Cuidadoras domiciliarias, orgullo trans: “No somos una esquina”

Cinco chicas trans finalizaron un curso de formación en la Unmdp. Algunas ya trabajan en una institución privada. “Mejoramos nuestra calidad de vida y la de quienes cuidamos”, explicó Cristal Barraza, una de las jóvenes recibidas.

04/09/2016
Cuidadoras domiciliarias, orgullo trans: “No somos una esquina”
(Fotos: Cristal Barraza)
Gonzalo Gobbi

Autor: Gonzalo Gobbi

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La prostitución es para muchas personas trans de Mar del Plata el único sustento económico para subsistir. Pero no es -o no debería- ser el único camino. En busca de alejarse de la nocturnidad, de las esquinas, de la estigmatización y la exhibición, un grupo de chicas trans de la ciudad puso en marcha recientemente “un cambio paradigmático” en sus vidas a través de un curso en la Universidad Nacional de Mar del Plata que las formó como cuidadoras domiciliarias y que les abrió las puertas a un trabajo digno en el que sus cuerpos no se exhiben como mercancías, sino que están al cuidado de adultos mayores y personas con discapacidades.

Para muchas el acceso al trabajo formal tiene las puertas cerradas. Pese a los significativos avances en materia de identidad de género durante las últimas décadas, la discriminación y el prejuicio les quita el esfuerzo y el mérito a aquellas que estudian en busca de una mejor calidad de vida.

Cuidadoras domiciliarias. La propuesta nació a través de la Mesa de Diversidad, conformada por agrupaciones que luchan por la igualdad y la identidad de género y varios organismos de Mar del Plata. Una de las integrantes del Grupo Transparencia Mar del Plata (GTM) propuso que el colectivo trans pudiera participar de estos cursos que se dictan en la Universidad.

El psicólogo y coordinador de estas capacitaciones, Pablo Della Savia, se acercó a la sede del GTM y despertó el interés de muchas, incluso de aquellas que desde hacía años no retomaban el estudio.

En esta oportunidad, cinco mujeres trans decidieron inscribirse y hacer el curso: dos de ellas ya están trabajando “felices y súper emocionadas” en una institución privada, al servicio de adultos mayores y personas con discapacidad o enfermedades terminales que necesitan un cuidado intensivo.

Cristal Barraza, vicepresidenta del GTM, es una de las jóvenes recibidas. “Estamos muy contentas con este nuevo emprendimiento de trabajo que no tiene que ver con la nocturnidad, con exponer nuestro cuerpo a que nos pase cualquier cosa”, dijo en diálogo con QUÉ.

Revalorizar una etapa de la vida. Disminuir las actitudes abusivas, discriminatorias y violentas. Fomentar el empoderamiento de los adultos mayores. Promocionar una sociedad para todas las edades. Bajo esas premisas se formaron en el marco del curso dictado por la Unmdp gracias a un convenio con el Ministerio de Desarrollo de la Nación.

El curso que recientemente finalizó este primer grupo de cinco mujeres trans, tres argentinas y dos de nacionalidad peruana (junto a otras más de 100 personas), consta de una parte teórica y de prácticas institucionales que son clave para aplicar los conocimientos incorporados.

Trans cuidadores domiciliarios 1

“Hubo toda una cuestión de si nosotras íbamos a poder entrar a las prácticas porque la sociedad todavía tiene prejuicios, discriminación y estigmatización. Mar del Plata cuenta con más de 500 instituciones, pero solo una nos lo permitía y dos de nosotras estamos trabajando ahí”, continuó Cristal, quien cursó y egresó junto a María Solange Gutiérrez, Yuri Cumapa Díaz, Darian Gauna y Samanta Belén Campos.

El hecho de que solo una institución las aceptara les resultó al menos injusto, aunque con el tiempo tomaron conocimiento de que otras abrieran su mente y estarían dispuestas a contratarlas.

En Sol de Ipanema, una instrucción privada de la ciudad ubicada en Independencia y Libertad, dos de las jóvenes están trabajando desde hace casi tres meses. Allí, Rogelio y Ariana, los dueños, las incluyeron sin prejuicio alguno y con un trato igualitario, mientras que Eve, a cargo de la recepción del lugar, fue la encargada de tomarles las prácticas.

¿QUÉ HACE UN CUIDADOR DOMICILIARIO?
Administran los medicamentos con indicación profesional, preparan la comida y colaboran con los adultos mayores a la hora de comer; cuidan la higiene personal y del lugar donde viven los abuelos, previenen accidentes, organizan actividades recreativas y acompañan a los ancianos y colaboran en las prácticas indicadas por los profesionales.

“Es un trabajo que lo podemos hacer tan bien como cualquier otra persona. Nosotras no somos una esquina y no nos condiciona nuestra condición sexual para realizar este trabajo que además de mejorar nuestra calidad de vida, mejora la de las personas que cuidamos”, aseguró la joven trans recibida.

SALIR DE LA CALLE

Desde hace tiempo, el colectivo LGBT viene exponiendo la violencia que sufren las trabajadoras sexuales, con “un nivel de transfobia en alza” y derechos que continúan siendo vulnerados.

Las jóvenes que realizaron este curso de cuidadores domiciliarios sienten que “algo cambió” y apuntan a que ese “algo” sea el paradigma cultural.

“Si bien desgraciadamente por un lado -y afortunadamente por el otro- hemos podido traer un plato de comida a nuestra casa por estar en esa esquina, muchas de nosotras no llegamos a una edad promedio que supere los 45 años de vida”, advirtió Cristal Barraza.

De las más de 300 mujeres trans que -según se calcula- trabajan en el mundo de la prostitución en Mar del Plata, solo cinco hasta ahora lograron acceder a esta capacitación, aunque a pedido de las estudiantes ante la Dirección de Adultos Mayores, se prepara un nuevo curso para el mes de septiembre que ya tendría al menos a otras 12 chicas interesadas en participar.

MARCHA LGBT  (8)

Marcha del Orgullo Gay (Foto: archivo/QUÉ Digital)

El trabajo dignifica nuestras vidas, nuestros núcleos familiares y nuestro futuro. En la calles estamos expuestas a cualquier cosa. Lo que pasa es que a muchas siempre le cerraron las puertas de un trabajo formal y entonces descreían de la posibilidad de tener trabajo pero al ver que algunas de nosotras estábamos trabajando, comenzaron a interesarse”, continuó Cristal.

Inmersa en este nuevo mundo de cuidar a adultos mayores y personas con discapacidad, Cristal garantizó que “posibilidad de trabajo hay” y subrayó que “es todo un logro para nosotras y lo queremos extender a todas las compañeras”.

“Estamos felices, tenemos un certificado provisorio por 120 días mientras nos llega el título, que nos habilita para hacer todos los trámites ante Anses, Pami, Ioma. Es un momento de profunda alegría, hoy tengo una mejor calidad de vida y esto demuestra que una esquina no es la única salida para llevar un plato de comida a tu casa”, completó.

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