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07/03/2015

Tenembaum: “CFK es un personaje de ficción fantástico”

El periodista pasó por la ciudad para presentar su novela “Una mujer única”. “Cuando se hace ficción sobre el poder político con una mirada crítica en cualquier etapa hay ticks con los que uno se puede reír”, cuenta el escritor.

Tenembaum: “CFK es un personaje de ficción fantástico”
(Fotos: QUÉ Digital)

Ernesto Tenembaum se alejó, pero no tanto, de su rol como periodista y ficcionó esta época del kirchnerismo en el poder en la novela Una mujer única, que sin utilizar nombres ni apellidos hace aparecer en las páginas a las principales figuras de la escena política del país.

Una mujer única es un thriller que sucede, principalmente, en la Casa Rosada, en días en que la presidenta, esa Cristina Fernández de Kirchner de ficción, se debe ausentar de sus funciones por haber sido operada por algún problema que tiene en la cabeza y que nadie sabe bien qué es.

En ese contexto, todo: una relación de amor, peleas por el poder, una muerte, peleas por el poder, el escape, peleas por el poder, la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), peleas por el poder y, además, peleas por el poder.

“La estructura de la novela es la idea de una pareja que en medio del poder se enamora y se da cuenta que todo lo que los rodea ya no tiene significado para ellos y quieren huir, pero del poder no se baja nadie”, explica Ernesto Tenembaum, que pasó por la ciudad para presentar el libro y darle fin al ciclo Verano Planeta.

-¿Quién es el personaje del kirchnerismo que más te llama la atención para la ficción?

-Cristina. Ella es un personaje de ficción fantástico, riquísimo. Los discursos de ella son increíbles, ella vestida negro hablando de Kirchner envuelta en lágrimas. Resulta inverosímil que diga: “Si me pasa algo miren al norte”. Y no pasa nada con eso y días después dice: “No tengo dudas, pero no tengo pruebas”. Y tiene tanta tensión interna que sabe que lo que le conviene es dar el pésame, pero no puede porque está con una bronca bárbara.  Y su nostalgia con el marido y su crítica a lo que hacía el marido, porque cuando le preguntan algunas medidas dice: “Yo no estuve, yo no fui”. O su relación con el hijo en público o cuando cuenta intimidades, como cuando dijo: “Me encanta el arroz, pero me constipa un poco”. O el chiste de Aníbal (Fernández) con el bonete o cuando lo llama a Axel Kiciloff y le dice: “Vení, chiquito, vení”. Está todo el tiempo a flor de piel.

-¿Cómo ves a Cristina para que te parezca de ficción?

-Hay momentos en que es una mujer bellísima y otros que parece la bruja cachavacha. Hay momentos que es muy seductora y otros que es muy grosera. Hay momentos que habla como concheta y otros que es popular. Hay momentos que es tremendamente cruel y otros que es frágil. Pero siempre es dramática. Y no baja, es como el conejito de Energizer que no para. Ella no para nunca. Es un personaje bárbaro.

-¿Ese dramatismo también lo lleva a su uso de las redes sociales?

-Me la imagino cuando se vaya del poder twitteando enojada por lo que hacen los otros. No sé si da tanto. La última carta de Cristina discutiendo la cantidad de asistentes a la marcha, poniendo tapas de La Nación y otros diarios y uno piensa “¿A quién le importa cuánta gente exacta fue?”. Ella es un personaje en carne viva.

-¿Por qué una ficción para escribir sobre la época kirchnerista?

-Ya hice lo de contar lo que pasó de manera periodística. No es que elegí hacerlo ficción, pero desde hace años que quería hacerlo. Aprendí mucho de política  leyendo ficción política, leyendo a Carlos Fuentes, a Graham Greene, a Vargas Llosa, a Philipe Roth.

-¿Cómo es hacer ficción del poder político?

-Cuando se hace ficción sobre el poder con una mirada crítica, en cualquier etapa hay ticks con los que uno se puede reír. Este libro cuenta eso que tiene el kirchnerismo de “hago un monumento, bajo un monumento, hago un salón de esto y lo otro” y la mística esa de que si uno está adentro se debe sentir muy fuerte, pero uno de afuera ve a esos chicos en la Casa Rosada haciendo pogo y se dice: “¿Qué carajo pasa, de qué me perdí?”.TELENBAUN 02

-Con todo lo ocurrido este último mes y medio en torno a la muerte del fiscal Alberto Nisman ¿sentís que la realidad Argentina supera la ficción?

