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Ni yanki ni peronista

La editorial Anagrama publicó el libro póstumo de Ricardo Piglia “Los casos del comisario Croce”. Doce relatos policiales en los que demuestra la solvencia acostumbrada.

11/10/2018
 
Mariano Taborda

Autor: Mariano Taborda

redaccion@quedigital.com.ar @marianotaborda

Piglia era marxista. En los sesenta fue maoísta, hasta viajó a China. En los setenta, abandonó la revista Los libros por el apoyo de Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano al gobierno de Isabelita. Con el peronismo tuvo un vínculo de fascinación y respeto: su padre debió convivir con un exilio bonaerense; luego del golpe del 55 la familia abandonó Adrogué y se refugió en Mar del Plata. Pero la admiración de Piglia siempre rondó en torno a las lecturas sofisticadas del filósofo alemán. El prólogo de Los casos del comisario Croce (Anagrama, 2018) es un texto de Marx incluido en Historia crítica de la teoría de la plusvalía (1857). Analiza al delito como una industria dinámica dentro del capitalismo. Cada línea parece escrita por Piglia.

QUELEER Piglia (1)

La enfermedad que degeneró su cuerpo, le impidió la escritura. Los métodos técnicos de producción de los textos siempre fueron de su interés; en el final de sus días, pudo llevar el problema teórico a la práctica: compuso el libro utilizando el sistema Tobbi, eligiendo con la mirada letra por letra. En realidad parece una máquina telepática, dice en el epílogo del libro. Ese trabajo titánico apenas afectó la calidad de factura de los doce relatos que componen el libro. Solo se pueden relevar algunas marcas de contracción o síntesis, y el fuerte de los textos se recuesta en el planteo argumental.

Piglia fue el mejor lector de su generación. Su obra literaria, al igual que la de Borges, se constituye a partir de lecturas e intertextualidades. Conocía a la perfección el género policial. Entendió que, en ese supuesto género menor, estaban los dispositivos narrativos para hacer buena literatura. El vínculo de una sociedad con el crimen es una línea de lectura provechosa. El policial moderno se inauguró en 1841 con la publicación de Los crímenes de la calle Morgue de Poe. El salto distintivo lo da la aparición del detective. El cuento inaugura una los tópicos que se desarrollarán durante el siguiente siglo y medio: el problema del cuarto cerrado, el detective lector; un outsider que con mirada lúcida y fresca pone luz sobre un caso que la institución no alcanza a dar respuesta. La publicación de Cosecha roja de Hammett, en 1929, da una nueva orientación al policial clásico. El dinero entra en escena, en dos planos: las motivaciones de los crímenes ya no son individuales sino que están atravesadas por conflictos con el dinero, y el detective ya no es una mente altruista; ahora el hombre, contradictorio y físico, trabaja por dinero. Piglia creó su detective e incorporó elementos de las dos principales corrientes del género policial.

QUELEER Piglia (2)El comisario Croce sintetiza lo mejor de Dupin y Marlowe, es el resultado de las contradicciones de estas crueles provincias. Lo hizo a su manera, una mezcla de intuición y coraje, así opera nuestro detective criollo. A diferencia de Piglia, Croce es peronista. Tuvo que exiliarse en pueblos de la provincia de Buenos Aires después del golpe del 55. En el 76, creen que se escapó a Uruguay. Tiene mente y cuerpo: estudió filosofía y aplicó el silogismo a la resolución de crímenes. Tuvo una amante casada, con quien se encontraba en hoteles marginales y militó por la vuelta de Perón. El narrador del cuento La resolución adjudica a Croce lo que Sarmiento destacó en Rosas: con solo morder una brizna de pasto, por el sabor del yuyo, Croce es capaz de identificar con exactitud en qué estancia y en qué zona de la pampa está. Piglia creó a Croce y así resolvió el primer gran escollo para escribir literatura policial. El comisario había aparecido por primera vez en la premiada novela Blanco nocturno (2010). Ahora Piglia lo pasea por doce relatos cortos.

Ya en Respiración artificial (1980) Piglia dio grandes muestras de ingenio: imaginó que toda la obra de Kakfa pudo haber sido inspirada en su amigo Hitler, un pintor austríaco fracasado que frecuentó los bares bohemios de Praga durante la Primera Guerra Mundial. En el resto de su obra esos hallazgos continuaron y en su último libro se acumulan varios. En el cuento La película, alguien extorsiona al gobierno peronista con un video pornográfico. Actúa una mujer rubia, bellísima, todo indica que es “esa mujer”. En El astrólogo, Piglia vuelve a homenajear a Roberto Arlt. El personaje de Los siete locos continúa con sus excéntricos planes recaudatorios, esta vez encuadrado dentro del peronismo. En El jugador recoge el guante que Chéjov dejó en su cuaderno de notas, un argumento que nunca escribió: Un hombre, en Montecarlo, va al Casino, gana un millón, vuelve a su casa, se suicida. Ya había trabajado con ese argumento en su Tesis sobre el cuento, ahora lo retoma en la ficción. En La conferencia, tal vez el mejor de los doce cuentos, pone a Borges como personaje y le da voz. El viejo ciego viaja a un pueblo para dar una conferencia sobre literatura policial. El salón está casi vacío y la organizadora busca a Croce para hacer bulto. En la cena, previa a que el viejo conferencista tome el tren de regreso, resuelven juntos algunos casos hipotéticos.

Ricardo Piglia murió el año pasado pero el plan de ediciones póstumas recién comienza. Los casos del comisario Crocees el último homenaje que le rindió al género que atravesó su vida como editor, lector y escritor. Fiel a su cosmovisión materialista de la historia interpretó al género policial como una gran crítica del capitalismo, más eficaz que la literatura social de izquierda. Pocas aristas son más provechosas para interpretar una sociedad que analizar la forma en que esa sociedad mata. Marx abre el libro y un marxista argentino lo completa.

FICHA TÉCNICA

Los casos del comisario Croce

Ricardo Piglia

Editorial Anagrama

Septiembre de 2018

187 páginas

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