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12/09/2015

Catupecu Machu y un viaje de Madera y Microchip

La banda presentó en el Auditorium su show que fusiona lo acústico y “rústico” con sonidos de las nuevas tecnologías. “Es un desafío para nosotros y una renovación para el público”, contó Martín Macabre González.

Catupecu Machu y un viaje de Madera y Microchip
(Fotos: Lucho Gargiulo)

Un viaje. El show Madera Microchip de Catupecu Machu fue un viaje de más de dos horas a ninguna parte al que se subieron todas las personas que colmaron el Teatro Auditorium el viernes a la noche. Disfrutar sentado una banda que nos tiene acostumbrados a saltar sin tocar el suelo.

Madera Microchip no es un acústico, pero sí es un acústico. No es algo netamente electrónico, pero sí es electrónico. El show es lo que tiene que ser, lo que los músicos querían que sea: un viaje.

La marca registrada de Fer Ruíz Díaz son sus gritos y sí que grita durante el show, incluso canta a capela, pero en este Madera Microchip también se luce rasguñando una guitarra acústica. Martín Macabre González es el cerebro que aporta la parte tecnológica, sintetizadores, teclados, los efectos. Sebastián Cáceres golpea el bajo; desde su mundo, golpea el bajo; enajenado, golpea el bajo; alguien le habrá dicho: “vos golpeá el bajo”, y él golpea el bajo. Y el único Catupecu con pelo, Agustín “Búho” Rocino marca el ritmo desde el cajón peruano, batería eléctrica o otros artilugios.

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El show lo pensaron para reinterpretarse y los temas se vuelven más grandes y más pequeños a voluntad de los músicos. Con momentos de improvisación, enganchados, zapadas. Es definitivamente un lado B de Catupecu.

Fueron más de dos horas de shows en los que pasaron por todas las épocas de la banda y tiempo en el que Fer habló mucho con el público, mucho en serio, autoboicoteando por momentos esa idea de viaje musical planeado por él para el público. Como ya es costumbre, el cantante y líder de Catupecu recordó y dedicó la noche a su hermano Gabriel.

En la despedida Ruíz Díaz prometió volver a Mar del Plata, al Auditorium, para final de año o enero, veremos si cumple o si es promesa de año electoral.

MACABRE, CEREBRO EN LOS TECLADOS

Macabre define a  Madera Microchip como una “unión entre instrumentos básicos, rústicos y fundamentales a nuevas técnicas y tecnologías” y como “experimentación del formato, completamente diferente a los otros shows eléctricos de Catupecu, ya que este se da en un teatro con condiciones de sonido que son mejores a los lugares normales y que permite llevar el sonido y a la gente a punto más alto”.

Si bien, las canciones son reinterpretadas en Madera Microchip, para el tecladista de Catupecu “los temas siguen siendo las mismos, más allá de los instrumentos para interpretarlos” y destacó: “Es un desafío para nosotros y una renovación para el público ver a la banda desde otro lugar. Siempre decimos que es como una esquizofrenia musical“.

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-¿Qué les dejó haber revisado toda la carrera para elegir los temas y reinterpretarlos?

-Hay veces que al reinterpretar las canciones terminás entendiendo conceptos musicales que no tenés en claro o estás desarrollando dentro tuyo o interpretativos. Particularmente me puso en una situación vocal mucho más extrema en cuanto a coros. En los shows de Madera Microchip estás muy expuesto a los arreglos. Las imperfecciones se notan mucho más.

-Experimentar es una constante de la banda. 21 años y lo siguen haciendo ¿por qué?

-Siempre buscamos, inconscientemente, salir del lugar de comodidad y buscar maneras nuevas. Siempre buscamos la manera de redefinir y buscar nuevas formas de llegar a lo mismo, que es conmover y transmitir.

-¿Hay alguna preocupación de experimentar tanto de llegar a un punto sin retorno?

-En el momento en que hacemos las canciones no se tiene idea de dónde van a llegar, dónde van a ser editadas. No componemos para mucha o poca gente, es un momento de intimidad, intimidad compartida entre los cuatro. Realmente creo que dentro de la autenticidad en la que tratamos de convivir con la música tratamos que las musas nos lleven a dónde quieran llevarnos.

-Más de una vez la crítica o el público no los entendió o cuestionó. ¿Les importa eso?

-Hemos vivido las embestidas de la industria musical gracias ser de esa manera. Hubo discos en que en sus lanzamientos no eran bien recibidos por nadie y con el tiempo fueron clásicos.Con Cuadros dentro de cuadro (2002), primer disco que yo grababa, Gabriel no estaba en el bajo y habíamos cambiado de baterista, nos dio con un palo todo el mundo y ahora, si no tocamos tres o cuatro canciones de ese disco en cada shows la gente nos lo reclama”.

-¿Cuál es el secreto de experimentar y asumir el riesgo?

-Tratamos a la música como una entidad, con mucho respeto.

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