Al Ver Verás: clubes como curitas de un sistema marginal

El “Duende” de Parque Palermo está en jaque por problemas de inseguridad y marginalidad que azotan al barrio, flagelos que intenta paliar con el deporte. El relato de Carlos De Los Reyes, su presidente, quien hace 37 años le da impulso al club.

23/10/2016
Al Ver Verás: clubes como curitas de un sistema marginal
(Fotos: QUÉ Digital)
Sebastián Alí

Autor: Sebastián Alí

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Carlos De Los Reyes es el actual presidente de Al Ver Verás, y desde hace 37 años que vive el día a día del club de Parque Palermo, un barrio ubicado en la periferia, azotado por la pobreza, el narcotráfico y la desolación. Sin embargo, el club está viviendo una situación crítica agravada en los últimos meses, y la paciencia a De Los Reyes se le terminó hace unos días, cuando alzó la voz y la ciudad entera puso sus ojos en el Duende.

Nacido de militantes comunistas, De Los Reyes tiene una visión de las cosas que no abundan por estos días. Durante gran parte de su vida se dedicó al reparto de productos lácteos y a la albañilería. Actualmente está pensionado y sufre de artritis, pero a pesar de los dolores, le dedica todo el tiempo posible al club, al que levantó con sus propias manos.

Alrededor de 150 personas asisten al club regularmente, todos provenientes del propio barrio Parque Palermo, como también desde Parque Hermoso y Las Heras. Allí conviven las 10 categorías inferiores además de la quinta y la primera del fútbol masculino, y también una división de hockey femenino. En consecuencia, se convirtió en una herramienta de contención para los chicos de la zona, y únicamente es sostenido por los aportes de dirigentes y padres.

Después de diversos hechos que sucedieron en Parque Palermo y sobre todo a Al Ver Verás, el diagnóstico del presidente sobre la actualidad no es el mejor: “El drama que tenemos hoy lo tuvimos siempre, pero desde hace unos cuatro meses se agudizó. Yo te voy a dar un diagnóstico, porque acá nadie hace un carajo, y ni lo van a hacer. Igualmente es una enfermedad que tiene la Argentina desde hace años y no aprendemos, no hay caso”, comienza De Los Reyes, con palabras duras pero que denotan cansancio y desolación. “Los chicos están en un medio que se va pudriendo, un círculo vicioso que se va pudriendo de afuera para adentro hasta que llega al núcleo y ahí puede pasar cualquier cosa”.

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Pese a que cuenta con cámaras y alarmas, Al Ver Verás sufre robos muy a menudo. La última vez que irrumpieron en el lugar fue hace un mes y medio, por la noche, y le robaron una estufa eléctrica, con la misma metodología con que se llevaron en otra ocasión un tractor con el que el propio De Los Reyes cortaba el pasto en las instalaciones.

De Los Reyes está al tanto de cada cosa que ocurre en el barrio, pese a que transita día y noche en el club, y entiende el engranaje social actual mejor que cualquier político municipal: “El 99% de la gente del barrio es honesta, gente que se va a trabajar al Puerto, que se levanta a las 4 de la mañana, e incluso a ellos les roban. A nivel país estamos pagando las consecuencias de muchos años, un periodo de empobrecimiento social que empezó con la última dictadura. El diagnóstico está hecho. Se siguen haciendo marchas, reclamos, pero sigue asesinando gente, robando. No se ataca el núcleo del problema. La gente antes que nada tiene que tener para comer, mínimo. Y acá eso no pasa. Hay chicos que me vienen a pedir pan. A los políticos no les importa un carajo”.

“De las chicas que vienen a jugar al hockey, muy a menudo llega alguna a contarme que está embarazada. No hay educación, no hay una mierda, no hay posibilidades. Fijate lo que hicieron esos enfermos con Lucía Pérez, y a la piba que violaron acá en el barrio. Yo ya lo estaba anticipando a eso, por eso hice este despelote. Vos no sabés lo que viven los pibes acá. Si no estás encima de ellos, son naturaleza pura, un animal. El animal va y si tiene hambre come y rompe. Es lo que pasa acá. Tenés que estar encima, inculcarles cultura, deporte, explicarles cómo funcionan las cosas. Ahí entra también la educación sexual”, agrega sobre uno de los vértices del círculo vicioso de la marginalidad.

