero da rebote, pero el volante que corrió hacia el área por el centro la empuja adentro, contra el fondo de la red.

Y entonces el gol se grita con la garganta seca, casi con demencia y seguido de un festejo con los brazos en alto y una carrera desarticulada hacia el patio para que de madrugada, las palomas -que ahora emprenden a la par un vuelo en direcciones opuestas- le hagan saber a todos los departamentos internos de los tres edificios, que el resultado que marca la PlayStation en el televisor acaba de cambiar a favor del dueño de casa.

En el edificio de Gabriel hay palomas. Es imposible saber cuántas, pero algunas noches parecen cientas. Y solo podrán descansar cuando el partido termine empatado y haya que definir desde el punto de penal. Si es por goleada, el revoloteo obligará a la mañana siguiente a tener que volver a baldear el piso.

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