#Tallerdearte: Ethelvina

Se mudó de una casa, que funcionaba como taller, a un departamento. Del departamento, se mudó a una habitación. Ajustar, acomodar y adaptarse a un espacio cada vez más chico fue el desafío de esta profesora de arte, que nos deslumbra con el colorido de su lugar de trabajo.

01/02/2017
 

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QuéDiseño taller  02En una habitación de su departamento, que funcionaba como escritorio, Ethel encontró un refugio en donde el arte se apropió de cada metro cuadrado. Distribuir el espacio de trabajo fue el primer obstáculo, ya que debió deshacerse de muchos adornos y materiales. Ahora, cuenta con lo justo y necesario para dar clases y que sus alumnos se sientan cómodos.

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La ayuda necesaria:

Mediante el asesoramiento de Flor, se consiguió generar diferentes sectores en un espacio reducido (¡Sólo 10m2!)

Se reutilizaron los muebles existentes en este ambiente:

  • Dos bibliotecas que se encimaron para ganar espacio.
  • Se enfrentaron dos escritorios de PC y se ubicaron debajo de la ventana.
  • Una mesa realizada en base a una vieja máquina de coser heredada.

Hasta se pudo incluir un angosto mueble que proporciona más lugar de guardado e iluminación para poder trabajar desde el atril.

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Lo que no se podía dejar:

En cada mudanza, Ethel trasladó unas cortinas coloridas que eran clásicas del taller. Por esto, cuando se pensó en cómo revivir el antiguo escritorio se optó por partir de los verdes y aguamarina que predominan en la cortina y, simplemente, pintarlos.

De esta manera, se dejó atrás el color madera (que también estaba presente en el piso flotante). Se consiguió, no sólo un espacio más colorido y alegre, sino que potencia la luz natural, porque los colores la reflejan y no la absorben como lo hacía antes la madera.

TIP: Para cuidar el piso de madera del agua o la pintura, Ethel protegió la zona de trabajo con un plástico transparente a modo de alfombra.

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La magia del Taller:

Al ingresar, se pueden apreciar las obras que se van desarrollando clase a clase. En general, se maneja con los alumnos que ya conoce desde hace años y, por eso, parece que fueran parte de su familia. Tienen horarios fijos y en ese momento, se desconecta del resto de la casa y de las obligaciones.

Sus clases son de pintura y dibujo, pero a su vez le gusta mucho el reciclado. Cada alumno tiene la posibilidad de crear, expresarse. El que concurre al taller, explica qué quiere hacer, pero tiene libertad para crear. Cada alumno hace una clase diferente.

Es un espacio para que las personas se descubran y expresen lo mejor de sí.

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Los miedos superados:

Adaptarse al tamaño del lugar quizás fue lo más complicado. En un primer momento, pensó que no iban a entrar o que la gente no se iba a acostumbrar, pero nada de eso pasó.

Es el lugar en donde los alumnos se han sentido más a gusto y, de hecho, ha logrado cambios profundos en personas que antes sólo dibujaban en tonos de grises y ahora pintan a color y ¡Hasta experimentan con el óleo!  

¿Todo ésto se deberá al cambio en la decoración del lugar? Nunca lo vamos a saber con certeza, pero lo que sí sabemos es que Pancho (el perro que es mascota oficial del taller) nunca había querido entrar a ninguno de los lugares de trabajo y ahora ¡No lo pueden sacar de la habitación!

La alegría y el color se funden en este espacio para crear, liberar la mente y dejarse llevar.

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