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29/01/2020

Risa o muerte, el lema de Pablo Vasco porque “el sentido del humor es sinónimo de inteligencia”

El comediante marplatense, que se presenta cada jueves en el Teatro Auditorium con su show de stand up, habla sobre humor, límites, muerte y de Mar del Plata como fuente de inspiración inagotable.

Risa o muerte, el lema de Pablo Vasco porque “el sentido del humor es sinónimo de inteligencia”
(Fotos: Qué digital)

| Por Lucho Gargiulo

Pablo Vasco sale del estreno de “Risa o Muerte”, camina por la rambla, tiene colgado uno de esos bolsos para llevar un traje, lleva guantes de boxeo y un pie de micrófono que no cierra del todo, porque se lo prestó a alguien que lo apretó mucho y así quedó. Camina entre el olor a meo de la rambla, está cansado. Aunque muchos no lo crean, hacer reír es un trabajo. Y él hizo reír por más de una hora a un público tan cosmopolita, como esa rambla con olor a pis. El cansancio se nota, pero sobre todo él tiene una gran pregunta: ¿me habrán dejado algo de comer en casa?

Es la 1 de la madrugada. Vasco sale de La Bodega del Teatro Auditorium. Ya sobre la vereda, le llega un mensaje: sí, hay una milanesa en la heladera esperándolo. La cara se le ilumina, el show pasó y lo mejor está por venir. En medio de muchas personas que pasan por la zona, un hombre se acerca y con él, el aliento a escabio. Pero no es solo eso. También hay sangre en su remera. Balbucea, se tambalea, pero no Pablo, el borracho. Cuenta que le quisieron robar y se levanta la remera exhibiendo un puntazo en el medio del pecho. Hay sangre. Hay sangre en la remera, en las manos y una herida abierta que muestra un borracho. La cara de Vasco se transforma, el borracho se baja la remera, dice algo inentendible y cruza la avenida.

Hay mucho turismo, es un jueves de calor y el famoso “Tren de la alegría” está lleno. Están Peppa Pig, Spider-Man, Paw Patrol y alguno más. Sí, está Woody el vaquero de Toy Story. El apuñalado esquiva autos, Vasco sigue sorprendido por lo que vio y trata de entender. En eso el borracho empieza a discutir con Spider-Man. El “Tren de la alegría” quiere salir y no puede. Las cosas se ponen confusas, Spider-Man se sube y en eso entra Woody en acción.

Woody no dice “hay una serpiente en mi bota”, quiere correr al hombre que recibió un puntazo. Discusión de por medio, hay empujones. Vasco pestañea como para que los ojos se lubriquen y para poder confirmar lo que estaba viendo. Sí, es un apuñalado con la remera llena de sangre peleando con Woody en plena temporada en Mar del Plata, solo falta Buzz Lightyear.  No es parte del show, pero quizás lo sea. No es gracioso, hay sangre, pero la risa es inevitable, es Woody mano a mano con un borracho apuñalado.

¿Qué es lo que hace que algo sea gracioso? ¿De qué nos reímos? ¿Se puede reír de todo? ¿Y de la muerte? Todos le tenemos miedo a la muerte, pensamos en ella todos los días. Nos pasa por al lado, le toca a otro, pero siempre está y por poco que hablamos de eso, inevitablemente todos y todas nos vamos a morir. Es así, sabemos poco al respecto, pero es lo que hay. No queda otra. Entonces, ¿qué hacemos? ¿reír o llorar?.

Un poco de eso habla con Qué digital el comediante Pablo Vasco, que esta temporada se presenta con su show “Risa o Muerte” -nominado a los Estrella de Mar 2020– en La Bodega del Teatro Auditorium todos los jueves a las 23. Un lema hecho show, un show que busca la risa para despistar a la muerte. Una muerte de la que poco sabemos, pero que tarde o temprano nos va alcanzar.

– Risa: ¿por qué esa necesidad de hacer reír?