Le suena el teléfono. En la llamada, le avisan que el jefe de la Policía Local, Fernando Telpuk, estará presente en el barrio. Cuelga y da a entender que no le interesa, aunque tiene sus argumentos. Considera que militarizar la ciudad no va a solucionar el problema de fondo, que es mucho más profundo que colocar policías en cada cuadra: “No es un problema que se puede solucionar como el ajedrez, moviendo fichas. No podés militarizar Mar del Plata porque hay hechos de inseguridad. Vos tenés que empezar por el fondo, por donde nace, y nace de la frustración, la marginación de años y años”.

BARRIO PARQUE PALERMO PROTESTA VECINOS (9)

La marginalidad, la pobreza y la tristeza que arrastra a los chicos del barrio (y del país) hacia la delincuencia y el consumo de drogas, tiene un enemigo seguro y que siempre estuvo allí para darle pelea y sacar a los jóvenes de la calle. “No creo que haya en Mar del Plata otro club como Al Ver Verás en la función que cumplimos y cómo ha crecido. Acá yo no doy a basto. Lo que ves acá lo hice yo con mis propias manos en los años que estoy en el club. Pero llegamos a un punto en que no aguanté más y la semana pasada empecé con los reclamos llamando a los medios para ver si alguno reacciona”, sostiene.

 LA DROGA, DENOMINADOR COMÚN 

-¿Hay mucha droga en el barrio?

-Pfff…

De Los Reyes tiene tanta experiencia como anécdotas para contar en un barrio donde, según él, pasan cosas cada quince minutos: “Hace dos domingos me reventaron la ventana de la oficina, pero sonó la alarma y el ladrón no pudo entrar. Fue un chico de unos 12 años según lo que vimos en las cámaras de seguridad. A los tres días, intentó robar en otra casa, con la mala suerte que era de gente importante en los negocios de la droga, lo golpearon y lo rociaron con nafta con la intención de prenderlo fuego. Lo salvó un vecino, sino lo quemaban”.

Después de un abrazo solidario realizado días atrás y de la alerta que encendió el propio presidente en cuanto a la situación del barrio, hubo algunas reacciones: “En la esquina hacía cinco años que vendían droga y lo saben hasta los perros, que ni les ladran. ¿Los policías? Ni te cuento. Pero tres días después de mi reclamo, los allanaron y detuvieron. De todas maneras, acá es así, casa por medio, son todos distribuidores y de eso viven. El asunto de la droga es un tema complejo y no lo van a solucionar así nomás, porque es un negocio que no solo abarca a los distribuidores. Sin ir más lejos, me contaron chicos del club que tienen familiares que están metidos en el tema, y algunos de ellos cayeron, incluso un jugador del club”.

La droga sigue avanzando a pasos agigantados. Los clubes son la única herramienta que tienen los barrios para frenar ese avance. De Los Reyes está al tanto de los chicos del club que ingresaron en el consumo, pero hace todo lo posible para mostrarles un camino mejor: “Yo tengo tres chicos que se drogan. En la entrada ya me doy cuenta, incluso qué sustancia consumen. Cuando lo veo, lo primero que hacemos es hablar con ellos. Tenemos charlas hermosas. Acá se sacan las caretas, te dicen todo lo que a sus padres no le dirían, no se esconden nada y se abren. Hay muchos que tienen ideas para combatir esto, pero si no estás en el día a día, no tenés idea de nada. Llevar las soluciones a la práctica es muy difícil”.

Uno de los chicos que supo que consumía, tenía tan solo 12 años. Según el presidente, los jóvenes que llegan a la quinta, en su mayoría están salvados por estar más sólidos psicológicamente. Pero los de las categorías más chicas es más difícil: “Si llegan a la calle, dejan el fútbol y  cagaste porque todo chico que gaste energía en deporte tiene menos posibilidades de entrar en el consumo. El 60% termina en la calle. Si bien me tocó ir a buscar chicos que se habían ido, es difícil convencerlos cuando se van”.

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 PEQUEÑAS SOLUCIONES A CORTO PLAZO 

Desde el club, enviaron un petitorio a la Municipalidad con algunos puntos que podrían servir para calmar las aguas y, al menos, para que las actividades en el club se puedan llevar adelante con más tranquilidad. Entre los pedidos realizados se destacan la colocación de luminarias en el frente del predio, la cesión de tierras del club para la instalación de un destacamento policial y la designación de dos patrulleros fijos para el barrio.

