Por el camino del “Indio”

Martín Almaso, atleta de 69 años, unirá la ciudad de Santa Clara y la Base Naval descalzo como acostumbra a correr, en homenaje a los tripulantes del submarino ARA San Juan. La historia detrás del deportista que entrena todos los días en la Ruta 11.

11/03/2018
Por el camino del “Indio”
(Fotos: QUÉ Digital)
Germán Ronchi

Autor: Germán Ronchi

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La tarea era sencilla. Entrevistar a un atleta que unirá Santa Clara del Mar con la Base Naval, en homenaje a los tripulantes del ARA San Juan. La única particularidad aparente eran sus 69 años de edad y que corre descalzo. El sábado 17 de marzo, Martín Almaso partirá a las 8 desde el arco de entrada de Santa Clara y llegará hasta la Base Naval, donde colocará una plaqueta en recuerdo de los 44 desaparecidos en el submarino hace casi cuatro meses.

QUÉ Digital se juntó con el atleta en pos de difundir esta suerte de abrazo solidario para con los familiares de los tripulantes. Un hombre mayor conocido por todos en la zona, sobre todo por correr descalzo todas las mañanas. No obstante, la conversación tomó una dirección diferente, donde Almaso habló de la historia de su vida. Una vida colmada de golpes, en su mayoría bajos. Tropiezos de los cuales muchos no podrían levantarse. Él se levantó de cada uno, aunque tuvo la suerte que cuando quiso claudicar, la bala no salió del tambor del arma que había posado en su boca.

La intención del “Indio”, como lo llaman, es dar un ejemplo de solidaridad y superación por esto de seguir entrenando a pesar de la edad. Pero sin darse cuenta, al hablar de su vida que roza la tragedia, está dando muestras de fortaleza, de integridad, de coraje, de que se puede seguir. Un ejemplo a imitar.

La cita fue en su casa, en el barrio Atlántida. El golpe de manos hizo salir a un par de perros con gesto amenazante y ladridos. Detrás de dos gritos apareció un hombre de físico entrenado que no aparenta su edad, en musculosa, con la piel pintada y curtida por el sol. Extendió su mano firme, con el entrecejo fruncido: “Pasá, seguime”.

El ingreso fue por una suerte de garaje, transformado en un gimnasio de boxeo, con jóvenes entrenando. Al seguir sus pasos hasta el comedor, lo inevitable, ver sus pies descalzos. Lo que evidencia lo obvio, no es un berretín para llamar la atención esto de correr sin calzado, el tipo vive en “patas”.

“No deseo nada con esto. Es para dar un ejemplo y un homenaje a estos chicos que todavía no los pueden encontrar, y a su familia. Como fui marino, me salió esto y gracias a Valeria (Franceschi) que trabaja en la mesa de entrada de la Municipalidad y al delegado de Santa Clara (Pablo Méndez) puedo llevarlo a cabo. La idea es que se sume gente, corriendo, en bicicleta, en moto o en auto”, contó Martín Almaso.

MARTIN ALMASO SANTA CLARA  (1)

- Fue marino entonces…

– Trabajé como marino en los barcos petroleros de YPF desde 1977 y pertenecíamos al  Ministerio de Marina de Guerra. Hasta que el sinvergüenza de (Carlos) Menem vendió todo y nos quedamos en la calle. Es más, al día de hoy no pudimos cobrar los juicios.

- ¿Después de eso?

– Compré camionetas, hacía fletes y ahora hago pozos negros, corto pasto y con la jubilación voy viviendo. También hago soldaduras, arreglo máquinas, bicicletas.

La razón de su particular forma de correr, abrió el sendero de una conversación distendida, amena, que le permitió sentirse cómodo, relajar el gesto adusto y desandar sus 69 años de una historia colmada de golpes, tropiezos y caídas.

- ¿A qué se debe esto de correr descalzo?

– Me acostumbré desde chico porque en mi casa no teníamos dinero para comprar calzado. Y cuando comencé a correr acá lo hice y llevo 14 años haciéndolo de esta manera. Aparte vivo descalzo como habrás visto. Voy a todos lados así. Se curte el pie, de hecho nunca tuve ni un corte, nada. Te digo más, me pongo zapatillas y me sacan ampollas.

- Ya que retrocedimos en el tiempo, cuentemé de su niñez.

– Nací en General Belgrano (Partido de Buenos Aires) y allá desde muy chico me inicié en el deporte, ya sea natación, boxeo, ciclismo y acá continué con el atletismo. Mi familia, allá en el campo, eran todos herreros. Todos colaboramos para sobrevivir, incluso yo que a los 10 años comencé a trabajar en un reparto de soda.

La conversación pasó a un plano más relajado, más personal, hablando afectos, su madre, General Belgrano. Estaba distendido Martín y contó su primera tragedia. “La familia que me crió a mí fue Raimundo. Con seis meses mi madre biológica se tuvo que ir porque mi viejo la cagaba a palos. Cuando me lo presentaron, me quiso pegar a mí también. Yo era un chico, tenía 11 años, y lo cagué de una patada en la canilla. Era un alcohólico”Y aclaró: “Me llevaron a un internado con mis hermanos cuando mi madre se mandó a mudar y el viejo Almaso desapareció. Ahí aparece en mi vida Aurora Sánchez de Raimundo, mi vieja, la que me crió. Éramos ocho en total en General Belgrano”.

