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28/01/2018

“Para escribir necesito historias de traición, secretos y mucha sangre”

Florencia Canale presentó “La hora del destierro”, la parte final de su trilogía sobre la vida de Rosas. Afianzó su estilo propio en la novela histórica y sigue develando la influencia de las mujeres sobre los hombres que la Historia hizo grandes.

“Para escribir necesito historias de traición, secretos y mucha sangre”
(Fotos: QUÉ Digital)

Sin sangre, sin pasión, sin venganza, sin traición y sin infidelidad no hay historia que valga la pena escribir. Así lo entiende la escritora Florencia Canale, que acaba de publicar el cierre de su trilogía sobre Juan Manuel de Rosas. “La hora del destierro” llevó a la autora a meterse esta vez en la piel de Manuelita, la hija del tirano, desde donde cuenta los últimos años de Rosas tras haber sido expulsado de Buenos Aires.

Las mujeres de Rosas. Primero su madre, luego su esposa y finalmente su hija. Sin ellas, cuenta Canale en esta entrevista con QUÉ Digital tras presentar el libro dentro del ciclo Verano Planeta en Mar del Plata, solo habría sido un hombre rico y no demasiado más. La influencia, el poder, el hombre que se volvió mito, adquiere su determinación en la historia a partir de las mujeres que lo rodearon en su oscura intimidad.

Con esta nueva novela histórica, la periodista y escritora nacida en Mar del Plata demuestra que “con naturalidad” selló su propio estilo literario, mérito difícil -a veces imposible- para un autor.

Una nueva y rigurosa investigación histórica, una conducta metódica para sentarse a escribir; la permanente búsqueda del movimiento y la palabra exacta; y la libertad de construir los sentimientos que le dan voz y protagonismo a las fragilidades de los hombres que durante décadas los manuales de historia presentaron como próceres sin dualidades.

“La hora del destierro: los últimos días de Juan Manuel de Rosas” tiene todo esto y más. Florencia Canale alcanzó un período de madurez en su escritura que la posiciona no solo como una de las autoras con más libros vendidos, sino como una genuina portavoz de un pasado histórico, épico, de exilios, destierros, guerras y pasiones prohibidas donde la historia se ficciona cada vez con mayor confianza en su narrativa.

-¿Manuelita era nuestra “princesa pampeana”?

-La verdad que sí, así me gusta definirla, me resulta un personaje fascinante de la historia. Y me puse realmente en la piel de Manuelita. Contar la muerte del padre no resultaba nada fácil. Fue un libro difícil de escribir, me resultó una novela bastante melancólica, pero era eso lo que yo quería hacer: contar la muerte de Juan Manuel de Rosas y meterme en la vida de Manuelita, Ser la hija de Rosas no debe haber sido nada fácil. Ella hizo lo que pudo para armarse de una vida.

-Cuando el año pasado te entreviste por “Lujuria y Poder” contabas que no lo habías sufrido tanto porque faltaba el tercer libro de esta trilogía ¿cómo viviste ahora el final?

-Lo sufrí muchísimo. Fue fue triste porque se termina, porque se muere el protagonista. Y estar acompañada por Rosas y sus mujeres por casi cuatro años ya es casi como mi familia. Ahora me tengo que sacar a todos ellos de al lado. Pero desde “Pasión y traición”, que fue la primera, ahí terminé con un vacío infernal porque no sabía que venía. Pero después aprendí que en cierto momento de la escritura hay que tener adelante y bastante cerca quién será el próximo. Ahora necesitaba terminar de una vez, no quería más estar en la vida de Rosas.

-Hay una relación muy proteccionista entre Rosas y su hija que se sostiene hasta el final. Casi incestuosa en algún tiempo según los rumores, pero de extremo cuidado e incluso mutua dependencia.

-Es que así era la relación de Rosas y Manuelita. Rosas no quiso nunca que su hija se casara y tuviera una vida por fuera de él y en algún momento ella tuvo que romper con su padre para lograr una vida propia y eso trajo consecuencias. Pero tantas ganas tenía de casarse que acepta las condiciones de su padre con mucha tristeza. Se reciente la relación pero después vuelve a su eje, aunque Rosas se lo recriminó toda la vida.

FLORENCIA CANALE (3)

-En la historia oficial los hombres son héroes y las mujeres generalmente débiles. En tus novelas exponés la fragilidad de hombres poderosos y la fuerza de las mujeres

-Lo que ha sido hasta ahora lo convencional, el paradigma empieza a cambiar con los renovados feminismos pero así era. Por supuesto que había mujeres más sometidas, pero otras no lo eran tanto, aunque eran menos. Seguramente libraban sus batallas de las mujeres que podían. Remedios de Escalada libró la suya desde cierto sometimiento y aguante. Y Manuelita logra sobreponerse a esa figura tan autoritaria como ese padre. Había hombres muy fuertes, pero también mujeres fuertes en el siglo XIX.

