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15/12/2019

“Historias Lobas”, un libro que se adentra en el corazón del barrio sur

María del Mar Rodríguez presenta su primer trabajo como autora. Con sensibilidad y crudeza, comparte hechos que cambiaron su forma de habitar un barrio alejado y en apariencia tranquilo.

“Historias Lobas”, un libro que se adentra en el corazón del barrio sur
Alina Rodríguez Martín

Autor: Alina Rodríguez Martín

[email protected] @AlinaNahime

A unos 15 minutos del Puerto de Mar del Plata se encuentra ubicado el barrio Playa de Los Lobos. La ruta provincial 11 es el nexo principal que comunica, con otros barrios y las principales localidades del sector, a quienes viven allí. Son muchas las situaciones que se viven a diario, algunas alegres, otras rutinarias y otras dolorosas, de esas que marcan un quiebre importante. En este barrio nació María del Mar Rodríguez, una joven curiosa a quien le gusta contar historias y quien tras sus andares, produjo y le dio vida a su primer libro: “Historias Lobas”.

“Historias Lobas” se presentará este viernes a las 19 en la Sociedad de Fomento Playa de Los Lobos. Vale mencionar que con la venta de los libros, la autora busca ayudar a su madre, que lucha contra un cáncer.

Tres años de trabajo le llevo a María del Mar concretar este libro que fue realizado de forma independiente con la Editorial Hinvisible a cargo de Ricardo Lester. María siempre escribió, tiene mucho tacto a la hora de elegir y disparar con palabras, pero desde que estudió periodismo su afán por hacer entrevistas creció abismalmente.

“Empecé a interesarme más en las historias de las personas”, compartió en diálogo con Qué digital la joven escritora que comenzó con notas cortitas, callejeras, en bares, boliches. “En cualquier situación sacaba el grabador y hacía notas. Todo desde lo espontáneo o en la calle”, sumó.

Después de realizar un viaje de mochilera por América Latina continuó hasta que en medio de la selva ecuatoriana y en plena crisis existencial visualizó mentalmente la calle 9 -una de las principales que se adentra en el barrio- y en ese contexto se dio cuenta que nunca había realizado notas a sus vecinos y vecinas. “Cuando volví del viaje mi objetivo era entrevistar en el barrio; no sabía bien qué ni para qué”, confió la escritora.

Desde ese primer instinto comenzó a registrar charlas, pero sin un rumbo claro. El formato libro llegó al tiempo, pero en esa búsqueda sucedieron tres hechos que la marcaron, tanto a ella como a su familia. “Empecé la primera entrevista en marzo del 2016 y al mes violaron a mi hermana en la parada de colectivos”, explicó la hermana de la sobreviviente de César Rubén Galera, que tras el hecho fue detenido y luego, en 2017, condenado a 22 años de prisión por el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº3.

El violador venía de cumplir una pena de 12 años de prisión por una violación cometida en Miramar y el ataque se produjo en mayo de 2016, luego de que Galera fuera beneficiado con la libertad condicional, ya que había sido condenado previamente a 16 años de prisión.

A partir de ese momento, la mirada romántica que tenía María del Mar sobre Playa de Los Lobos dio un vuelco abrupto. Y comenzó un trabajo de lucha por encontrar justicia, y en ese sanar junto a su hermana conocieron a otras mujeres que las ayudaron a salir adelante, “Las lobas” que busca resignificar el nombre del barrio. “Entonces quedó ahí el aullido nuestro, que es ese lugar del feminismo que nos planteamos en el barrio y a la vez fue como romper esa idea del barrio que se tiene, del silencio, que eso también es bastante fuerte”, subrayó.

UN PROYECTO INDEPENDIENTE Y A FLOR DE PIEL

Después de mucho trabajo, finalmente empezó a aparecer esta idea de libro, aunque sin nada concreto, hasta que el estado de salud de su papá empeoró y falleció en los primeros meses del 2019. “Cuando murió se me dio por revisar lo que escribía. Y encontré un libro que era de hace un par de años que era un proyecto municipal que se había hecho en la sociedad de fomento, de un taller de literatura, en el que después se elegían determinados textos y los ponían en el libro”, destacó.

Y en este sentido, agregó: “Cuando me fijo atrás en el índice estaban los nombres de todos pero se ve que se habían olvidado de poner el nombre de él y escribió: ‘Y yo, página 123′. A mí eso me la re dio porque fue el único momento en el que había logrado que lo nombraran en un libro con su escrito y no le pusieron el nombre en el índice”, soltó la joven a días de la presentación de “Historias Lobas”.

