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16/02/2021

200 golpes de jamón serrano: “Es una obra que nos atraviesa a los dos”

Marina Otero y Gustavo Garzón conversaron con Qué digital sobre la obra que este martes y miércoles interpelará al espectador en la Sala Piazzolla del Teatro Auditorium.

200 golpes de jamón serrano: “Es una obra que nos atraviesa a los dos”
(Foto: prensa Teatro Auditorium)

“200 golpes de jamón serrano”, la obra protagonizada por Gustavo Garzón y Marina Otero, regresa a Mar del Plata con dos nuevas funciones en el Teatro Auditorium. “Es una obra que nos atraviesa a los dos”, aseguró la dramaturga en diálogo con Qué digital.

La obra, que obtuvo cinco nominaciones en los premios Estrella de Mar 2021 y ganó en el rubro Drama y/o Comedia Dramática, vuelve este martes y miércoles a las 21:30 en la Sala Astor Piazzolla del Teatro Auditorium. Las entradas a $600 se pueden comprar únicamente a través de Plateanet.

La puesta, que cuenta con dramaturgia y dirección de Marina Otero y las actuaciones de Fede Barale y Lucía Giannoni, narra cómo el propio Gustavo Garzón, un actor famoso acostumbrado a trabajar siempre a cambio de dinero, se acerca a Marina Otero, una bailarina de teatro independiente treinta años más joven, con la ilusión de hacer una obra que lo saque de su aburrimiento.

“Me acerqué a ella por eso, yo quería hacer algo que se acercara a una manera de actuar y de plantarse al espectador. Es una manera diferente, mucho más crudo, más desnudo y más expuesto”, cuenta Gustavo Garzón.

De esta manera, la bailarina acepta dirigirlo, con la secreta esperanza de que el famoso le llene la sala, y el teatro, por fin, le dé de comer. Lo que comienza siendo una obra sobre la vida de Gustavo Garzón termina convirtiéndose en un encuentro imposible entre el teatro y la performance, entre el arte y el dinero. En definitiva, un choque de planetas donde la fricción entre el “on” y el “off” dejará a los dos “out”.

La obra cuenta con asistencia en escena y dirección de Agustina Barzola Würth y Lucía Giannoni, música original de Fede Barale, realización escenográfica a cargo de “Los escuderos”, iluminación de Adrián Grimozzi, adaptación de vestuario Chu Riperto, producción ejecutiva de Marina D`Lucca con textos de Gustavo Garzón y Marina Otero.

“Lo más misterioso de la obra es lo que no te podría develar, el secreto, porque es algo que en la obra se juega con eso”, compartió la actriz y dramaturga Marina Otero sobre el nombre que eligió para este espectáculo que a pesar de la pandemia de coronavirus vino a Mar del Plata para hacer temporada.

La propuesta de Marina Otero inició a partir de encuentros con Gustavo Garzón. “Nos juntábamos durante mucho tiempo a investigar y también yo le hacía entrevistas que después desgravaba. A partir de esos relatos que él fue contando armé la dramaturgia”, explicó.

– ¿Cuál fue el disparador de la obra?

– Comencé a escribir la obra a partir de encuentros nuestros y un trabajo de investigación. Esos encuentros eran ensayos que también tenían nuestra práctica, nuestro encuentro y la obra de alguna manera habla de ese proceso creativo y muy personal también, porque los dos veníamos de mundos muy distintos y nos encontramos desde la rareza de querer hacer una obra. Cada uno desde su propio mundo.

– ¿Cómo surgieron esos encuentros? ¿Quién buscó a quién?

– Él me busco a mí porque vio una de mis primeras obras que se llamaba “Recordar treinta años para vivir 35 minutos” . Vio esa obra que era autobiográfica o se acercaba a eso más allá del tratamiento de ficción que tiene; el biodrama está dentro de ese mundo. Le gustó y me convocó para hacer algo similar. Ahí empezamos a trabajar y lo interesante era nuestro vínculo. En esas dos realidades había algo que sucedía. La obra habla de todo ese proceso.

– ¿Cómo eran tus días antes de que te convocara Garzón?

– Yo daba clases de pilates para subsistir, no tenía un mango y como que de alguna manera me venía bien trabajar con un actor que trabaja más en teatro comercial porque necesitaba sacar plata de algún lado. Y él al revés, tenía plata en ese momento porque le iba bien en las obras comerciales pero nada le llenaba y nada lo atravesaba y quería reencontrarse más espiritualmente con el trabajo teatral. Y yo al revés, estaba atravesada por esa obra que había hecho y las creaciones que estaba haciendo pero no tenía un peso. En ese contraste de búsqueda, de querer algo del otro fue que sucedió la obra. Eso es lo interesante porque nos colocó a los dos en otro lugar.