-Rosas termina sin un peso…

-Lo hubiera abrazado tanto a Juan Manuel…. le debe haber costado una inmensidad tener que pedir plata. Lo había tenido todo él. Pero quedarse y sentirse solo, traicionado por Buenos Aires y por su gente y que no tuviera otra alternativa que pedir que le mandaran dinero para comer le debe haber costado muchísimo. Me da ternura que un hombre que lo tuvo todo se quede sin nada y que la siga peleando, porque nunca bajó los brazos. Pero por otro lado sin querer dar lástima. Muestra su costado más débil, que en algún punto es lo que yo reivindico en la actualidad del género masculino, esa capacidad de poder mostrar las debilidades y sus costados más vulnerables sin culpa; eso los hace interesantes a los hombres.

-Rosas, como muchos de los hombres sobre los que has escrito, parecen estar determinados por sus mujeres

-Muchísimo. En el caso de Rosas por su madre, su mujer y su hija. Sin ellas hubiera sido simplemente Juan Manuel Ortíz de Rosas, un hombre rico, un estanciero importante y nada más. Él estaba muy sometido. Ellas, sobre todo su madre y su mujer, contribuyeron a la construcción del mito y a que su figura fuera inmensa. Su mujer fue su asesora, cómplica y todo. Y después Manuelita ocupando ese lugar que deja vacante Encarnación al morir y que despierta todo tipo de susceptibilidades e inquietudes, por si había o no incesto o qué pasaba. Él colaboraba bastante para generar ese resquemor.

-En los primeros libros el lector te descubría más atada a la rigurosidad de la historia y con el tiempo siento que te fuiste liberando para tomarte ciertas licencias y contar desde la ficción las sensaciones y sentimientos de los personajes, que aunque sean incomprobables por la historia, hacen a la esencia de la novela romántica. ¿Es así?

-Me siento más libre y amparada por la Historia. Yo estoy totalmente cuidada y la historia me permite escribir así. Estoy muy segura y lo disfruto. La investigación sigue siendo muy rigurosa pero cada novela es un viaje a momentos del pasado y lo público y lo privado está todo entramado. Nado en aguas calmas en este género y pienso seguir así.

-Creaste tu estilo y eso es muy difícil, ¿cómo se logra?

-Sí, entiendo que sí. No fue algo programado o buscado al detalle. Empecé a soltarme y me gustó. Y también desde el lenguaje. No me gusta traspolar modernidad a una historia del pasado, cuido todo lo que puedo. No está escrito en castellano antiguo porque sería un plomazo imposible de digerir, pero está muy cuidado. Manuelita era una gran escritora de cartas y entonces la misma correspondencia termina de constituir a los personajes. Rápidamente uno encuentra la voz y es más fácil ir por ese camino. La voz te da su puño y letra.

FLORENCIA CANALE (4)

-¿Los lectores de novela histórica quieren ir al pasado para escapar del presente?

-Totalmente, quieren irse del presente hostil, encontrar en el pasado una forma de entender nuestra historia, meterse en ella. Me parece que quiere encontrar su propio ADN en nuestras historias del pasado. Y sobre todo encontrar el costado más humano de estos hombres y estas mujeres

-¿Qué se viene después de Rosas?

-Se vienen las mujeres de Urquiza. Se ve que fue un hombre que tuvo mucho amor para dar parece. Ya escribí el prólogo y los dos primeros capítulos y ya el prólogo tiene una intensidad tremenda.

-¿Lo estás escribiendo desde Urquiza o desde una de sus tantas mujeres?

-Desde las mujeres. Yo las historias que encuentro atractivas para escribir cuando son tumultosas, cuando son como la lava de un volcán.

-¿Qué no te puede faltar en una historia?

-Si son aguas quietas no tengo mucho para escribir. Yo necesito gente con muchas contradicciones, mucha pasión, mucha turbulencia, mucha vehemencia. Cuando terminé de escribir “Pasión y traición”, algunas lectoras me pidieron que escriba la vida de Merceditas. Pero investigando Merceditas se fue con su padre, se casó con un señor, tuvo dos hijas y lo máximo que le pasó fue tener cólera…. no pasó nada ¿Qué voy a contar? ¿Qué fue una mujer feliz? Felicitaciones, pero no me sirve. Yo acá con Manuelita tengo exilio, dolor, venganza, traición, infidelidad, clandestinidad, secretos…

-¿Esos son tus ingredientes clave para una novela?

-Y la intriga. Si no hay intriga no hay trama, no hay nada. Y no lo puedo inventar. Yo necesito gente que se caiga y se levante todo el tiempo, que esté repleta de lastimaduras, de heridas, de decisiones, equivocaciones, pedidos de perdón y… mucha sangre. Estoy todo el tiempo suspendida en el tiempo pensando y encontrando historias. Y no me quedo tranquila hasta que no encuentro ese acto o esa acción que me hace cerrar el rompecabezas. Y si hay una pollera de por medio, un problema de parejas, yo me vuelvo loca y esa es la historia que necesito.

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