De una manera cruda, ágil, poética y sobre todo a flor de piel, María del Mar se fue haciendo cargo de que ella también es protagonista de estas historias que pasaron y pasan en el barrio Playa de Los Lobos. Tanto lo que sucedió con su hermana como lo que fue atravesando con su papá y su mamá se entrelazan, entre el relato de su rutina que transcurre en diversos lugares ,que son parte del paisaje y emergen en este, el primer libro de la autora.

“Historias Lobas”, una recopilación de historias en Playa de los Lobos (Foto: archivo / Qué digital)

– ¿Cómo surgió el libro?

-Siempre escribí de chica y cuando estudié periodismo me atravesó la forma para escribir. Empecé a direccionarme más en esto e interesarme más en las historias de las personas, es lo que más me interesa y atraviesa. Empecé a hacer entrevistas cortitas, callejeras, en bares, boliches, gente que trabajaba en la calle, artistas, en cualquier situación sacaba el grabador y hacía notas. Todo desde lo espontáneo o en la calle.

Después me fui de viaje de mochilera, hice lo mismo pero de viaje y cuando llegué a Ecuador, estaba en una crisis existencial después de mucho viaje y de moverme mucho. Y empecé a extrañar el barrio; siempre me acuerdo que estaba en una selva de Ecuador, triste y extrañaba la loma de la calle 9. Ahí me di cuenta que nunca había hecho entrevistas en el barrio. No encontraba esos rincones y cuando volví del viaje mi objetivo era entrevistar en el barrio, aunque no sabía bien qué ni para qué.

Siempre se dice que antes de escribir un libro hay que tener una hipótesis y yo salí, puse el grabador en la casa de las doñas y que me cuenten.

DEL PROCESO AL LIBRO, ENTRE ALEGRÍAS, TRISTEZA Y TRANSFORMACIÓN

– ¿Y por quiénes arrancaste? ¿Cómo fue ese proceso hasta llegar a la idea de libro? 

-Empecé la primera entrevista en marzo del 2016 y al mes violaron a mi hermana en la parada de colectivos. Y ahí mi mirada del barrio empezó a cambiar un montón en cuanto a cómo vivíamos el barrio nosotras, porque nacimos ahí. El barrio empezó a ser otro, empezó a ser turbio, oscuro, daba miedo, empecé a desconfiar. Si bien hubo un montón de gente hermosa que se acercó, hubo otras con discursos muy machistas y de mierda.

– Imagino, y hasta ese momento ¿no estaba la idea de hacer un libro?

-No, en ese trayecto seguía haciendo entrevistas en conjunto con mi editor que es Ricardo Lester de Editorial Hinvisible y él como que me iba tirando: “Fijate de encontrar un hilo conductor”. Pero yo no, seguía con que me importaban las historias de las personas y construir desde ahí. Y llego un momento que iba a una casa a hacer una entrevista y era sentarme y que me pregunten por mi hermana.

Todo lo que había leído en cuanto al periodismo narrativo era sobre una periodista que va a otro lado. Que atraviesa un poco la primera persona pero no habla de su territorio y no encontré algo más allá, como desde la ficción. Tenía esa idea en la cabeza, de que si bien la objetividad no existe, la periodista tiene cierto distanciamiento.

– Una idea más alejada..

-Claro pero se me empezó a ir de las manos porque era ir a hacer entrevistas y que me preguntaran cómo estaba mi hermana o que opinaran sobre lo que había pasado con mi hermana. O cuando apagaba el grabador que me contaran cosas que les habían pasado a ellas. Ya era otra la historia, pero yo me seguía haciendo la boluda. Estaba siendo un padecimiento intenso.

Cuando hicimos toda la movida por mi hermana, que hicimos el corte de ruta, empezamos a conocer otra gente del barrio que yo no sabía que existía. Y empezamos a sanar y vincularnos con gente que se había acercado hacía poco y tenía una mirada re crítica, una idea del feminismo.

– ¿Cómo vivían el feminismo antes de la violación?

– Que el feminismo estaba en el centro, las marchas eran en el centro. Hay como muchos barrios en uno y el nuestro era de gente grande aislada o los pibes de mi generación por ejemplo que son albañiles, algunos no terminaron la escuela, algunos no pueden salir del barrio porque no pueden o la mayoría de las mujeres de mi edad desde los 16 o 17 años que están pariendo. Y era ese el barrio y de golpe cuando pasó lo de mi hermana empezaron a aparecer otras personas.