Sé que no se va a solucionar con más policías, pero al menos puede calmar un poco lo que son las cercanías del club, que nadie se hace cargo. Las instituciones de los alrededores están viviendo situaciones similares: a Talleres estuvieron a punto de robarle un arco”, agrega De Los Reyes y comenta: “Los únicos que pueden cambiar esto son los medios. Tiraron abajo a gobiernos democráticos en América, ¿no van a tener la fuerza suficiente para revertir la situación?”.

Sin embargo, la infraestructura y la política son dos palabras que no se escuchan en Parque Palermo. “Acá se inunda todo. Gustavo Pulti empezó a hacer el desagüe, llegó hasta en frente de la cancha y, a 300 metros de terminar las obras, no vinieron más. La gente no puede vivir. Cuando llueve se inunda y cuando hay sequía se levanta una polvareda impresionante. Son todas cosas que van aumentando la desazón y la marginalidad”, dice De Los Reyes. Por si fuera poco, en las instalaciones de Al Ver Verás había una posta sanitaria, que dejó de funcionar de la noche a la mañana, dejando deudas con el club e incluso medicamentos, pero más que nada, una vía de atención médica menos para Parque Palermo.

 “TAMBIÉN PASAN COSAS LINDAS” 

En medio de la desesperación por la situación que viven los barrios y el club, se convocó un abrazo solidario ante la amenaza del presidente de cerrar las puertas de Al Ver Verás. Al encuentro asistieron chicos que hacía 20 años no pasaban por el club. Al notar la cantidad y el cariño de la gente que se acercó al abrazo solidario, el presidente sintió “una emoción incontenible”.

Con la voz quebrada y ojos vidriosos, recuerda uno de los momentos más emotivos: “El día del abrazo solidario los más chicos tenían una alegría tremenda. Uno de ellos se largó a llorar mientras yo hablaba ante la gente. No hace falta decir más”. Después de recomponerse tras segundos de silencio, se prende otro cigarrillo y continúa.

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- ¿Qué lo motiva a seguir?

– Sigo porque es mi lugar en el mundo. A mí no me sacan de acá. No le tengo miedo a nadie, salgo solo por la noche. El club fue una parte de mi vida muy importante. Mis hijos se criaron acá. Le di más de la mitad de mi vida al club. Mientras tenga hilo en el carretel yo no me voy a callar ni a ser cómplice de nadie. Sin embargo, me da lástima es la gente que está acorralada y no ve, ni le podés hacer ver la salida.

– A mí me van a recordar siempre laburando para Al Ver Verás. Los chicos en el abrazo solidario me abrazaban emocionados, con sinceridad. Yo tengo la vida hecha, lo único que me importa es que los chicos de acá se salven, a la mayoría los pudimos salvar de la droga y de la delincuencia y hoy en día tienen una familia. A eso le damos importancia en el club.

UN POCO DE HISTORIA

Quizás más de uno se pregunte por qué Al Ver Verás lleva ese nombre. Nacido en 1944, la historia del bautismo del club radica en una desgracia: Isabelino González, uno de los asambleístas que se iba a reunir para establecer el nombre del club, tuvo complicaciones con el camión con el que se trasladaba desde Buenos Aires.

A partir de allí, fue remolcado con su vehículo hasta el paraje “Al Ver Verás”, pero no pudo asistir y la reunión se tuvo que suspender. Días más tarde, con el recuerdo de aquella peripecia que tuvo que afrontar González, quedó estipulado el nombre de la institución. “Se les ocurrió Al Ver Verás, seguro sin imaginar el significado que podría tener a futuro”, asegura el presidente.

Los fundadores no jugaban al fútbol, sino que corrían en bicicletas. En consecuencia, un carnicero del lugar, cansado de que pasen por el frente del local, los invitó a que vayan a jugar al fútbol a otro lado “sin molestar a la gente”. Para convencerlos, les regaló una pelota y camisetas con los colores verde y rojo que caracterizaron por siempre al club que tendría su primera sede en Chaco y Pampa, pero que luego terminaría por asentarse en el barrio Parque Palermo.

En la década del ‘60 el Duende vivió su época dorada en lo deportivo, a partir de la presencia de jugadores de las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata que nutrieron las filas del club, que con su aporte salió campeón tres años consecutivos. Sin embargo, la gran diferencia entre “los clubes que quieren figurar” y Al Ver Verás, según De Los Reyes, es que ellos van detrás de otros objetivos más allá del triunfo deportivo. Sólo buscan que el club forme ciudadanos, familias, que aporte su granito de arena a una coyuntura social complicada.

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