Artista denuncia que Cultura no lo deja trabajar “por un capricho”

Luego de cuatro años de vender en San Martín y San Luis los cuadros que pinta, Martín Falkenhagen, un hombre hipoacúsico de 39 años, contó que la nueva gestión no le renueva el permiso y reclama poder volver a su lugar.

24/04/2016
Artista denuncia que Cultura no lo deja trabajar “por un capricho”
(Fotos: QUÉ Digital)

Toda su vida fue artista y durante los últimos cuatro años la Secretaría de Cultura del Municipio fue renovándole los permisos para poder exponer y vender sus cuadros a metros de la fuente de San Martín y San Luis. Martín Falkenhagen tiene 39 años, es padre de dos hijos adolescentes y es hipoacúsico. Denuncia que la nueva gestión de la Dirección de Ferias Artesanales de la Secretaría no lo deja trabajar “por un capricho” de las autoridades.

Con evidente habilidad y talento, Martín combinó desde su infancia su pasión por los superhéroes con la pintura. Sobre maderas y láminas de mediano y gran tamaaño, con acrílico y barniz, también le da vida con sus manos a escudos de clubes de fútbol, autos, personajes y todo lo que le pidan. Porque gracias a hacerse conocido por sus obras en la Peatonal, muchos eligen sus dibujos y le encargan modelos especiales.

El problema comenzó en diciembre. Hasta entonces, la anterior gestión fue otorgándole permisos que el artista renovaba por trimestre para poder trabajar en la vía pública, sin molestar a nadie y con pinturas de excelente calidad.

“Cuando en diciembre fui a renovar donde iba siempre, a la Biblioteca Municipal, no encontré a nadie primero. Después hablé con Mercedes y con Adrián, pero cuesme tionaron las pinturas fueran réplicas de superhéroes y empezaron con los caprichos. No me dieron el permiso para la Peatonal, me pasaron después de cuatro años a Rivadavia y ahí casi no se vende nada. Después volví a intentar pero nada, me dejaron sin trabajo”, explicó el artista en diálogo con QUÉ desde el lugar en el que hasta principios de diciembre fue su lugar durante cuatro años.

Las personas a las que se refirió Martin son Mercedes Osta, una trabajadora de planta en la Dirección de Ferias Artesanales y actividades en la vía pública de la Secretaría de Cultura, y Adrián Álvarez, director del área.

MARTIN PINTOR PEATONAL 01
MARTIN PINTOR PEATONAL 03
MARTIN PINTOR PEATONAL 02

“Todos estos años trabajé bien y pude hacer una carrera. No venía solo en verano a la Peatonal, sino todo el año, en invierno, incluso con lluvia. Soy hipoacúsico y tengo una hija de 17 años y un hijo de 13. Este es mi único sustento de vida y esta gente me lo sacó”, denunció.

Según contó, cuando pidió renovar el permiso “Mereces me dijo que no aceptaba copias”. La trabajadora -entiende el artista- se refería a que algunas de sus pinturas son reproducciones de imágenes de reconocidos superhéroes y personajes de dibujos animados, aunque el diseño es exclusivo y surge principalmente de su imaginación.

Después de verse obligado a pasarse a la calle Rivadavia, las ventas cayeron notablemente y hoy exige: “Yo lo único que quiero es que me dejen trabajar. Jamás pongo música que moleste, limpio mi lugar, no molesto a nadie, la gente de acá me conoce y a los chicos y grandes les gusta mi trabajo, eligen mis obras y me encargan porque están bien hechas”.

Martín advierte que no es “una persona violenta” y reconoce que se cansó de reclamar su permiso ante las nuevas autoridades del áreas debe otorgárselo, que se lo negaron desde diciembre hasta la fecha sin contemplar su talento, ni su disminución auditiva, ni su realidad como padre de dos hijos adolescentes, ni sus años sin quejas vendiendo cuadros en la Peatonal y mucho menos sus ganas de ganarse la vida haciendo lo que le gusta, sin molestar a nadie.

“A mí con esto me están matando de hambre. No me dejan trabajar por un capricho. Me dicen que me alquile un local, pero de verdad no puedo. Yo solo quiero que me dejen trabajar”, pide al terminar la nota con este medio mientras un grupo de niños se acerca asombrado a preguntarle por sus obras, sin poder venderlas para ganarse la vida por el permiso que Cultura le niega.

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