-El libro, de cierta manera, tiene elementos premonitorios. Un problema que tuve al escribirlo fue que como es un thriller de una pareja que escapa, me venía bárbaro que se muera un tipo. Entonces yo mato a un tipo de un tiro en la sien. Me genera mucho conflicto, porque servía para la trama, pero sentía que no era justo con este período histórico, porque no había muertos en el poder. Y cuando estoy afuera del país y me entero de la muerte de Nisman con un tiro en la sien me remite directamente a un tema que fue central en la escritura de la novela.

-¿La ficción sobre el poder político también se adelanta a la realidad?

– Cuando uno escribe ficción escribe con una libertad y con una intuición de lo que vas percibiendo y te permite jugar con eso con lo que cuando hacés periodismo tradicional no podés.

SOBRE EL KIRCHNERISMO

-¿Qué tipo de oposición te parece que le molesta más al kirchnerismo: una oposición periodística y política o una oposición desde la ficción?

-El kirchnerismo más duro tiene un problema con sí mismo. Es gente que se pone muy nerviosa muy fácil. Un fiscal hace una denuncia contra la Presidenta, es información, es importante, pero eso es un proceso larguísimo. Menemistas con problemas contra la justicia hubo más de 100. Macri está procesado, pero no se lo escucha decir “esta justicia golpista”.

-El kirchnerismo reacciona…

-En el kirchnerismo aparece el fiscal, hace una denuncia y no solamente hacen una campaña contra él antes de muerto sino después de muerto. Y lo tratan de puto, de que abandonó a su hija, lo tratan de que obedecía a poderes oscuros, le dicen cualquier cosa aún después de muerto.

-¿Y cuál es tu sensación cuando pasan esas cosas?

-Mi sensación es que les molesta una nota, les molesta una caricatura, una manifestación, les molesta la denuncia del fiscal, les molesta un paro. Mi sensación es que ven a un movimiento muy reactivo frente a hechos que no son amenazas reales al sistema democrático.

-¿Te parece que el kirchnerismo es un tanto paranoico?

-Es de una mentalidad muy persecutoria, ven cualquier movimiento como una amenaza de algo que va a pasar, pero que no pasa. Es muy teatral eso, tiene mucho drama e intensidad, pero no está en la realidad. Todo esto hubiese sido más sencillo si la realidad hubiese sido percibida en su magnitud. Un saqueo no es un golpe de estado, una caricatura de Sabat no es una actitud cuasi mafiosa.

-¿No te parece que reacciona así porque hay medios que lo empujan a eso?

-El kirchnerismo piensa que es el partido más perseguido por la justicia y el más agraviado por los medios y no es así. Menem estuvo preso y en los ’90, en el prime time de la televisión estaba Gasoleros, una serie que hablaba de la gente que no tenía guita, el eslogan era “Gasoleros no hay dinero”. Andá a hacer eso ahora.  La ficción ahora no cuenta la realidad política.

-¿Hay tanto conflicto como antes para contar?

-¿Qué, las barras bravas no son un conflicto? ¿Por qué no hay una miniserie o película de barras bravas? Hay una victimización constante desde el kirchnerismo y la teoría de que hay que ser agresivo contra los que atacan me parece que no es sabia y los hace muy sectarios. Viven en un microclima de tensión.

-¿Qué les pasará a los que tienen esa “mentalidad muy persecutoria” en diciembre de 2015?

-Cuando termine todo esto en pocos meses y empiecen a sentir que ya no tienen sobre ellos el peso de sostener algo tan importante, hasta ellos se van a dar cuenta de lo bien que se vive sin ese problema.

Una mujer única, según su autor, intenta contar cómo es el poder político en la Argentina, no del kirchnerismo, pero ocurre en época kirchnerista. “Este libro genera comentarios cálidos. En Qué les paso (2010), estaba muy enojado y muy dolido con lo que pasaba y buscaba una reacción agresiva y fuerte. Ahora estoy más divertido, menos enojado y se nota eso”, dice Tenembaum.

Esos “comentarios cálidos” que dice el escritor, son incluso de amigos suyos kirchneristas, que llegaron a decirle cosas como “demoré en leer tu libro porque sabía que me iba a doler”.

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