El perfil de las adicciones: jóvenes de consumo compulsivo

En diez años, el tipo de pacientes cambió; se pasó de adultos con una historia de uso de sustancias prolongada, a menores con un historial más corto pero más fuerte. Las diferencias entre los centros de internación públicos y los privados.

15/02/2015
El perfil de las adicciones: jóvenes de consumo compulsivo
Tanto en Posada del Inti como en la Comunidad Terapéutica de Chapadmalal el trabajo grupal es central en el tratamiento.

Que las drogas están en las calles, en los boliches, en los barrios y en las plazas, se sabe. Todas las semanas hay un operativo distinto, se secuestran grandes dosis de LSD, marihuana, cocaína y éxtasis.  Y muchas de estas acciones se traducen en números, que dan cuenta de la cantidad de dinero y de mercadería que mueve el narcotráfico en el país.

Sin embargo, poco se habla sobre la adicción a las drogas. Se dice que el consumo masivo produce una situación de dependencia, se vincula el consumo de sustancias a la delincuencia y se habla de los efectos generales ¿Pero qué se hace para cambiar la realidad? ¿Qué puede hacer una persona que quiere salir de algo que, más allá de una conducta errada, es una enfermedad? ¿Por dónde empezar?

En Mar del Plata hay unas 20 instituciones privadas de atención a las adicciones y 2 estatales; una provincial (el CPA ubicado en Buenos Aires 2855) y una municipal (el Semda, ubicado en Jara 1661). Además, desde el gobierno local se comenzó a descentralizar el trabajo, mediante la instalación de 13 centros territoriales ubicados en diferentes barrios de la ciudad.

En cuanto al abordaje de la problemática, no todos los tratamientos implican una internación. Existen diferentes mecanismos de asistencia y, según precisaron los mismos operadores terapéuticos, por lo general la internación se utiliza como recurso extremo.

La sede San Francisco de Asís de Posada del Inti, en el barrio Antártida Argentina, y la Comunidad Terapéutica de Chapadmalal, en el kilómetro 18 de la Ruta 11, son dos centros locales, con capacidad de estadía, entre ambos, para unos 80 pacientes.

Posada del Inti es una institución privada, aunque también recibe pacientes derivados del sistema judicial y de los CPA provinciales. La Comunidad Terapéutica de Chapadmalal es estatal y quienes se internan en su sede provienen del circuito de atención bonaerense.

Las diferencias entre ambos espacios son marcadas, pero la esencia es la misma: entender que la problemática no es individual sino que tiene que ver con una cuestión social, cultural y familiar, y visibilizar el hecho de que el consumo es reflejo de algo mucho más profundo.

“La persona que termina internada vendría a ser como el fusible de un sistema que falla; pero el problema tiene que ver con la instalación y si no vamos al fondo de la cuestión, el fusible se vuelve a quemar”, graficó al respecto José Luis Messina, quien desde hace trece años trabaja en Posada del Inti, en la comunidad de internación de varones, que tiene una capacidad de hasta 60 pacientes.

Según explicó el profesional, casi siempre se trabaja en el lugar con la capacidad colmada y suele haber lista de espera. Eso habla, a las claras, de una fuerte demanda de atención y de consumo en la ciudad. Sin embargo, según entendió, en los últimos 10 años no fue la cantidad de pacientes lo que creció, sino que hubo una modificación notable del perfil de atención.

“Hace 10 años el paciente era distinto. Hoy nos encontramos con chicos de 16 o 17 años, totalmente afectados por una problemática de consumo compulsivo, con poca historia de consumo, pero muy fuerte. Hace 10 años los que más venían eran tipos de 30 años, con 15 de consumo sostenido, pero sin ese deterioro que aparece hoy en estos chicos”, remarcó Messina, en cuanto a la labor cotidiana.

Aunque dijo que la filosofía de la institución no es “poner el acento en el tipo de sustancia que se consume”, en el espacio existen tratamientos particulares para las distintas adicciones, pero eso no es lo principal. “Para nosotros el adicto, más allá de la sustancia, es adicto, porque independientemente de lo que consuma, debajo hay una persona que tiene falencias, necesidades insatisfechas y la clave está ahí”, sostuvo.

Y enseguida reparó en que, por eso, el foco del tratamiento tiene que ver con “la búsqueda de la autonomía, para que las personas que vengan acá encuentren alguna forma de ser felices”. “Suena lindo y naif, pero es eso; las personas que vienen acá son personas infelices que encuentran en la relación con las sustancias, en un primer momento, algo que los saca. El tema es que cuando eso se les va de las manos termina siendo peor el remedio que la enfermedad”, reflexionó.