– No sé por qué, es lo que me sale. Me di cuenta después que tenía facilidad. Me di cuenta empezando a estudiar el tema, a leer y a poner todo en perspectiva, que es como un mecanismo de autodefensa también. Vengo de una familia en la que el sentido del humor era como una característica de las principales. Sinceramente, recuerdo pocos momentos así de mala onda en casa, en familia, incluso pasando momentos complicados.

Es como una enseñanza que quedó y entonces yo empecé a hacer radio y me era mucho más fácil ser un conductor de radio descontracturado que un tipo en serio. Estudiaba periodismo deportivo y los profesores me decían: ‘No, con el payaso ese no vas a llegar a ningún lado’. Querían que diera la formación de Almagro Florida serio y me aburría. Entonces vos te vas dando cuenta con qué tenés una facilidad. Yo estuve a diez materias de ser arquitecto. Hice seis años de facultad, me faltaban diez materias y largué todo y me puse a estudiar periodismo.

Después hablando con mis excompañeros que son todos arquitectos me decían: ‘Vos eras el que hacía chistes’. Y el otro día estaba viendo videos de cuando hacía como entrevistas en joda y era una cosa que tenía sin siquiera tener en mente que iba a hacer humor. Hacía humor todo el tiempo, entonces me parece que finalmente me di cuenta que lo tenía y después lo empecé a explotar instintivamente. Después te das cuenta que hay un montón de cosas que están escritas y que se pueden estudiar y se aprenden.

– Muerte: hace rato que venís planteando esto de la risa como lo opuesto al miedo y si de miedo hablamos lo primero que aparece es la muerte. Te tocó vivir dos muertes difíciles: la de tu vieja y la de un amigo. ¿La risa te rescató?

– Hay como una serie de cosas encadenadas. El año pasado sufrí la muerte de mi vieja y a finales del año anterior (2018) se muere Rodrigo Sabio, que era como un hermano para mí y creo que fue quien también me alentó a reírme de cualquier cosa. Él cuando se dio cuenta de que yo tenía como una facilidad para el humor, laburábamos juntos en radio y le recontra servía también, me empezó como a educar. Venía y me decía: ‘Tomá, mirá esto, esto es Monty Python, mirá todo, mirá lo que hacen, mirá tal película’. Me insufló un amor por la comedia terrible. Cuando muere el padre de Rodrigo, nosotros vamos al velorio con el grupo que hacíamos Barrilete, con Esteban (Salinas), Javier (Polich) y Nacho (Sacchi) y estuvimos todo el tiempo haciendo chistes en el velorio, porque sabíamos que era una manera de ayudarlo a él. A tal punto que nos miraban mal en un momento. Y eso me quedó, esa idea. Cuando tuve la posibilidad, en una charla TEDx elegí ese tema.

– ¿Ese es el velorio del que hablás en la charla TEDx?

– Ese es el velorio del que hablo y después me di cuenta leyendo, preparando la charla, que había como mucha teoría sobre la risa como mecanismo de defensa. Hay algo muy loco en esa charla que es que estuvo armada durante cuatro meses, la fui armando. Yo no soy muy disciplinado, cada vez que iba me decían: ‘¿No tenés nada no?’. Después volvían: ‘¿No tenés nada, no?’. Pero yo les decía que confiaran en mí y hay tres o cuatro chistes que en la charla se me ocurren en el momento y los voy haciendo ahí.

Hay uno que me salió en ese momento, en el que tengo que explicar cuál es la mecánica de un velorio en esta cultura, y les digo: ‘¿Fueron últimamente a un velorio?’. ¿No? Bueno, paciencia, ya van a ir a uno’. Yo era una de las personas que amaba borrarse de los velorios. Incluso me trajo problemas familiares: ‘¿Cómo no vas a ir al velorio de tu abuela?’. La verdad es que le tengo mucho miedo a eso, por eso hago chistes.

