Cuando trabajar en la Justicia es una condena

La situación edilicia del Departamento Judicial Mar del Plata parece estar sentenciada al deterioro. En los 32 edificios hay problemas de humedad, hacinamiento, grietas, baños clausurados y archivos improvisados.

06/10/2014
Cuando trabajar en la Justicia es una condena
Fotos: Kito Mendes
Gonzalo Gobbi

Autor: Gonzalo Gobbi

redaccion@quedigital.com.ar @gonzalogobbi

La estructura del Departamento Judicial Mar del Plata está distribuida en 32 inmuebles que el Poder Judicial alquila. Todos ellos en la práctica son antifuncionales, ya que claramente sus estructuras no están previstas para la labor judicial y el presupuesto para su mantenimiento resulta por demás insuficiente.

En la mayoría de estos inmuebles hay humedad, grietas en las paredes, el cielo raso está descascarado, los empleados judiciales trabajan hacinados, con poca luz y deben archivar los expedientes en improvisados muebles que obstruyen el paso.

En buena parte de los edificios hay baños clausurados y sin luz, ascensores que dejan de funcionar o que se electrifican regularmente. Los matafuegos en algunos casos están ausentes -igual que la calefacción-, las mesas de entrada se llenan de agua cuando llueve fuerte y los archivos se humedecen. Hay paredes rotas, caños con pérdidas, documentos archivados en cocinas y escaso mobiliario.

En este escenario funciona la Justicia en Mar del Plata. En esas condiciones trabajan unas 1500 personas. En esa realidad deben encontrar una respuesta los ciudadanos. De pronto suena en una radio la noticia de la autarquía y la autonomía presupuestaria. Los trabajadores del Poder Judicial esperan que no sea una promesa más que luego quede archivada. Mientras tanto, la condena.

 

Tribunales. Brown 2046. Las rajaduras en paredes y los baños clausurados parecen ser parte del decorado de la fría estructura del edificio. El secretario general de la Asociación Judicial Bonaerense, Mariano Fernández, acompaña a QUÉ en un recorrido por el inmueble principal que comienza en el sexto piso.

Allí funciona el Juzgado Correccional Nº 2, donde la pared en la que se apoya un viejo mueble con expedientes parece tener a la humedad como empapelado. Junto a la ventana hay una gruesa grieta en la pared externa y otras rajaduras más pequeñas.

En el mismo piso, el baño de hombres tiene dos mingitorios fuera de servicio (tapados con una bolsa de nylon negra), no hay luz, la pared está rota y hay humedad. Del cartel con la figura de un hombre que solía estar en la puerta, solo quedó la silueta.

En el segundo piso el baño también está en estado crítico y similar al anterior. De hecho, está clausurado. En el entrepiso se observa una larga rajadura sobre el mármol que recubre la pared.

 

Brown 2241. Un grueso agujero en el techo que deja entrever el tendido eléctrico recibe a quienes ingresan a este edificio con más juzgados. Los matafuegos no están. “Otra vez no anda el ascensor”, comenta una empleada. En el despacho del juez Amalfi, el baño estaba destruido. “Este lo arreglaron hace poco, pero el de al lado no da para más”, dijo otro de los empleados. El cielo raso está amarillo y descascarado. Los pedazos de pintura caen sobre el lavamanos.

 

Juzgado Civil Nº 14. Corrientes esquina Falucho. La mesa de entrada está debajo de un techo multicolor gracias al violento impacto de la humedad y las lluvias. “Está cada vez peor”, dicen. Pidieron varias veces su arreglo. No hay presupuesto, es la respuesta.

Adentro, en una pequeña oficina con un desnivel de por medio, trabajan entre tres y cuatro personas. Apenas pueden moverse entre los muebles. Del otro lado de esta propiedad, la cocina y el archivo de expedientes son literalmente una misma sala. Los trabajadores del lugar parecen complementarse físicamente con los anaqueles y la documentación.

Las falencias están a la vista. Según el titular de la AJB local, Mariano Fernándeaz, ante el reclamo de cada uno de estos puntos la respuesta es la misma: “No hay presupuesto para hacer obras de envergadura”. Sin embargo, las reparaciones a realizar en algunos casos son mínimas. Pero eso parece que da igual.

De acuerdo con el dirigente de los Judiciales, “lo que ocurre es que el presupuesto que hay es insuficiente para el mantenimiento de los edificios”. Incluso durante el 2013 la AJB denunció que había subejecución de presupuesto respecto de las partidas destinadas para la reparación y conservación de los inmuebles.

 

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Registro Público de Comercio. Gascón y Santa Fe. Es imposible ingresar a este inmueble sin observar la enorme mancha de humedad sobre la pared. “Tenemos miedo de que se caiga un pedazo sobre la gente”, comentan.  Adentro, la historia no mejora. Usan un cajón como balde para contener una gotera que cae cerca del tomacorriente.

