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27/06/2021

La transición de Lucila Manso: “Mi militancia tiene que ver con mostrar que existimos”

La titiritera abrió las puertas de su taller, compartió su intimidad, su presente como mujer trans en medio de la pandemia y sus proyectos.

La transición de Lucila Manso: “Mi militancia tiene que ver con mostrar que existimos”
(Fotos: Qué digital)
Alina Rodríguez Martín

Autor: Alina Rodríguez Martín

[email protected] @AlinaNahime

Marzo del 2020, el avance de la pandemia y las medidas sanitarias hicieron que la mayoría de las personas se metieran para adentro, no solo de sus casas sino que la introspección fue tal que dio la posibilidad de permitirse ser. Lucila Manso tiene 43 años y en agosto del año pasado decidió adelantar la primavera y escribir una carta para compartir la decisión que había tomado. A partir de ese momento de franqueza con su padre, madre y amistades, dejó atrás a Lucas y asumió vivir como siempre deseó.

Después de diez meses, la titiritera y realizadora escenoplástica abrió las puertas de su taller y compartió su transición con Qué digital. “Justamente un poco ayudó la pandemia, para algunas personas como para mí fue positivo porque me hizo meterme para adentro y darnos el tiempo que a veces no le damos a pensarnos: qué somos o qué queremos ser”, sostuvo Lucila Manso.

La titiritera, junto a Sol Lavítola, lleva adelante la compañía Marionetas Ánima donde funciona un taller en el que se formaron alrededor de 100 personas, y además llevan a cabo realizaciones por encargo y animaciones. Su espectáculo “Sueños de arrabal” ya subió a diferentes escenarios de la ciudad y por la pandemia participaron en festivales internacionales de manera virtual. En diciembre del 2020, Lucila por primera vez manipuló una de sus marionetas como parte del ciclo del Municipio en plazas y espacios al aire libre.

A su vez, hace tiempo que Lucila es parte del colectivo Hazmereír. Ante la imposiblidad de viajar a festivales internacionales para hacer funciones, el equipo de artistas decidió realizar encuentros virtuales para abordar cuestiones de género y realizaron talleres de sensibilización con la Dirección de Políticas de Género del Municipio y la Asociación Mundo Igualitario (AMI). “Hubo casos cercanos a nuestro grupo que nos unieron para ver qué estaba pasando con los tratos del lado masculino al femenino. Muchas chicas y chicos del grupo empezaban a hablar y contar cosas que nunca habían contado que tenían que ver con abusos de distintos grados”, relató Lucila.

Al empezar a compartir la intimidad de sus compañeras y compañeros, Lucila empezó a escuchar y esto la impulsó. “Quería empezar a contar lo que me había pasado a mí respecto a abusos y comencé a recordar cosas que había olvidado y dejé atrás en el tiempo”, describió la artista que como forma de catarsis agarró la computadora y escribió una carta que tituló “Con mucho amor, toda mi verdad”. 

Lucila tiene 43 años y una infancia y adolescencia sin una sociedad que entendiera u acompañara las cuestiones de género y diversidad. En cinco carillas la artista describe: “Lo que soy, lo que no soy, lo que creen que soy, lo que quise ser, lo que quiero ser”. Así, el texto que desarrolla su historia desde que nació como Lucas a su presente como Lucila la ayudó a comunicar su decisión.   

“Tengo el recuerdo de a los seis, siete años tener atracción hacia lo femenino; primero fueron sensaciones corporales y después atracciones. Nunca me sentí una persona hiper masculina”, describió. A sus 13 años con el afán de encajar en la sociedad establecida ocultó sus verdaderos sentimientos.

Previo a la aprobación de la Ley de Cupo Laboral Travesti Trans y en vísperas de celebrarse el Día Internacional de la Diversidad Sexual, Lucila Manso a través de sus ojos irradia otra luz, está segura y no duda en compartir su alegría. “Mi militancia tiene que ver con mostrar que acá estamos, que existimos, sentimos y eso es lo importante”, subrayó.

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– ¿La pandemia influyó en tomar la decisión?

– Justamente un poco ayudó la pandemia, mucha gente dice que tuvo su lado negativo y su lado positivo; para algunas personas como para mí fue positivo porque me hizo meterme para adentro y darnos el tiempo que a veces no le damos a pensarnos: qué somos o qué queremos ser.

– ¿Desde dónde nació la represión a lo que te pasaba?

– Era típico ver en la televisión que un personaje que hacía de gay era motivo de burla y yo pensaba cómo voy a decir esto si está mal. Por la sociedad se formó Lucas pero en realidad yo me tendría que haber formado como realmente sentía.

– ¿Qué recordás de la adolescencia?

