Entrenar para darle pelea a la calle y no tirar la toalla

El Gimnasio Alvarado creció a pasos agigantados desde que Pablo “el Turco” Roura se puso al frente del proyecto con Gabriel y Roberto Villalobo, con resultados en lo deportivo y sobre todo en lo social.

18/08/2018

 | Por Sebastián Alí | Imagen: Lucho Gargiulo

 

En los clubes, y particularmente en un deporte como el boxeo, son más los triunfos que se logran en la coyuntura social que aquellos que implican subirse a un podio, levantar una copa o quedarse con un cinturón. Con énfasis en lo social pero sin descuidar lo deportivo, Pablo Roura junto a Gabriel y Roberto Villalobo impulsan en el Gimnasio Alvarado, en el segundo piso de la sede social, un proyecto que ya ganó títulos y acertó ganchos contra el rival más difícil: la calle.

Los festivales de boxeo que comenzó a organizar Alvarado este año son sólo uno de los tantos logros del trabajo que impulsa desde 2012 Pablo “el Turco” Roura en el club. Pero los orígenes del Turco no tienen que ver directamente con el boxeo: practicó durante 15 años kickboxing y esa fue su puerta de entrada al club.

En diálogo con QUÉ Digital, quien hoy es el coordinador de la actividad, comentó: “Vengo desde chiquito al club, lo conozco de arriba abajo. Yo estuve un tiempo vagueando, como muchos. Empecé kickboxing y me ayudó mucho para cambiar de vida, mis hábitos, a cuidarme y a tener proyectos. Y un día se me ocurrió, hace seis años, empezar a dar clases en el club”.

El primer lugar que tuvo para dar clases fue justamente en el segundo piso, donde hoy está emplazado el gimnasio. Allí estaba el quincho y cada fin de semana Roura tenía que desarmarlo para dejarlo libre, lo que le impedía armar un ring. “Arrancamos con una bolsa que tenía en casa, un par de guantes y el primer día ya eran seis. A partir de ahí se empezó a armar”, agregó.

Antes de quitarle definitivamente el lugar al quincho, el proyecto pasó un tiempo abajo, donde estaba el antiguo buffet “un lugar que estaba hecho pedazos”, pero que él limpió con ayuda de sus alumnos, hinchas y dirigentes: “Estuvimos siete meses laburando ahí hasta que el 13 de junio inauguramos el gimnasio acá. Entre tanto ya había llegado el Siru Acosta, que estuvo ayudando con nosotros y trajo gente que colaboró. Así fue como llegaron los Villalobo y empezaron con boxeo y creció terriblemente por ellos, son dos bestias”.

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 “UN PIBE MÁS ENTRENANDO, UN PIBE MENOS EN LA CALLE” 

Estampado en una de las paredes, es el lema que lee cada pibe que se sube al ring, el modo de vida y una de las principales razones de la existencia del Gimnasio. La historia de Brian Gómez, el primero que peleó de forma amateur representando al club y que después de superar sus problemas espera poder hacerlo profesionalmente, es la que refleja cómo en Alvarado entrenan para ganarle, antes que nadie, a la calle.

“En ese tiempo de formación apareció Brian y nos preguntó si podía entrenar con nosotros y dijo que no podía pagar. Le contestamos que venga igual. Él estaba en la hinchada en esa época, tenía problemas con las drogas y empezó a venir a ayudar con los demás. Empezó a ver que con esfuerzo y ganas se podían lograr cosas”, relató el Turco y agregó una anécdota que lo marcaría para siempre: “Un día que vine a las 6, una hora antes, para empezar a colgar las bolsas y acomodar todo, apareció él. Le pregunté qué hacía acá si la clase era a las 7. Y me dijo que antes que estar en la esquina, prefería estar acá en el gimnasio. Ese fue un empujón bárbaro para nosotros y de ahí salió la frase que pusimos en la pared: “Un pibe más entrenando, un pibe menos en la calle”.

Brian empezó de abajo: “Tenía problemas, pero cuando empezó a entrenar empezó a ver diferente las cosas y a querer cambiar, entendió que podía hacerlo. Él no podía zafar. La situación se daba no sólo con las drogas sino en muchos aspectos del barrio. Nadie elige dónde y cómo vivir. Algunos están lúcidos y pueden elegir cambiar, pero para otros la ‘normalidad’ es vivir en ese ambiente”.