El edificio iba a ser un jardín material, pero terminó siendo otro inmueble judicial. En el pasillo hay rajaduras sobre las paredes. Arriba, por una delgada escalera, un antiguo piso de madera sostiene kilos y kilos de documentos archivados. El peligro de derrumbe se hace sentir con solo pasar por allí.

El resto de los expedientes están repartidos entre una cocina sin terminar y unos improvisados modulares. “Permiso”, pide una de las empleadas. Es que dos personas no caben en el angosto pasillo para ir de un sector a otro. La humedad se hace presente en casi todo el edificio. Decir que este espacio es inflamable, sería solo ser optimista. El peligro está a la vista.

 

Fuero Penal Juvenil. Gascón y Corrientes. En esta antigua “casona”, la falta de mantenimiento sobre la madera hizo estragos. Al ingresar, la “sala de espera” de un vacío living tiene los asientos rotos. La escalera cruje de más al usarla.

En el primer piso, una vez más la documentación está descuidada y expuesta a la humedad, igual que las oficinas. “Movimos todo para la del al lado porque mirá lo que es esa mancha”, dicen los empleados. Más que mancha es la pared entera descascarada y mojada.

En buena parte de estos y otros edificios, como los Juzgados Laborales y de Familia, las soluciones que se dan son en realidad paliativos. Lo que está a la vista, además de la humedad, la falta de mantenimiento y el hacinamiento, es la ausencia de un plan integral que evalúe la situación general para a partir de ello llevar a cabo obras de reparación.

 

CIUDAD JUDICIAL, LA VIEJA PROMESA QUE VUELVE A SONAR

Días atrás el ministro de Justicia de la Provincia, Ricardo Casal, informó que a mediados de octubre quedarían listos los pliegos para licitar la añorada, postergada y casi utópica Ciudad Judicial, el edificio que concentraría a los 32 inmuebles que hoy se alquilan y que ahorraría tiempo, lugar y dinero al sistema, y por supuesto a la ciudadanía.

Mariano Fernández opina sobre el tema. Le cuesta creer que esta vez el anuncio se convierta en realidad, pero también se le escapa la palabra “corazonada” y dice que la Ciudad Judicial “está más cerca que otras veces”. Afirma que es su “convicción como militante”.

Para la AJB, el Colegio de Abogados y también el de Magistrados, la Ciudad Judicial “es el objetivo de máxima”.

“Va a depender de la fuerza que tengamos y de la contundencia del reclamo para generar la voluntad política de resolverlo”, sostuvo el titular del gremio.

Su importancia, se desprende del sentido común: en vez de pagar alquileres en tantos edificios desperdigados por toda la ciudad que incluso son antifuncionales hasta para el ciudadano común que no sabe a dónde tiene que ir para tratar su caso, resulta mucho más eficiente centralizar todo, lo que ahorraría lugar, tiempo y dinero.

Mariano Fernández lleva 18 años en el Poder Judicial, sumado a los 2 años y medio de Meritorio. Reconoce que desde el primer día escuchó hablar del proyecto de la Ciudad Judicial. Sin embargo cree -o intenta creer- que “esta vez está más cerca que en otras oportunidades”-

 

AUTONOMÍA PRESUPUESTARIA

“Vemos como un dato positivo que se está hablando de la autarquía del Poder Judicial con la consecuente autonomía presupuestaria”, destacó el secretario de la AJB marplatense en relación al proyecto anunciado días atrás por el gobernador Daniel Scioli en plena campaña presidencial con vistas al 2015.

No obstante, Fernández alertó que lo que falta es “voluntad política” para que ese título (el de la autonomía presupuestaria) “se transforme en fondos suficientes y de ahí que se materialice en edificios que estén en condiciones de seguridad e higiene para la labor judicial”.

 

ASÍ SE TRABAJA, ASÍ SE RESPONDE

Está claro. En las condiciones que trabaja el Poder Judicial de Mar del Plata, resulta difícil darle al ciudadano la respuesta que le exige a la Justicia. Más allá de las leyes, las condiciones edilicias parecen no permitirlo.

El dirigente de la Asociación Judicial Bonaerense analizó este punto por último y fue claro al respecto: “En un poder del Estado donde no se cumple la legislación de seguridad e higiene, ni la legislación laboral hacia el interior del Poder Judicial y no se respeta la ley de asociaciones sindicales respecto de los dirigentes gremiales que reclamamos por estas condiciones edilicias, no sé qué respuestas en términos de Justicia puede esperar el ciudadano común que viene a resolver un conflicto”.

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