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La sede San Francisco de Asís de Posada del Inti alberga a casi 50 personas en el barrio Antártida Argentina.

En ese sentido, su compañero Darío Mazza, coordinador de la sede, mencionó que trabajan con una intervención que no solo tiene que ver con abandonar el consumo, sino tambiéncon el aprendizaje de nuevos hábitos, con desaprender otros, con valores; con bajar un mensaje que no sea contradictorio y entender a las familias y comprometerlas a que, si hicieron las cosas mal, puedan aprender a hacerlas bien”.

Consultados respecto a los plazos de los tratamientos, ambos trabajadores coincidieron en que el estimativo es de un año, pero que todo depende de cada caso particular. Lo importante, según afirmaron, es que los pacientes “desde el primer día se vinculen con su realidad y no se queden en una burbuja, de la que van a salir desnudos y sin herramientas”.

“Porque más allá de lo que se haga acá, acá siempre está contenido, tiene pares, un montón de  gente en el mismo camino, operadores las 24 horas del día. No es lo mismo que estar afuera y por eso hay que acortar la brecha entre lo que se vive acá y el afuera”, precisaron y detallaron que, de acuerdo a la evolución de cada individuo, se van incorporando salidas para trabajar, para capacitarse y para ir tomando contacto con la realidad y no generar una dependencia contraproducente.

En cuanto al después, que suele ser uno de los momentos más complejos en el abordaje, tanto Darío como José Luis aclararon que ellos no consideran que se deba hablar de “reinserción”, sino de “integración”. “Para que haya reinserción tiene que haber una desinserción y con eso no estamos de acuerdo. Sí creemos que estas personas están dentro de la sociedad como un elemento físico, pero nada más, y que lo que se busca es que el paciente logre integrarse a la sociedad completamente”, especificaron.

Por su parte, el titular de la institución, Fabián Messina, hizo una lectura un poco más amplia, por fuera del tratamiento, y consideró que de un tiempo a esta parte han cambiado mucho las cosas, pero admitió que todavía falta. “Nosotros, cuando arrancamos, decidimos interponernos entre el modelo tradicional médico y las granjas de recuperación, que son conducidas por expacientes, desde una mirada testimonial. Generamos un tercer modelo que intenta que concluyan estas experiencias y es lo que hacemos”, relató.

Y también fue algo crítico hacia las autoridades, en cuanto a que en los últimos años “no se le ha dado un lugar importante a la problemática en la agenda pública, a pesar de que la atención significa no solo la resolución de un caso particular sino una modificación en las conductas habituales de todo un grupo familiar.

“En una ciudad con altos índices de delito, nosotros damos respuestas porque en Posada del Inti un 70% de los pacientes tiene causas penales. Entonces, si entendemos que de 138 pacientes que tenemos en total se abarca a sus familiares y se extiende la red a unas 700 personas, esta institución está trabajando con un número alto de personas en conflicto,  intentando modificar las conductas y cambiando la realidad”, subrayó Messina, en cuanto al impacto y la necesidad de que el Estado tenga un rol más presente en el tratamiento de las adicciones.

UNA COMUNIDAD SIN PACIENTES Y LA LUCHA DE LOS LOS TRABAJADORES 

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La Comunidad Terapéutica de Chapadmalal reabrió hace pocos días luego de meses sin atención.

La Comunidad Terapéutica de Chapadmalal, en el kilómetro 18 de la Ruta 11, es el centro de internación correspondiente al CPA local. Sin embargo, a pesar de su importancia en el tratamiento, recién volvió a recibir pacientes hace unos pocos días ¿El motivo? El año pasado, cuando egresó la última persona internada, el personal decidió cancelar el ingreso de nuevos pacientes, dada la falta de recursos y las condiciones de trabajo.

Finalmente, tras meses sin atención, los trabajadores lograron que el gobierno provincial les diera la razón en el principal reclamo: que hubiera dos operadores por día en lugar de uno. Es que, los turnos allí funcionan cada 24 horas y luego de trabajar durante años con una sola persona a cargo de los 23 pacientes para los que tiene capacidad el lugar, finalmente lograron duplicar el número.

En ese sentido, Sebastián Wessemberg y Gabriel Zibecchi, uno coordinador del lugar y el otro representante de la Asociación de Trabajadores del Estado (ATE) que nuclea a los empleados, celebraron el hecho de poder volver a trabajar e hicieron un paneo general de la situación en la ciudad.