Arte, música y una marcha contra la violencia de género y abuso sexual, en 2016 (Foto: archivo / Qué digital)

– Empezaron a florecer otras historias. Un hecho tan traumático para vos y para tu familia despertó también otras cosas…

-Tal cual, de hecho otra gente que también era del barrio se transformó junto con nosotras y cambió la cabeza, es gente que se mudó hace un par de años. Hay un quiebre en el barrio: hace cinco años que un montón de gente lo descubrió, por el tema del Procrear y de los festivales. Ahora hay mucha gente que quiere venir a vivir al sur. Antes éramos una isla. Y ahora hay gente todo el tiempo buscando alquiler para vivir por allá.

– Ahí el libro empezó como a guiarte y mostrarte por dónde tenía que ir…

– Claro, igual esa ficha me terminó de caer este año. Me hice la boluda mucho tiempo. Lo que pasó fue que cuando empezamos a sanar lo de mi hermana, mi papá se empieza a ir. Él hacía mucho que estaba enfermo, tenía un padecimiento mental y en ese trayecto de año y medio se empezó a enfermar mucho más y no salía prácticamente de mi casa; también él siempre vivió en el barrio. Entonces de nuevo era ir a hacer una entrevista, que me preguntaran ¿cómo está tu papá?. Otra vez aparecía esto de: “Mari sos parte del barrio, hacete cargo”.

– Y una vez que contaste con todo el material ¿qué hiciste?

– A principios de este año tenía todas las entrevistas, tenía todos los registros de los festivales y de las movidas. Es algo re terapéutico lo que terminó siendo. Como yo me venía haciendo tanto la boluda y no sabía bien qué estaba buscando, lo que hacía era desgrabar las cuatro horas enteras de una entrevista, por ejemplo. Se lo digo a cualquier periodista y me saca cagando, porque hay que ir a buscar lo que querés; pero yo no sabía qué estaba buscando. Achiqué esas entrevistas, las junté y le di al editor un choclo para que leyera. Esto fue en marzo, mi papá se estaba muriendo, mi mamá estaba atravesando un cáncer y el contexto social no estaba ayudando mucho.

– Tu cabeza estaba en otra y la energía ni hablar…

– Sí, pero me quería sacar de encima el libro, ya no lo quería. Le dije al editor que ese era el libro y que lo había terminado. El chabón lo miró, lo corrigió y me habló una semana después y me dijo que ese no era el libro, que era un copie y pegue de entrevistas: “Acá no me estás diciendo nada”. Él es muy sincero y por eso lo banco. “Lo que pasó con tu hermana fue un quiebre muy fuerte y acá solo hay una nota de una vecina que cuenta algo. Sería muy interesante ver cómo lo abordas vos, o no lo abordés si no podés”, me dijo.

– Pero tenía que ser una decisión…

– Algo que no me estaba sucediendo. Agarré el choclo ese y me animé a reformarlo y a contar lo de mi hermana. En ese proceso, en mayo mi papá se muere. De nuevo el barrio, otra vez no tan romántico: un barrio que está lejos, un barrio que está a una hora para llamar una ambulancia que no venía, un barrio que es un pueblo y un tipo con un padecimiento mental ahí, que no sale, que está escondido.

– ¿Cómo fue que integraste en el libro a tu papá?

– En el trayecto cuando él se murió encontré algo que había escrito. Antes escribía mucho, de hecho me contagió la escritura. Cuando murió se me dio por revisar lo que escribía. Y encontré un libro que era de hace un par de años que era un proyecto municipal que se había hecho en la sociedad de fomento. Un chabón iba y daba un taller de literatura al grupo que iba del barrio, después elegía determinados textos. Mi viejo siempre busco por todos lados editoriales para que le publicaran y nunca nadie le dio bola; imaginate en los ‘90 un tipo desocupado que escribía. Escribía a máquina e iba con su carpetita a todos lados, intentó un montón y nunca nada. Se había jubilado joven porque había tenido un accidente y después apareció el padecimiento mental.

– ¿Qué te pasó cuando encontraste ese libro?