– Nunca me sentí 100% masculino. Me pasaba que no encajaba con los juegos de varones, siempre estaba detrás del todo viendo lo que hacían los chicos. Como mis padres estaban separados, me crié con mi mamá y mis hermanas, jugaba mucho a las muñecas. Para mí era normal y me gustaba pero era algo que yo no podía aceptar y no le daba mucha importancia porque no tenía información.

– Un Lucas más introvertido, digamos. ¿Y que pasó cuando comenzaste a hacer teatro?

– De repente me liberé un poco. Me empecé a meter más en el ambiente, conocí a personas gays. Ahí me empecé como animar a meterme en ese círculo y tuve mi primera experiencia. Me rotulé como bisexual porque también salía con chicas.

– ¿Cómo fue ese despertar de tu otro lado?

– Me acepté como masculino, bisexual.

– ¿Qué te reprimía además de los mandatos sociales?

– Al ser el único hijo varón sentía la obligación de formar una familia para que continuara el apellido. Tuve varias novias, pocos novios y varias relaciones del momento.

– ¿Te casaste?

– Sí, me casé con una marionetista, nos hicimos amigos acá en Mar del Plata. La conocí en enero y en mayo ya me había mudado con ella a Buenos Aires. Nos enamoramos. Fueron dos años de convivencia y tres de casados. Ahí deje todo y aposté por la familia ¿Cuánto lo podía sostener? Empezamos a tener problemas, su energía era muy masculina y yo todo lo contrario. Cuando nos separamos me volví a Mar del Plata y se me aflojó el cuerpo. Ahora somos re amigas pero pasaron unos seis años hasta que nos volvimos a hablar. Pero no me arrepiento, esa relación me sirvió para crecer como persona.

– ¿Qué pasó en tu regreso a Mar del Plata?

– Cuando iniciaba relaciones con una chica le explicaba lo que me gustaba y si no lo compartía la relación se terminaba, todavía estaba la mochila de formar una familia pero me dejaban.

-Claro, desde la Ley de Identidad de Género y la ampliación de derechos se conocen otras realidades…

– Uno de mis primos por parte de mi papá nació mujer pero es trans, se me empezó a acercar porque no teníamos mucho vínculo. Se acercó como mujer y en un momento me cuenta que empezó a transicionar, ahora es Elian, y compartí todo desde que empezó a tomar las hormonas. Ahora también es parte del taller y se involucró con el mundo de las marionetas.

– ¿Ver su proceso te ayudó?

-Si él pudo, ¿por qué yo no? Busqué información y vi que se podía, que hay gente que transiciona a los 52 años. Un día se lo compartí a Elian y me explicó la diversidad de géneros. Ahí entendí que soy una mujer trans. Encontré la palabra para identificarme y fue muy importante para entender.

Si viví la mitad de mi vida siendo de otra forma ¿por qué no puedo vivir la otra mitad viviendo como siento desde que tengo uso de razón? Ahí me hizo ese clic. Empezó la revolución más profunda de mi ser.

– ¿Cómo se lo comunicaste al equipo de Hazmereír?

– Tardé varios días en escribir la carta y tuve varias señales. Una mañana saqué al perro para que fuera a hacer sus necesidades y cuando miré para abajo me encontré con un diez de oro, busqué en Google el significado y lo primero que decía recuerdo que era: “Este hombre ya hizo todo lo que tenía que hacer, es momento de que descanse para darle lugar a…”. Había muchas señales para que me decidiera. Cuando terminé la carta le dije a mis amigues de Hazmereír de encontrarnos en persona porque no era como para una reunión virtual. Primero me junté solo con las chicas del grupo, les expliqué que tenía algo que contarles, le pedí ayuda a mi compañera de trabajo y amiga Sol. Las recibí como Lucas, prepare un té y les dije que otra persona les tenía que leer la carta y se las leí como Lucila. Terminamos todas emocionadas, llorando; fue súper lindo. A los dos días hice lo mismo pero con los chicos del grupo, ellos hicieron más preguntas. El hombre se pregunta por qué, cómo. Después fue el momento de mi papá y mi mamá, fue todo la misma semana.

– El arte también es un ámbito que tiene otra sensibilidad ¿cómo fue decírselo a tu papá y mamá?

– No les leí la carta, los junté y traté de ser lo más sincera posible. Estaba muy nerviosa porque mi papá es muy sensible. Medio que se la venían venir, no la transición. Mi mamá lo percibió toda su vida y mi papá creo que también. No solo lo aceptaron sino que me re acompañan los dos. Es sorprendente porque la mayoría la pasó muy mal con sus padres. Algunos se fueron de provincia, del país y yo como soy muy familiera tenía miedo. Estoy muy agradecida.

– ¿Qué pasó después de expresarlo?