Al igual que el personal de Posada del Inti, ambos coincidieron en la importancia del abordaje interdisciplinario y de entender que  “la adicción es una parte de un todo y por eso el trabajo tiene que ver con llegar a identificar el porqué del consumo y con poder actuar también sobre las consecuencias que eso genera”.

En este centro se trabaja tanto con hombres como con mujeres y los perfiles de los pacientes varían, aunque los operadores también destacaron la presencia de jóvenes. Hoy en día solo hay dos pacientes internados, justamente por la reciente reapertura. Más allá del tratamiento en sí, los empleados consideraron que “no se puede disociar la labor que se realiza de la situación de los trabajadores”.

“Si nosotros no tenemos recursos, no tenemos gente, no tenemos dinero, la consecuencia directa es que no podemos hacer el trabajo con el paciente”, afirmaron y luego dijeron que, si bien han notado un cambio en la actitud de las autoridades, todavía falta que “se den cuenta de que a la hora de elaborar políticas de acción es necesario tener en cuenta la visión de los mismos operadores”, que son quienes están en contacto directo con la problemática.

En cuanto a las adicciones, Wessemberg admitió que se trata de algo muy complejo, que requiere de una atención muy compleja. Por eso, cuestionó, “a veces parece que la problemática es algo de segunda, que se resuelve fácil; pero estamos hablando de una enfermedad que está atravesada por lo orgánico, por lo psicológico, por lo familiar, por lo cultural y por lo social”.

Y por eso también, reparó, hoy en día fallan los mecanismos de atención, porque si un paciente en crisis necesita un lugar para hacer la desintoxicación no lo puede encontrar. “En el CPA, no hay lugar y lo mandan al HIGA, que está desbordado y en cuyo pabellón psiquiátrico no solo se tratan las adicciones, sino que además hay pacientes en situación de calle, quienes están atravesados por otra problemática que también es una realidad y a la que hay que darle respuesta”, resaltó el trabajador.

En paralelo, aseveró el trabajador, hoy en día la estigmatización sigue estando vigente, porque mismo en el hospital todavía existe esa idea de que “el adicto es adicto porque quiere, por falta de voluntad”. “Para el médico por lo general no es lo mismo tratar a una persona con un grado de intoxicación por sustancias que a alguien que accidentalmente ingirió lavandina, por ejemplo”, graficó, al tiempo que lamentó que aún no se logre entender que la adicción es un problema mayor, que no solo tiene que ver con lo individual sino también con lo social.

“Hoy el acceso a las drogas es impresionante en la ciudad y eso es parte de este problema, no es una cuestión de que el paciente decide consumir porque sí, sino que hay una trama social que a muchos los empuja hacia ese lugar”, apuntó.

 EN PRIMERA PERSONA

* Juan Pablo tiene 31 años y hace dos meses volvió a Posada del Inti. Ya había estado internado un tiempo, había salido y había logrado “estar limpio” 5 años. Sin embargo, una fuerte recaída lo llevó a volver.

“Estuve bien un montón de tiempo, pero bueno estoy acá de nuevo. Es difícil, uno se siente mal, pero acá estamos muy contenidos con gente muy profesional y de mucha calidad humana”, relató, al tiempo que dijo que el tratamiento lo ayudó a entender “un montón de cosas” de su realidad.

Según contó Juan Pablo, el consumo compulsivo de drogas lo hizo perder la relación con su hija durante mucho tiempo, pero gracias al trabajo realizado pudo recuperar el vínculo. “Hoy tenemos una linda relación y eso es lo que me da fuerzas; quiero estar bien para estar con ella”, afirmó.

ADICTOS EN PRIMERA PERSONA

Juan Pablo y Damián contaron su experiencia en el tratamiento en Posada del Inti.

* Damián tiene 24 años y hace nueve meses que está en Posada del Inti. Al igual que Juan Pablo, ya había estado previamente, pero había sido por orden de su mamá, quien le había dicho que si se internaba, le iba “a comprar una moto”. “Era muy pendejo, no entendía nada y vine pero no le di bola. Hoy es otra cosa, hoy tengo tres hijos y quiero estar bien por ellos, quiero estar con ellos y por eso está vez decidí venir yo”, se sinceró.

Actualmente, Damián comenzó a hacer salidas para trabajar, “porque mi mujer se tuvo que ir a la casa de mi suegra, pero no quiero que esté ahí, quiero que pueda volver a alquilar y esté bien con los nenes”, según precisó. Para el joven, el tratamiento es muy importante, ya que hoy en día, después de mucho tiempo, pudo entender que las cosas que le pasaban tenían un motivo y que “la droga es como la frutilla del postre, pero atrás hay un montón de cosas que son las que hay que resolver”.

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