– En ese momento pensé que había llegado a publicar algo; abrí el libro, me encontré con un poema chiquito de él y otros textos más largos de personas del taller. Cuando me fijo atrás en el índice estaban los nombres de todos pero se ve que se habían olvidado de poner el nombre de él y escribió: “Y yo, página 123”. A mí eso me la re dio porque fue el único momento en el que había logrado que lo nombraran en un libro con su escrito y no le pusieron el nombre en el índice; y a mí no me parece casual que a un tipo desempleado, que empezó a tener sus crisis más pesadas en los ’90 con falta de laburo y todo no lo nombren. Ahí escribí un texto de descarga porque me dio mucha bronca y lo atravesé con cómo se fue enfermando en los ’90 y todo el trayecto hasta que falleció después de cuatro años de macrismo. Todo desde la crisis política en su cuerpo, siempre lo sentí así. Todo el padecimiento del país lo veía en el.

A modo de venganza poética puse ese texto en el libro y un poema que él le había escrito al barrio y ahí me quedó el segundo intento de libro.

– ¿Ese intento fue el que quedó?

– No, me dijo el editor que no me terminaba de hacer cargo. Me hizo observaciones y me dijo que no terminaba de entender lo de mi hermana, ni lo de mi papá, que le parecía que eran cosas muy fuertes que tenían que estar en el libro pero que no me terminaba de animar. “Está en tu decisión que te termines de animar o no”, me dijo. Me recordó que era parte del barrio, no alguien que iba de afuera.

– ¿Y la tercera fue la vencida?

– Sí, ahora es lo que está siendo ahora, me senté y escribí el momento en el que yo me estaba levantando a la mañana y entró mi hermana llorando a decirme que la habían violado, y lo escribí. Cuando empecé a escribir como habitante del barrio tenía un montón para escribir y contar. Escribí sobre la sociedad de fomento a la que mi papá iba y donde atendía en la biblioteca, escribí sobre cuando fueron desde la radio La Azotea y clavaron la consola ahí para escuchar lo que había pasado con mi hermana. Al cambiarme esa visión, empecé a soltarme.

La sociedad de fomento del barrio, sede de la presentación del libro (Foto: archivo / Qué digital)

“LAS LOBAS” DEL SUR Y LA IMPORTANCIA DE RESIGNIFICARSE

– ¿Cómo surgió el nombre?

-Una de las primeras entrevistas que había hecho era a Susa, una de las mujeres que vive al fondo del barrio, una de las compañeras militantes a quien no conocía mucho. Cuando pasó lo de mi hermana se me acercó en plan de amistad y de acompañar. “Yo quiero presentarte a las chicas (son las que viven en la zona de la laguna)”, me dijo. Y a partir de ahí empezamos a juntarnos periódicamente con ellas, que son más grandes, nos hicieron un gran acompañamiento y nos empezamos a llamar “Las lobas” para resignificar el nombre de Playa de los Lobos; no Playa de las Lobas. Entonces quedó ahí el aullido nuestro, que es ese lugar del feminismo que nos planteamos en el barrio y a la vez fue como romper esa idea del barrio que se tiene, del silencio, que eso también es bastante fuerte.

– Por lo alejado y también tan cerca de la costa

– Sí, también se tiene esa idea de que es un barrio re tranquilo, que no pasa nada y pasa de todo. Lo de mi hermana fue un caso pero hay muchos más. Hay muchas chicas que no quieren exponerse y hacerlo saber.

– Imagino que volver a esa parada no debe ser fácil y sin embargo hay que seguir…

– Sí y es re flashero, hay dos paradas de colectivo para venir al centro, tres pero una queda más lejos. Y a partir de esto se armó un grupo de Whatsapp que se llama “Aventon” y en el que la gente que tiene auto avisa o si alguien necesita, pregunta. Como esa parada tiene salida directa desde la calle 9, los autos salen de ahí y hay más chances de que alguien te levante. A partir de eso, se terminó haciendo una parada más segura porque sale gente todo el tiempo y desde lo que pasó siempre alguien frena. Hay mucho cuidado de un tiempo a esta parte, eso está re bueno. La gente del country quizás se sigue haciendo la boluda; del country no escribí mucho es un universo interesante para otro libro.

– ¿De qué trata el libro?

– Es un popurrí de voces y entrevistas del barrio, historias. Escribo sobre los festivales también, las movidas, la lluvia en la ruta, esas cosas chiquitas pero que son re del cotidiano que te hacen. También sobre un montón de cosas que tenía naturalizadas y eran para contar. Tomarse el bondi en una ruta y si lo perdés, cagaste hasta que venga otro. Lo empecé a mirar desde afuera y a preguntarme para contar. Mirar mi cotidiano y hacerme preguntas. Empecé a pensar mis prácticas, que eran muy propias de vivir en el barrio.

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