Viernes 21 de junio | Mar del Plata
03/12/2022

“Un sinnúmero de principios”, el metateatro como clave para profundizar y llegar al público

El grupo compartió con Qué digital cómo trabajó desde la “experimentación a la puesta”. La obra se presenta este domingo en el América Libre y en temporada.

“Un sinnúmero de principios”, el metateatro como clave para profundizar y llegar al público
(Foto: "Un sinnúmero de principios")

¿Creamos nuestro porvenir? ¿O venimos a este mundo solamente a reproducir lo que está hecho?

Está todo listo para una nueva temporada y el teatro independiente arremete con propuestas diferentes. “Un sinnúmero de principios” es una de las alternativas que a través de la experimentación y trabajo colectivo busca llegar al público. Este domingo a las 20 y también en enero y febrero se podrá disfrutar en el Centro Cultural América Libre de una pieza teatral que atrapa desde las imágenes y conmueve a través de la puesta.

En la obra dirigida por Gerónimo Soler, dos actores –interpretados por Guido Gómez y Leandro González– ensayan en un teatro vacío, sin luz, dispuestos a completar una obra de la que solo tienen el principio. Mientras intentan avanzar, la llegada de un extraño mensaje los devolverá al lugar donde todo comenzó. La obra empezó como un proyecto que se dividió en dos etapas. “Un comienzo ligado a la experimentación y el encuentro; y otro que se presenta con el correr del tiempo devenido de aquel proceso con miras a una puesta en escena”, explicaron a Qué digital quienes integran el grupo de teatro marplatense.

“Un sinnúmero de principios” se presenta este domingo a las 20 en el Centro Cultural América Libre, ubicado en San Martín y 20 de septiembre. Luego se podrá ver los domingos de enero y febrero en la misma sala. Para reservas se puede consultar a través de Instagram.

Los ensayos se iniciaron cuando se liberaban las primeras restricciones por la pandemia, en septiembre 2020. “Un poco fue la necesidad del contacto con otres, la actividad teatral mermada, las ganas de hacer, el encierro. Pero por sobre todo eran y son las personas, éramos amigos pero no nos conocíamos laburando artísticamente”. Otro ingrediente que destacaron como fundamental fue “la novedad de indagar sobre la espacialidad de un hotel vacío y ensayar ahí por las noches”.

Cuando llegó el momento de montar y generar una puesta, Guido, Leandro y Gerónimo coincidieron en que tuvieron muchos disparadores, algunos ligados a actores de referencia, películas o series hasta leer a Pedro Calderón de la Barca para dar con el universo que querían trasladar.  “Ahí comienza a aparecer la idea de metateatralidad que hoy es muy fuerte en la obra y a su vez establecer un paralelo con algo de aquel orden que tiene ‘la doctrina’ sumándola al contexto político: la vuelta del peronismo después de cuatro años de neoliberalismo”, sostuvieron.

Hasta llegar al estreno, el grupo compartió que hubo mucho “duelo” que se mantuvo latente en la puesta y también está presente la sensación del encierro. “Estar encerrado espacialmente pero también encerrado en uno mismo, de sentirse mal y no encontrarle la vuelta. Venimos de años donde fue muy fuerte lo que pasó a nivel humano, recién nos estamos acomodando”, agregaron.

Escribíamos con el cuerpo pero también nos sentábamos a bajar contenido. Mi laburo era el de juntar todo lo que se proponía grupalmente y darle un esqueleto, terminar de diseñar la estructura y al mismo tiempo ir descubriéndola

Para dirigir su primera obra, Soler contó que mantuvo “una escucha abierta, perceptiva, de no imponer”. Y una vez que los ensayos avanzaron llegó el momento de tomar decisiones. “Nos apoyamos mucho en la actuación en un comienzo, por eso esto de lo importante que son las personas, primero y siempre. Prestar atención a lo grupal, a lo humano, a lo vincular; es un factor fundamental en lo que se va construyendo. Creo que es ahí donde más se elabora la cosa, en eso que parece ser el lado b, lo que queda del lado de atrás del ensayo”, subrayó.

Cuando llegó el momento de generar la puesta, el grupo sumó a Huara Quiroga desde las luces y la escenografía. “Más tarde se sumó Siomara Skellington como asistente, su energía amalgamó muchas piezas que estaban sueltas y no encontraban un curso, su mirada también terminó de delinear la obra”, agregaron. Por último Fede Tarquini y Mauro Romero diseñaron el sonido de la obra; Mirta Orsi y Paula Soler, madre y hermana del director, colaboraron con el vestuario y Rafael Vasser diseñó y elaboró las máscaras.

UNA OBRA DONDE OPERA EL PASADO Y EL FUTURO

Para componer a estos actores que están en un teatro sin luz, explicaron que empezaron desde la forma: imágenes, referencias de actuación, vestuario, mucha propuesta y cambio de ritmos. “El laburo más grueso creo que fue el de encontrar un tono en común en la actuación de ambos con su bagaje, con sus puntos en común y diferencias había que aunar, aun en su diversidad, encontrar la actuación que los una y de cauce al espectáculo”, explicó el director.

“En un momento corríamos el riesgo de que se nos ponga muy críptica. Por un lado desde lo argumental: actores que hablan de teatro, un círculo vicioso, guiños, mucho ardid teatral. Por lo político también, a mucha gente no le interesa ese corte. Pero fundamentalmente desde la espacialidad, porque también hay un encierro físico y se estaba agotando el recurso, había que salir”, reconoció.

En este sentido, el director agregó: “Como la salida es colectiva, entonces abrimos al público porque en definitiva creemos en eso, no podemos hacer de cuenta que no está ahí ese que está mirando, si es para esa persona que lo hacemos. También eso genera cierta relajación en el que hasta hace un momento estaba más atento/a y tenso/a. Encontrar contrapesos, modificaciones, fluctuaciones también en quien mira”.

En el transcurso de la obra, la voz de Perón y Evita irrumpe con discursos que evocan a momentos de la historia de nuestro país. “No queríamos una obra panfletaria. Si bien toca temas muy fundantes, son figuras innegables de la política y la historia argentina. Por otro lado, no está tan claro si es o no el general quien habla de a ratos. Algo de esa voz, esas palabras muertas siguen siendo órdenes, no sabemos de dónde vienen realmente pero aun tienen fuerza”, reflejaron.

La figura de Perón no está pero socialmente se mantiene latente y el grupo decidió exponer eso dramáticamente. “Un poco jugamos con eso, estos dos personajes actúan siguiendo indicaciones de alguien que en realidad ya no existe. Como estos dos para avanzar necesitan creer se inventan una figura a quien obedecer. Un poco en la política argentina pasa eso, necesitamos que alguien tenga ‘la lapicera’, necesitamos creer y ahí volvemos a lo religioso. Fuimos a fondo con eso aunque sin develarlo, ni subrayarlo”, indicó.

Por otro lado, Eva es una de las figuras femeninas que decidieron trabajar, aunque no es la única. “La actriz, está en un espacio externo, el afuera acá es el presente y quizás el futuro. Adentro, en la escena, hay una obra antigua, muerta, ahí están los hombres que escribieron la historia, ese es el pasado”, propusieron.

El teatro independiente tiene una característica principal que se basa en la autogestión, por lo cual todo lo que sucede alrededor afecta en un proceso donde la dramaturgia la establece el mismo grupo. Esta obra comenzó la experimentación en un hotel, luego derivó en la improvisación donde recabaron material y finalmente llegaron al Centro Cultural América Libre donde definieron que “se terminó de hilvanar y se empezó a montar” utilizando la sala de manera poco convencional.

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03/12/2022