Él (Gustavo Garzón) buscando eso transitó un montón de transformaciones, de situaciones quizás difíciles que lo transformaron un montón. Y yo buscando lo otro, fueron sucediendo cosas en el medio. A veces la búsqueda lo que termina dando no es el resultado en sí mismo sino algo un poco más grande. Eso es lo que pasó con esta obra que la venimos haciendo hace cuatro años y medio. La seguimos haciendo porque está viva, porque todo el tiempo la estamos reinventando, porque nos atraviesa a los dos.

-¿Cómo es trabajar con Gustavo, con qué te encontraste?

-La verdad que hermoso, es un gran compañero y siempre nos compensamos muy bien. En nuestros contrastes nos entendemos mucho así que solamente puedo agradecer.

– Cuatro años y una pandemia ¿qué desafíos atravesaron?

– Fue muy difícil para todes les artistas, fue una locura lo que vivimos. Gustavo sostuvo sus clases por zoom y yo también. A nivel económico fue difícil pero más o menos la piloteamos con las clases, a nivel espiritual destruyó la práctica. Eso fue lo más fuerte.

– ¿Cómo surgió la idea de venir a Mar del Plata?

-Cuando llegó la oportunidad de venir a hacer temporada a Mar del Plata fue como un milagro y de una felicidad. Para nosotros tiene un sentido muy espiritual. Volver al teatro es casi como volver a la vida.

– Como mujer ¿qué sentís qué es el movimiento feminista?

– Nacer mujer es algo histórico que percibimos de toda la vida y aprendimos a vivir con un montón de situaciones. Hace rato que se viene tratando de hacer un trabajo entre todes para que las cosas empiecen a transformarse; siento que hay que seguir trabajando un montón y hay muchas dificultades donde se ubica el rol femenino, donde nos ubicamos las mujeres también. Pienso que hay que hablar desde el lugar de una, no tanto como queja sino en repensar los lugares que ocupamos, cómo y desde dónde. La mejor forma no es victimizarse, sino plantarse y repensar en conjunto con las personas entre hombres, mujeres personas no binaries pero seguir haciéndonos preguntas. No es cuestión solo de levantar el pañuelo verde sino de hacernos muchas preguntas porque hay machismo dentro de las mujeres. Creo que hay que estar atento a las personas y cuando hay situaciones de injusticia, no quedarse en la sumisión y plantarse, luchar por lo justo y lo muy injusto. Es un poco lo que siento sobre el movimiento feminista que hace años viene moviendo un montón de cosas.

GUSTAVO GARZÓN: 'EN ESTA OBRA NO ESTOY ESCONDIDO DETRÁS DE UN PERSONAJE'

Gustavo Garzón, el reconocido actor de teatro, cine y televisión, con “200 golpes de jamón serrano” se animó a abordar un biodrama, un género en el cual su historia fue necesaria para generar la poética del espectáculo.

En el momento en el que Marina Otero estaba siendo entrevistada, el actor llegó de casualidad al mismo café y conversó previo a las funciones con Qué digital.

Después de ver Recordar treinta años para vivir 35 minutos”, la primera obra de Marina Otero, Garzón quedó fascinado con el biodrama. “Me impactó mucho sobre todo por cómo interpela al espectador haciéndoles sentir que está ante un hecho vivo, real y presente”, confió.

Por otro lado, destacó el rol de su compañera de escena por su “manera de actuar, de decir, de comunicar que es muy frontal, y además lo que es ella como directora, como puestita, la utilización del espacio, la luz y los objetos”.

Algo en ella, en su manera de decir y sus convicciones despertaron en Garzón convocarla para trabajar juntos: “Quería hacer algo que se acercara a esa estética, a esa manera de actuar y de plantarse al espectador. Es una manera diferente, mucho más crudo, más desnudo y más expuesto”.

De esta manera, en torno a la obra, Garzón confesó: “No estoy escondido detrás de un personaje, es a sangre viva, muy directo, no hay posibilidad de escapatoria para el espectador, tiene que involucrarse si o si”. Y ahí, justamente, está el desafío: “Ningún espectador puede ser indiferente a este tipo de propuestas”.

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