– Al día siguiente ya no me podía poner ropa de Lucas, no me podía poner ni sus zapatillas, entonces llamé a mi amiga Sol, me fuí a su casa con lo más neutro que encontré, me cambié y salimos. Tenía que enfrentar a la sociedad.

– ¿Y cómo fue esa primera salida?

– El barbijo me ayudó y me ayuda mucho. Para mí hoy es mi protección del covid y de este proceso. Fuimos hasta la costa, me compré unas botitas, al otro día me vine de mi casa al taller caminando. Desde ahí es día a día.

– ¿Te llevó mucho tiempo el trámite de DNI?

– Fui al Registro Nacional de las Personas y estábamos en una fase que no se hacían ese tipo de trámites. Ya era Lucila pero cuando me iba a hacer estudios, análisis por controles, me llamaban Lucas y era una situación muy incómoda la de dar explicaciones. Agustina Ponce nos dio un taller de género a los Hazmereír, me pasó el contacto de Claudia Vega, abogada de AMI y entré justo. Esperé unos dos meses, me llamaron para la rectificación de la partida de nacimiento y después recién ahí fui a hacerme el DNI. Entre una cosa y otra esperé varios meses.

– En paralelo ¿empezaste el proceso de hormonización?

– Sí, como soy monotributista me lo cubre la obra social pero arranqué en el Centro de Salud N°1, con Nicolás Zanier. Llevo cuatro meses y medio, re poquito. Me explicó que las hormonas hacen cambios que son reversibles y otros son irreversibles. Redistribuyen las grasas del cuerpo, hay cambios en la piel, crecen las caderas y crecen las glándulas mamarias. También inicié la depilación definitiva. Lo primero que me dijeron fue trabajar la ansiedad y que los cambios son de a poco, (el proceso) lleva mucho tiempo, recién estoy pensando en hacerme los implantes. En los primeros meses de la transición también tuve el acompañamiento de una chica que está haciendo su tesis en la Universidad. Una cosa es contarle a amigos y a padres pero hablar con una persona neutra me hizo muy bien.

Estoy feliz, volví a nacer el 11 de agosto. Es como trascender en esta misma realidad y lo voy a tomar como una fecha de segundo cumpleaños. A partir de ahí empecé a sonreír más.

– ¿Por qué creés que es importante visibilizar?

– Cuando yo empecé con esta transición y le leí la carta a mis amigues lo primero que les dije fue que lo compartieran porque seguramente hay Lucilas que no pueden salir adelante y la pasan mal, están viviendo una vida que no quieren vivir. Mi militancia tiene que ver con mostrar que acá estamos, que existimos, sentimos y eso es lo importante. Todavía me cuesta mucho el lenguaje inclusivo pero lo trato de aplicar, cuesta mucho más a las personas de mi edad.

Estamos como en una etapa a nivel mundial final de un quiebre, creo que en un momento no va a tener que ser necesario hacer notas por ser trans. Tiene que ser algo normal, vamos por ese camino. Tenemos que apuntar a que haya más educación.

-En pos de salir de los parámetros heteronormativos…
– Sí y que esté en todos lados, en las escuelas, en las instituciones, que llegue a los lugares que tiene que llegar. Hay que trabajar también con gente adulta, al igual que con las infancias. Hay gente que sufre y otra que pone trabas. Los chicos ahora vienen más libres, tienen otro chip.

EL ARTE DE LOS DESAFÍOS

Lucila Manso es titiritera y marionetista pero como realizadora escenográfica asegura que le apasionan los desafíos. Ante el avance de la pandemia y con el proceso de tomar la decisión y comenzar a transicionar, afirmó que pudo abocarse a sumar herramientas que le permitieran continuar dando sus talleres de forma virtual. “Como realizadora escenoplástica me gustan los trabajos difíciles por eso me gusta que la gente venga al taller porque tenemos las herramientas”, señaló.

“Ahora estoy con clases personalizadas, trabajo pedidos por encargo. No me puedo quejar. Siempre fui simple, nunca me desesperé por el dinero. Prefiero ganar poco pero hacer lo que amo”, reflexionó.

En este sentido, destacó la conformación de EPA un colectivo de titiriteros y marionetistas de la ciudad. “Hicimos charlas, tuvimos contratos con el Municipio, nos pusimos bastantes firmes para que cumplan”, indicó. A su vez, ella forma parte del Observatorio Cultural y de Alternativa Cultural Marplatense para ayudar a artistas en emergencia.

“También hicimos funciones para festivales de manera virtual, en Colombia y Brasil grabamos y mandamos el material y tenemos un festival de Salta, Tucumán y Buenos Aires”, compartió.

Por último, destacó que la presencia de una persona trans en un espectáculo enriquece, aunque no se hable del tema. “Ya la presencia propone”, cerró.

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