Y me encontré haciendo como una especie de guardia por un problema de salud de Rodrigo, durante seis meses, yendo a verlo, que se moría, que no, que se moría, que no; codeándome en el Interzonal, codeándote con la muerte dando vueltas. Es un lugar donde no hay buena vibra, nadie va al Interzonal a pasarla bien. Muerte todo el tiempo: ‘Se murió; no, revivió; tuvo un paro; no’. Era todo el tiempo amague, amague. Cuando finalmente Rodrigo se muere, nos juntamos los que estábamos ahí y es muy loco porque se lo llevan a la morgue y nosotros estuvimos una hora haciendo chistes entre nosotros en el patio del Interzonal. Al punto que nos corrimos un poco, porque nos reíamos y había un montón de gente sufriendo ahí. Incluso una vez casi no sacan, nos echan de terapia a Nacho y a mí. (Rodrigo) estaba todo entubado y le empezamos hacer chistes y él se reía, y cuando vos actuás y ves que la gente se ríe es como droga, querés que se sigan riendo. Y en ese momento yo decía: ‘Lo estamos haciendo reír’. Y le seguíamos metiendo fichas y nos olvidábamos de que estábamos en terapia y que había personas con medio cuerpo destrozado. Estuvimos una hora haciendo chistes y después nos cayó la ficha y la pasamos horrible.

– ¿Y con tu vieja?

– Con el tema de mi vieja fue como una cosa de dos años, de internaciones en un lugar tan bonito como el Hospital Español. Entonces estás todo el tiempo con eso de que es muy feo decir: ‘Voy a internar a mi vieja en un lugar donde todo el mundo está diciendo saquen a la gente de ahí’, pero estás obligado a meterla ahí. Situaciones raras. Bueno, finalmente muere mi vieja. Obviamente que el dolor es absolutamente gigante, pero ya del mismo momento en que salís buscar casa velatoria, hay una serie de cosas que están como normales, que yo no la veía normal. El tipo que te recibe y después te dice ‘lo lamento mucho’, te abraza y yo digo: ‘Se puso contento’. Me vio entrar y se puso contento como el kiosquero cuando entro a cargar la SUBE.

Hay un montón de cosas que yo empecé como a anotarme mentalmente. Estoy medio como en un estado de comedia todo el tiempo. Antes tenía una libretita, ahora más o menos me acuerdo. Todo el tema de la cremación es horrible, pero en un momento y, creo que lo escribí, estaba muy boleado y yo tenía un show. Creo que mi mamá muere un martes y tenía un show el viernes. Cuando muere mamá le digo a Valeria (su pareja): ‘Avisale al bar que no voy hacer el show‘. El miércoles Valeria me dice: ‘No lo avisé, porque me parece que te va a servir hacer el show’. Le digo que no lo voy hacer y al final terminé haciendolo. Ahí fue la primera vez que puse “Risa o Muerte” porque o me quedaba tirado en mi cama llorando o me ponía a hacer un show.

Pero en un momento me sorprendí a la salida del crematorio municipal haciendo chistes a unos parientes de Balcarce que habían venido con cosas de los colectivos El Rápido que yo usaba en el show. Y me vi hablando y gesticulando y tenía como un público de cuatro personas mientras entraba gente con urnas llorando y ahí dije: ‘Yo nací para esto’. Si pudiera borrar todo y quedarme haciendo esto solo, sería re feliz.

Entonces, el show tiene ese título porque me parece que más que describir un show es como una norma, es como un eslogan que tengo ahí y que lo quiero dejar siempre. Por eso en el flyer hay como una muerte que tiene un micrófono abrazándome, es como un visión medio gris que está ahí todo el tiempo. No hay chiste más grande que una persona se muera. O sea, está con vos hablando y al otro día no está más. La vas a buscar y no está. No, tiene que estar, y no está, no está. Y vos no sabés qué pasa. Alguno creerá que está en un lugar mejor, otro piensa que se terminó. Y estás con eso todo el tiempo. Entonces si no me río, me escondo abajo del escritorio y me quedo hasta que se me pase.

