Arhehpez: tras nueve meses de toma, una cooperativa

Los trabajadores de la pesquera pasan todo el día en el edificio de Champagnat y Rivadavia. “Hoy la planta no está tomada sino cuidada”, grafican. Lo que empezó como un reclamo por el cierre hoy va camino a ser una cooperativa.

22/02/2015
Arhehpez: tras nueve meses de toma, una cooperativa
(Fotos: Lucho Gargiulo)
Joaquín Lledó

Autor: Joaquín Lledó

[email protected] @joaquinlledo

Juan Narváez tuvo que vender su auto para poder pagar siete meses que debía de alquiler. Tiene esposa y dos hijos. Hace exactamente nueve meses es uno de los trabajadores que mantiene ocupada la planta de Arhehpez, de Champagnat y Rivadavia. Meses atrás consiguió un trabajo de sereno en horario nocturno. Eso le permitió, medianamente, estabilizarse económicamente y le da la posibilidad de cada mañana pasar por la planta para ponerse al tanto de lo que pasa, para apoyar la ocupación, para resistir y crecer.

Juan Narvaéz será, cuando llegue el aval de las autoridades correspondientes, el presidente de la cooperativa “La Nueva Arhehpez Limitada”, que funcionará en ese enorme galpón que ocupa prácticamente una manzana –delimitada por Champagnat, Rivadavia, Montes y Belgrano-, y que tiene tres pisos en los que se distribuyen ocho cámaras y cinco túneles de frío.

Ahí hasta hace dos años trabajaban regularmente unos 120 trabajadores que llegaban a producir hasta tres mil cajones de pescado procesado por día.  Los destinos para la venta eran Arabia, Suiza, Francia, Canadá, entre tantos otros.

La historia de Arhehpez podría resumirse en que un empresario, de origen chino, llamado Hong hizo mucho dinero con la planta, un día empezó a dejar de producir -sin destruir los puestos de trabajo- y al año cerró las puertas y no apareció nunca más. Entonces 120 familias quedaron a la deriva, sin ese sustento que hacía entre tres y veinte años, según los casos, les permitía ganarse el mango.

El jueves 22 de mayo del año pasado los trabajadores dijeron basta, luego de un largo período en que sentían que algo estaba mal.

Todo empezó luego de estar siete meses sin ART. Ahí decidieron en asamblea un paro hasta que se regularizara la situación. Al poco tiempo, casi como respuesta, dejaron de producir. Entraron bajo el régimen de “garantía horaria” por el que recibían un básico de $3600 a la espera de ser convocados nuevamente.

Esa convocatoria nunca llegó. Desde que la empresa dejó de producir se llevaron adelante algunas changas por el procesamiento de langostino, pero no mucho más. Esa situación se vivió durante un año, tiempo en el que, según advirtieron los trabajadores, se vació la empresa a partir de la venta de todos los productos que habían quedado. Recaudación millonaria.

Así las cosas, el 22 de mayo los trabajadores iniciaron la toma de la planta, que se mantiene hasta hoy. En el medio, muchas cosas: negociaciones para una presunta venta, intento de utilización de los trabajadores, divisiones, una propuesta del empresario de entregarles la planta en comodato por cinco años que nunca se concretó. Y mucho más.

Tras todo eso y la desaparición del empresario, tomaron una decisión: la conformación de una cooperativa y empezar a ser los dueños de esa gran planta.

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“El objetivo a realizar con la cooperativa es el procesamiento del pescado pero además trabajar con materia prima vegetal y ganadera y alquilar frío para hacer hielo”, dice Juan Narváez en referencia a eso que escribieron en un papel cuando debieron indicar el objeto de la cooperativa. Es que, según asegura, no quieren depender de la zafra del pescado, cuyos plazos en el último tiempo se redujeron considerablemente.

De los 120 operarios, que hoy en su mayoría hace changas, entre 15 y 20 pasan todos los días en la planta. En total, unos 80 trabajadores son hoy los que están en contacto. Pero estiman que cuando logren reabrir la planta, todos querrán ocupar sus puestos, aún los que más dudas tienen de que esto pueda funcionar.

“En noviembre pensábamos que en marzo ya estaríamos trabajando, pero el expediente todavía no salió de Mar del Plata. Así que sólo nos queda esperar”, cuenta Rosana Luciano, otra de las trabajadoras y futura tesorera de la cooperativa.

Una empresa recuperada, ese es el objetivo. El ejemplo inmediato es El Amanecer, destacan Juan y Rosana y cuentan que son asesorados por los abogados que iniciaron ese proceso con los trabajadores de la ahora cooperativa de lácteos.

Todo el día, todos los días hay trabajadores en la planta. Dicen que hoy “no está tomada sino cuidada”. Y así se la ve en una recorrida: todo en su lugar, todo en orden, lista para hacer unos pequeños movimientos y empezar a funcionar en cualquier momento.

La convivencia ya lleva nueve meses. Y va a durar al menos unos meses más. Los trabajadores lo saben y lo aceptan. Mientras tanto venden empanadas, sanguches de vacío y choripanes en el ingreso por Champagnat. La formas de intentar ganarle a un sistema injusto.

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