“Frutillas”, de la viralización a un libro sobre educación y trabajo

La masiva difusión del relato de Lucía Gorricho, que se viralizó en abril del año pasado, abrió la puerta para un debate más que necesario: el rol del docente, los métodos pedagógicos y la relación entre sociedad y naturaleza.

21/08/2017
“Frutillas”, de la viralización a un libro sobre educación y trabajo
(Foto: QUÉ Digital)

En abril del año pasado, en tiempos de viralización, de inmediatez, de redes sociales y en medio de la vorágine de Internet, la evaluación de Gabriela, una niña oriunda de Bolivia de 14 años –quien pese a no poder responder sobre contenidos de Geografía dio toda una lección sobre trabajo en el campo y explotación laboral en Mar del Plata- trascendía las fronteras de la escuela rural donde asiste en la ciudad y se convertía en el disparador de un debate sobre educación y métodos pedagógicos en Argentina.

Casi un año y medio después, aquel relato -titulado “Dijo que no sabía nada”-  se transformó en “Frutillas”, un libro sobre educación y trabajo que parte de la experiencia aúlica de Lucía Gorricho, docente de Geografía, y se adentra en el mundo de la educación, busca compartir saberes y destaca la importancia del respeto por los alumnos, al tiempo que revela los pormenores de la explotación laboral en el cordón frutihortícola de General Pueyrredon.

- Después de la viralización de la evaluación de Gabriela ¿por qué escribir “Frutillas”?

– Lo importante para mí era mantener un registro, porque lo que pasa es que en las escuelas cuando se aprueba a alguien, las evaluaciones se tiran. Yo me la llevé y la subí por el registro, porque una hoja de carpeta en mi casa se iba a perder. No tengo Facebook así que lo subí al blog, que lo hice cuando estaba haciendo un curso sobre tecnología. Se lo mandé por mail a algunas personas y ahí se empezó a viralizar. Me empezaron a mandar capturas de pantalla con comentarios, muchos ‘Me gusta’, era como algo muy llamativo. Y al otro día me hicieron nota los medios locales y después el diario La Nación, donde explotó todo.

Yo estaba contenta porque eran muchas las palabras de amor hacia mi práctica y hacia la nena. Se empezó a hablar de Paulo Freire, se generó una movida con los educadores, me iba muy contenta. Lo viví bien.  Después vinieron las partes más grises, el tema de la reacción, las críticas o de algunos periodistas que te hacen preguntas que ya saben ellos las respuestas, porque ellos quieren condenarte. Siempre hay de esas personas, pero hay que aprender a convivir.

- Más allá de los medios, ¿cuáles fueron las reacciones de la comunidad educativa?

– Yo fui a la casa de Gabriela, no los encontré porque estaban trabajando. Después me la crucé en la escuela, le llevé el texto y a partir de ahí la historia de “Frutillas” ocupó un lugar muy importante en mi vida y el libro surgió de eso: de querer registrar lo que yo pienso respecto al sistema, porque creo que hay que visibilizar la red de educadores y educadoras populares que hay en todos lados, con muchas ganas de hacer cosas nuevas.

Para mí, el problema no es una escuela en un país, sino el sistema educativo de los Estados modernos que funciona igual en todos los países: escuelas con un docente, grupos numerosos sentados, un pizarrón, guías de pregunta y respuesta y evaluaciones estandarizadas. Es como que se busca estandarizar, es como una serie de fábricas de pensamiento. Por eso creo que hay que humanizar estas instancias, no aceptar que somos una pieza más del sistema: somos personas, yo a los chicos y chicas los pienso como parientes y quiero que se trate a los estudiantes como eso, como personas. Y por otro lado generar instancias alternativas de educación al sistema oficial: que la palabra circule más, que el aprendizaje sea desde el deseo.

 DEL RELATO AL LIBRO, DEL LIBRO AL DEBATE 

- Quien tenga en sus manos un ejemplar de “Frutillas”, ¿con qué se va a encontrar?

– El libro tiene mucho contenido: está dividido en cuatro partes, con dos anexos. Un poco es sobre mi vida y la vida de Gabriela desde la viralización, hablo sobre qué pasa cuando algo común y corriente explota y está en boca de mucha gente; después hay estrategias didácticas sobre educación; un capítulo sobre teoría y práctica, con tres autores que son Paulo Freire, Jacques Rancière e Iván Illic y datos sobre experiencias en educación popular.

El capítulo cuatro es sobre la producción de frutillas en Mar de Plata, hablo de la aplicación de agroquímicos y también sobre el trabajo infantil y la situación de las personas inmigrantes, el tema de la trata de personas: lo que pasa en algunos lugares del cordón es algo que se denomina trata “blanda”, porque los traen de sus países, les ofrecen ciertas cosas y cuando llegan acá la realidad es otra, es un camino sin salida.

- Al abordar el tema de la trata y la explotación laboral e infantil, ¿hubo repercusión en la Justicia o por parte de los dueños del campo en Sierra de los Padres?

- El tema de la producción es fuerte porque la empresa tiene varias denuncias y les hicieron un allanamiento, a partir de una serie de denuncias de La Alameda, hace algunos años. Todo eso se había cajoneado y se reactivó un poco la causa por el tema de esta viralización.

Yo no tuve amenazas, pero sí me persiguieron un poco por la cuestión burocrática dentro en la escuela: tuve que presentar la planificación, los contenidos, defender un poco lo que ella hizo y lo que yo hice, hablar del diagnóstico, de las carpetas. Pero más allá de eso, yo estoy tranquila, hace doce años que estoy en el sistema. Sí me llamaron de la Justicia por el tema de la trata de personas: declaré y conté lo que me pasó, pero no quise dar algunos nombres porque me parecía que no correspondía.

- Como profesional y docente, ¿qué esperás de la publicación de este libro?

– Espero que “Frutillas” sirva para retomar el debate sobre educación y trabajo; considero que no es un libro terminado, es un libro vivo, son mis ideas, mis borradores para seguir pensando y que pase lo mismo en todas las casas. Espero el movimiento desde el libro, el intercambio de saberes: más allá de lo que se habla hoy sobre la educación, hay un problema pedagógico y creo que tenemos que enfocarnos en eso; analizar qué enseñamos, por qué enseñamos ciertas cosas y por qué otras no. Me gustaría que la gente se encuentre con el libro, que le dé otro valor, que la gente lo vaya a buscar.

FRUTILLAS: DÓNDE, CUÁNDO Y CÓMO

Tras atravesar los obstáculos de la autogestión a la hora de editar un libro, “Frutillas” tendrá su presentación oficial el sábado 2 de septiembre a las 15 en el Instituto Marplatense de Música Contemporánea (IMMC), de Chacabuco 3639. Allí, Lucía hablará sobre su experiencia, presentará y firmará los libros y además habrá una degustación de jugos naturales. Quienes quieran conocer más sobre esta experiencia, pueden contactarse con ella a través de la página de Facebook: Frutillas.

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