– ¿Es un poder la risa, el poder hacer reír?

– El hacer reír sí. El sentido del humor es un sinónimo de inteligencia. Trato de esquivar a la gente que no tiene sentido del humor. A veces la tenés que tratar, porque la tenés que tratar. Pero para mí un punto a favor es si una persona tiene sentido del humor. No tiene que tener mi mismo sentido del humor, nos podemos reír de distintas cosas, pero tiene que tener la capacidad de poder descomprimir una situación con un chiste. Esto no quiere decir que soy un estúpido que estoy todo el tiempo contando chistes. Soy bastante amargo. ‘La verdad pensé que eras más gracioso’, me dicen y pienso: ‘No, me estoy comiendo una pizza, estoy cansado, también tengo problemas’.

Hacer reír es muy inmediato. Yo digo ‘hola, qué tal, dos más dos cuatro’ y si no se ríen ya está, fallé. Voy por otro y no se ríen, bueno, fallé de nuevo. Tengo una hora por delante para hacer el show y no puedo dejar de hablar y me tengo que acomodar. El stand up es muy libre y tiene una respuesta inmediata, que es lo que más me gusta, más que la radio claramente.

La radio tiene una respuesta inmediata, pero no tan inmediata como la gente ahí. Si está la gente durmiéndose, si se te durmió un chabón no hay manera de dibujarla. Cuando recién arrancás, le echás la culpa a la gente, después ya te das cuenta que sos vos. Entonces sí, es un poder absoluto. Por eso ahora está todo muy en boga de qué me tengo que reír. ¿Hay límites?.

Para mí se puede hacer humor con cualquier cosa. De hecho yo hago humor con cualquier cosa, que después lo use en mi show, es distinto. Pasa una tragedia y a mí se me ocurre un chiste, ya se me ocurrió y si se me ocurrió el chiste, está. Si yo me lo guardo el chiste, mi cerebro ya lo hizo. Se puede hacer, lo que pasa es que hay que ver de qué te estás riendo en el tema. Hay como una cosa de que no sé puede hacer chistes sobre desaparecidos y es como no se puede hablar del tema. Yo puedo hacer chistes.

Yo si me puedo reír de algo, tal vez le esté sacando gravedad.

– El tema es sobre quién te estás riendo, si sobre los desaparecidos o los milicos

– Exactamente. Entonces no es que se puede hacer chistes sobre… se confunde el chiste con la burla y ahí es el error. Con cualquiera de las desgracias que han pasado de hecho se hacen chistes. En las redes ves chistes todo el tiempo y algunos son buenísimos. En el caso del incendio de Torres y Liva yo tenía el flyer del show anterior que era “Tranquilos, no pasa nada” con un incendio de fondo y alguien se tomó el laburo armar otro con una foto de ese día y me dice: ‘Este es tu nuevo flyer’. ¿Y de qué te estás riendo ahí? No te estás riendo de la gente que se está quedando sin casa.

Hoy estuve hablando con uno de los chicos de Improvisa2 y tienen un espectáculo en el que tienen un sketch de rugbiers discriminadores y se preguntan: ‘¿Qué hacemos ahora? ¿lo hacemos, no lo hacemos? La gente va a pensar que lo hicimos por esto’. Si vos atacás el problema de fondo, tu chiste no va a pasar de moda. Yo puedo hacer chistes de corderos cayéndose de helicóptero y en tres meses se vence el chiste. Pero si hago humor sobre millonarios que hacen lo que se le pinta, ese no pasa de moda y está involucrado ese chiste. Creo que va por ese lado. Yo si me puedo reír de algo, tal vez le esté sacando gravedad. También por eso hago muchos chistes sobre cosas que me dan miedo. Hago muchos chistes sobre la policía, yo le tengo terror a la policía, terror y bronca. Me dicen, ‘¿qué tenés en contra de la policía’ y qué se yo, todo, claramente. Entonces hago chistes, porque si no me tengo que quedar en mi casa. Y con la muerte pasa lo mismo.