Convencido de querer otra realidad, Brian pudo competir un año ininterrumpidamente en 15 peleas amateurs e incluso empezó a dar clases, pero seguía sin poder salir adelante: “Toda la semana andaba bien, pero llegaba el fin de semana, se tenía que ir a la casa y el volvía a consumir, se veía superado por las situación. Ahí fue cuando me llamó y me pidió ayuda porque sentía que nos estaba defraudando. Entonces hablamos con Fabián Messina, de Posada del Inti, Brian tuvo entrevistas con el personal de ahí y decidieron que había que internarlo”, relató Roura.

Hoy, Brian ya está de vuelta en el Gimnasio tras la internación, tuvo dos peleas, quiere seguir dando clases y entrenar para poder llegar a pelear profesionalmente: “Está en el día a día con los chicos y es un ejemplo para todo el barrio de las Torres de Fonavi y los pibes que ven que no pueden salir”, concluyó.

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 LOS VILLALOBO, DOS AMANTES DEL BOXEO Y DE “SACAR” PROFESIONALES 

Oriundos de Berazategui, Roberto y Gabriel Villalobo se sumaron a la causa social y deportiva de Alvarado después de una vasta experiencia en los gimnasios del Gran Buenos Aires. Padre e hijo comparten la pasión por los guantes, tuvieron su paso por el profesionalismo y ahora, con mucha dedicación, buscan abrirle las puertas a los jóvenes marplatenses al campo rentado, como ya lo hicieron con Nicolás Vargas, Leonel Leiva, Facundo Rojas y Joel Manríquez.

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A sus 70 años, Roberto está en el boxeo desde los 16, época en la que la situación arriba y abajo del ring era distinta: “Me entrenaba en el Luna Park. No teníamos problema de empleo, además de entrenar trabajamos y teníamos nuestra plata aunque no había tantos sponsors. La mente trabajaba de otra forma. No íbamos al gimnasio pensando que afuera teníamos una cuenta para pagar y no nos alcanzaba la plata”.

A pesar de tener más de medio siglo en el boxeo, Roberto vive cada día como si fuera el primero. “Esto es también la sal de la vida. Muchos me dicen que a los 70 años me tendría que dejar de joder. Pero dejo uno o dos meses y ya quiero volver, estar con mi hijo, con los chicos, escuchar sus problemas (que hay muchos y no son los mismos de antes). Uno se siente importante en este contexto”, explicó.

Mientras Roberto va de acá para allá, corrigiendo golpes y posturas, su hijo Gabriel también está pendiente de cada movimiento que hacen los chicos que se entrenan. Él, como Roberto, insiste en que su fuerte está en lo deportivo, en “sacar” profesionales, pero también acompañan a Roura en lo social.

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“Llegamos hace casi 5 años y nos encontramos con un proyecto del Turco Roura, donde había que trabajar en lo social y en lo deportivo. Nosotros siempre nos dedicamos a la competición sobre todo. Así que fuimos combinando las cosas y se hizo lo que es hoy el Gimnasio Alvarado”, comentó.

Apenas llegaron, ambos tuvieron la iniciativa para afiliar al club a la Federación Argentina de Boxeo para “trabajar seriamente”. “Eso te da más prestigio y posibilidades de entrar con los chicos a campeonatos y llevarlos a otro nivel. Tenemos un buen plantel, más allá de los profesionales, hay amateurs que se vienen y otros que recién empiezan. Queremos llevar bien alto la bandera marplatense”, relató.

Por último, Gabriel se refirió a las dificultades que se presentan hoy en día para poder vivir del boxeo: “Hoy no está fácil para hacer una carrera profesional, no sólo en Mar del Plata sino en el país. Ser profesional implica mucho tiempo de dedicación y hoy el deportista tiene que trabajar y después hacer la actividad. Los chicos tienen su trabajo, vienen y se entrenan como un profesional. Algunos van a correr antes de trabajar y después vuelven para entrenar”.

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