El “Indio” no estaba sólo. A su lado se sentó su esposa, Dolores Arroyo. Ella fue un pilar muy importante en su vida. Y fue “Lola” la encargada de contar su historia juntos. “Yo vivía con mis padres en Villa Devoto. Vendieron la casa, cansados de tanto ruido de los coches y nos mudamos a General Belgrano. Yo trabajaba, pero los fines de semana nos íbamos con mis amigas al balneario de allá, que es hermoso, y ahí Martín trabajaba de guardavidas. Y así nos conocimos”.

- ¿Cómo llegan a Atlántida?

– Después que nos casamos, hace 40 años, ella compró el terreno y nos vinimos.

- ¿Hijos?

– Tuvimos uno, pero falleció a los seis meses porque era sietemesino y mi señora tenía presión alta y bueno, fue una desgracia no tener hijos.

Un silencio de incomodidad se apoderó del ambiente. Martín lo rompió: “El deporte lo llevo en el corazón. Empecé desde muy chico y aún con 69 años sigo enseñando boxeo acá en casa y practicando atletismo”.

MARTIN ALMASO SANTA CLARA  (4)

- ¿Cómo nace la idea de enseñar boxeo?

– Lo del gimnasio comenzó cuando yo tuve un accidente muy grande con un camión y para sacarme adelante, los chicos empezaron a armarme y mi señora también me incitaba a salir de casa, a correr, porque estaba muy mal. Tanto que me puse el arma en la boca, gatillé, pero no salió el tiro.

- ¿Dónde fue el accidente?

– En el Canal 7. Trabajaba para la Municipalidad en el año ´97, manejando un camión. Y el tiempo estaba bravo, con mucho viento y lloviznaba, y venía un auto de frente y me comió. Se me cruzó y se hizo pedazos. Murieron cinco personas, una de ellas una chica que estaba por tener familia en pocos días.

- ¿Usted tuvo alguna secuela?

– No, no tuve ningún golpe. No fue mi culpa. Pero lo llevo en la cabeza y lo cargo en la espalda.

- Es algo que lo persigue aún en su conciencia

– Fue muy triste. Y…la noche es larga y me da vueltas por la cabeza. Antes de hacer una locura, me levanto a las 5 todos los días. Desde aquel momento duermo muy poco.

Dolores interrumpió, como lo hizo en aquel momento de depresión de su marido: “Lo quería mandar al psicólogo y el doctor me decía ‘no hay caso’. Entonces me propuse sacarlo. Yo también corría y le insistí tanto, que un día me acompañó y no paró más”.

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- Martín, ¿cómo es un día suyo?

– Como te decía, me levanto temprano, desayuno, limpio la casa y me voy a correr, dos horas por día, vengo y me pongo a trabajar en las changas que te conté.

- ¿Tiene un plan de entrenamiento, alguien lo ayuda?

– Yo venía con preparación. Siempre hice deportes y con eso fui entrenando. Ahora lo hago con un neumático, palos, como la policía de Brasil.

- El atletismo antes lo mencionó como una de las últimas prácticas…

– Sí, es que así fue. Yo empecé en el 2004 porque hubo una carrera por acá y me insistieron para competir y ahí comenzó mi historia. Participé en muchas competiciones zonales representando al Partido de Mar Chiquita y siempre hice podio y lo voy a seguir haciendo. La primera carrera fue para un día de la primavera y corrí en zapatillas, pero a mitad de camino las tiré a la “mierda” y terminé descalzo. Así seguí y por eso me hice famoso. Al prinicipio, en las competiciones me miraban raro, como si fuera un loco, pero de a poco me fui ganando el respeto de todos. Les gané a los mejores de Necochea y acá a Jorge Palma, también a Carlos Sánchez.

- ¿Que lo motiva a seguir entrenando a los 69 años?

– Me gusta y sigo. El boxeo fue una gran satisfacción y tuve la posibilidad de ser profesional. Hice “veintipico” de peleas, pero me retiré en el ´74 porque me rompieron la “carretilla”. Era medio mediano, la categoría de Carlos Monzón, el más grande. Sigo andando y la vida continúa.

Esta última frase quedó resonando en el ambiente. El camino del “Indio” estuvo plagado de obstáculos, algunos los superó sólo, otros con amigos y otros tantos con el apoyo de su esposa Dolores. La vida sigue y de eso se trata, de seguir adelante como Martín Almaso.

PIES DESCALZOS, SUEÑOS BLANCOS

No hay edad para absolutamente nada si se repasa la vida de Martín Almaso. A los 69 años de edad, en la confianza tras la extensa conversación, el atleta que representa al Partido de Mar Chiquita habló de sus ídolos. Uno, plasmado en su musculosa, Carlos Monzón. Mientras que el otro es Abebe Bikila, quien obtuvo la medalla de oro en la maratón de los Juegos Olímpicos de Roma (1960) descalzo.

En todo el mundo se disputan ese tipo de carreras, pero la maratón de Boston es la más importante del mundo. “No tengo sponsor, de ser así, intentaría cumplir el sueño de competir en Boston. Y lo haría descalzo, en honor a Bikila”.

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