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En torno a Raymond Carver

“El Chéjov estadounidense”. La extendida etiqueta no da cuenta, en toda su magnitud, del genio creativo de uno de los mejores cuentitas de la segunda mitad del siglo XX. Quién fue Raymond Carver (1938-1988), por qué vale la pena leerlo y por dónde ingresar a su obra

27/03/2016
 
Mariano Taborda

Autor: Mariano Taborda

redaccion@quedigital.com.ar @marianotaborda

QUIÉNBLOG Carver (2)

Tiene los ojos grandes y negros. Unas cejas tupidas y arqueadas que enmarcan la mirada penetrante. Está incómodo en el asiento del auto destartalado. La máquina pide descanso; pero, como la bicicleta en el filme dirigido por De Sica, el móvil sirve para emplearse y nutrir a una familia. Su mujer genera el ingreso principal, el mínimo para subsistir. Son pobres. Ray, como lo llaman los conocidos, acepta esporádicamente los trabajos que sobran, los reservados para los negros, andrajosos; los estadounidenses que no salen en la foto.

El chirrido de los frenos alerta al dueño de la casa de que el pedido de la farmacia llegó. Hace pasar al repartidor mientras busca los tres dólares, en monedas, que debe abonarle. Intercambia metal por la bolsa y advierte que el hombre no aparta la vista de una revista. Se la obsequia. Ray pone en marcha el vetusto artefacto y avanza apenas unas cuadras; estaciona frente al primer bar que encuentra abierto. Bebe, y lee excitado la revista literaria. Sabe que existe algo llamado literatura, en la preparatoria la miró de soslayo. Ahora —sobrepasado de deudas, avejentado pese a ser veinteañero, alcohólico— le pone atención. Relatos cortos, reseñas bibliográficas, poemas, críticas. La epifanía de una tarde de febrero, en una mesa de bar, en un pueblo del este, en los Estados Unidos de Norteamérica.

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La situación no mejora. Ella tuvo que aceptar un trabajo extra, de camarera, para poder comprarle con el excedente una máquina de escribir. Él se dedica a pescar con los amigos, a leer libros en ediciones baratas y, la mayor parte del tiempo, a beber descontroladamente. Frecuenta sin éxito centros de rehabilitación. El ostracismo y la violencia son la característica saliente de su accionar.

Ante cada oportunidad que se presenta le es infiel,ella lo sabe. Hastiada, rencorosa y vengativa, imita la promiscuidad de su marido y acepta una aventura. Ray se entera, se enfurece, enloquece. Utiliza como escarmiento la botella de vino tinto, sin etiqueta, destinada para la cena.

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Hace diez años que no prueba el alcohol. Siente el pecho lleno de aire. Conoció el amor en Tess Gallagher, compañera, poeta. Tiene fama, sus libros se traducen y venden en cantidades de best-seller. Atesora más de doscientos mil dólares de ahorro. Varias universidades lo contratan para dictar cursos. No cumplió aún los cincuenta y la piel de su rostro acusa la desintoxicación. Pero el cuerpo no se suma a la vertiente de buenas noticias que parece ser moda en su nueva vida; tiene su curso aparte. Los médicos son certeros: cáncer de pulmón.

La radioterapia no revirtió el avance de las células cancerígenas. Aceptado lo trágico e irremediable, se propuso como última voluntad un viaje. El destino no fue la Europa central, cuna de grandes escritores. Tampoco su vasto país natal ni las montañas africanas que conoció por Hemingway. El sitio añorado se encontraba en las entrañas del demonio, al otro lado de la Cortina de Hierro: la ciudad de Moscú. Y un sitio específico, la tumba de Chéjov. Quería rendirle homenaje, junto a Tess, a su maestro del relato corto, quien le enseñó cómo la brevedad y el lenguaje cristalino pueden lograr el pequeño milagro que significa un buen cuento. No lo logró, no pudo ver la decadencia del socialismo. Murió en Washington, apenas cumplidos los cincuenta años.

BLOG Carver (1)

POR QUÉ

Como muchos de los escritores de su generación, Raymond Carver no quería explicar el mundo. Ni dar respuestas definitivas ni moralizar. Poco le interesaba la parafernalia filosófica que suelen intentar al otro lado del océano Atlántico. Tampoco bosquejó panfletos denunciando al capitalismo y sus atropellos; penurias que vivió en carne propia. Carver cuenta pequeñas historias de estadounidense de clase media, que transcurren durante la segunda mitad del siglo XX. No hay sucesos extraordinarios: nadie triunfa, casi nadie se muere, pocos tienen sexo. Las historias soslayan el suceso definitivo y se posan en la potente carga de patetismo que suelen tener gran parte de los actos humanos.

Sus personajes soportan los sufrimientos que generan el alcohol, las drogas y la mezquindad. La estrechez económica que intentan sortear muestra el lado oculto del americanway of life. La visión del narrador es parcial, muchas veces desde la óptica de uno de los personajes. No toma partido, los expone frente a situaciones en las cuales se ven desbordados.