– Es una forma de transitar. Lo que pasó a la salida del show con un chabón con un puntazo todo lleno de sangre, peleando con Woody

– En el show yo hago referencia al “Tren de la alegría” y digo: ‘Ese lugar medio turbio’. Lo que vimos nosotros es superior. Lo mostró como si fuera un tatuaje. Nos miramos y nos dijimos: ‘¿Es un puntazo?’. Yo nunca había visto un puntazo en mi vida. Y después se puso a discutir con Woody y Woody frenó el tren y nunca se sacó la cabeza del muñeco. Es una locura, si yo lo cuento me dicen: ‘¡Eh, qué zarpado!‘. Pero no loco, lo vi ahí. Es muy tumbera esa zona, está terrible. Cuando salgo los jueves a la una de la mañana tengo mucho miedo. Y me salieron un montón de chistes por eso.

Pero bueno, lo que nos pasó, que esté Woddy y que en ningún momento se saque la cabeza para pelearse con un chabón… Nosotros estábamos viendo pelear a un tipo apuñalado con Woody y Woddy movía las manitos y el Hombre Araña miraba de arriba y el tren frenó para ver si se agarraban o no y había gente arriba y pibes, y vos decís: ‘¡Sacá a los pibes de ahí!’.

Con la comedia lo que pasa es que vos empezás a mirar y decís sí, sí, sí, está acá, está acá. Y un minuto antes de subirme a escena lo puedo meter, no tengo un texto. Si este jueves llueve a morir tengo que hacer referencia a que llueve y está todo inundado. Hay un 70% más o menos del show que yo sé por dónde voy a ir y después un 30% que no, es a lo que pinte. Yo tengo material que no uso y que ahora tengo la cancha como para hacer un par de preguntas. El stand up es acá y ahora. Vas a ver que todos hacen lo mismo. Ahora en La Bodega vas a tener mucho turista, entonces son típicas preguntas para romper el hielo, un poco. No estoy preguntándole a todo el mundo de dónde es, pero siempre salta algo y yo tengo material de Mar del Plata todo el año. Tengo material que a mí me gusta mucho hacer, que tiene que ver con Mar del Plata, pero voy a Tandil y no me sirve.

– ¿Mar del Plata es una fuente inagotable de chistes?

– Sí absolutamente, total. Calculo que tengo hora y media, dos horas de cosas de Mar del Plata que me gusta hacer en invierno. Me gusta que ahí me doy cuenta que marco diferencia. Creo que tiene que ver con un background de periodismo, que me permite diferenciar qué es lo urgente, qué lo importante. Alguno te dice: ‘Eh, pero entonces no te gusta tu ciudad’. No, yo la amo, yo no me quiero ir de acá, pero por eso no puedo dejar de obviar que tenés a Woody peleándose con un tipo que tiene un puntazo en el pecho. Esto pasa acá, en Mar del Plata. No puedo obviar que le vas a preguntar a un policía dónde queda tal cosa y el policía vino de Tucumán hace 30 segundos y el chabón te dice: ‘No sé’. Es como muy raro todo, adoro la ciudad, me parece hermosa, me quiero morir acá, pero es muy loco. Esa cosa de querer ser cómo… ¿por qué no somos como somos acá? En Europa ponen candados en los puentes y vamos nosotros y hacemos lo mismo. La ciudad es inagotable, real, es una ciudad que mira muy por encima de las posibilidades que tiene y que ha crecido mucho más rápido de lo que creció la dirigencia. Los funcionarios no perciben lo grande que es Mar del Plata y los problemas que tiene. Hay gente que no conoce la playa, parecería que es playa y nada más, y no.

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