Carver descreía del exceso de artilugios para contar una historia. No lo desvelaba la ruptura de la norma. Los modelos de escritor de alta literatura son el novelista y el poeta. Un contemporáneo y amigo de Carver, el genial John Cheever, intentó toda su vida huir del rótulo de escritor menor por publicarúnicamente cuentos, en revistas de circulación masiva. Carverno intentó escribir novelas, su axioma principal era no aburrir al lector, en cualquier género. En uno de los escasos textos en los que piensa su poética, lo señala taxativamente: “Allá por la mitad de los sesenta empecé a notar muchos problemas de concentración que me asaltaban ante las obras narrativas voluminosas. Durante un tiempo experimenté idéntica dificultad para leer tales obras que para escribirlas. Mi atención se despistaba y decidí que no me hallaba en disposición de acometer la redacción de una novela”.

Los escritores norteamericanos suelen buscar el éxito que está asociado a la cantidad de ventas. El lugar en la lista de popularidad no es, en modo alguno, impedimento para considerar el valor de una obra. Que lo masivo es literatura de género, menor, no los incomoda. The New Yorker—aparecida en 1925, a 15 centavos de dólar el ejemplar— junto con muchas otras revistas de gran tirada, fue el soporte donde los mejores escritores publicaron. Con la esperanza de que lo editen (además de ver su nombre sellado en tinta, pudo ingresar dinero para su menesterosa familia) Carver aceptó que el editor Gordon Lish manipulara sus primeros cuentos, al punto de hacerse difuso el tono de cada uno.

BLOG Carver (3)Carver no escribe para escritores. Los diálogos no son eruditos y, salvando algunas excepciones, no hay obras ni escritores mentados. Carver escribe para el ciudadano medio, que tiene deudas y se sienta a mirar televisión, luego de una jornada agotadora de trabajo.

Una frase clara, concisa, es el empujón para que el relato se desarrolle: “Estaba pasando la aspiradora cuando sonó el teléfono”. La prosa límpida, con escasa adjetivación. Lo que una lectura superficial podría tildar de estilo descuidado, es fruto de un trabajo meticuloso y artesanal. Los diálogos juegan un papel fundamental en la construcción de la trama: acercan el foco sobre los personajes y los exponen.

Con sinceridad y potencia como atributos principales, la obra de Raymond Carver ocupa un lugar de privilegio dentro del mapa vasto y prolífico que representa la poderosa literatura norteamericana del siglo pasado.

POR DÓNDE

La editorial catalana Anagrama publicó en español cinco libros con colecciones de cuentos de Carver. Estos relatos fueron pulidos durante mucho tiempo, cada palabra escogida minuciosamente entre todas, emulando el procedimiento de la poesía. No hay puntos flojos, momentos en los que la pulsión se vea mermada. A continuación, la selección de nueve “pequeños milagros”, como denominó su amigo Richard Ford a los cuentos que funcionan.

Vecinos. Una pareja acepta cuidar el departamento de sus vecinos durante una ausencia por viaje. Sin ponerse de acuerdo, ambos sienten gran excitación revolviendo y husmeando las pertenencias de los viajeros.

No son tu marido. Un hombre desocupado y decadente vive del ingreso que acerca su esposa trabajando como camarera. La obliga a bajar de peso luego de advertir que los clientes del bar no comentan las bondades de sus muslos.

Bicicletas, músculos, cigarrillos. El segundo día de abstinencia al tabaco lo altera. Un inofensivo pleito entre niños, en el que está involucrado su hijo, es el disparador para que descargue su nerviosismo contra otro de los padres.

¿Quieres hacer el favor de callarte, por favor? Una pareja feliz, en una casa acogedora, con bellos niños que duermen mientras ellos charlan en la cocina. La evocación de un recuerdo del pasado rompe, de un momento a otro, la aparente armonía.

Caballos en la niebla. Una pareja que se separa. Ella junta sus cosas y comunica su partida mediante una carta que entrega por debajo de la puerta. Se despiden en el patio delantero junto a unos caballos que se escaparon de un establo. La visita inesperada aporta extrañamiento al relato.

Tres rosas amarillas. Es el único cuento de Carver que transcurre lejos de su época. Los últimos días de Chéjov, uno de sus héroes literarios, son retratados desde la perspectiva del empleado de hotel donde el escritor ruso agoniza.

 Plumas. Dos parejas conocidas, no amigas, se juntan a cenar. Nada destacado ocurre. La tensión es generada por la mascota de los anfitriones: un pavo real.

Parece una tontería. Uno de los mejores cuentos de Carver. El día del cumpleaños de su hijo, la madre encarga una torta para la celebración. El niño tiene un accidente, y la monotonía de los días de internación se trastorna por los llamados telefónicos del pastelero quien reclama que retiren el encargo.

Si me necesitas, llámame. Relato publicado póstumamente. Cuenta los intentos y el fracaso de una pareja por recomponer su relación. La inestabilidad emocional y la incomunicación afloran, como en muchos de los cuentos de Carver.

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