Lunes 24 de junio | Mar del Plata
22/05/2015

Una historia para dar “Manija”

A horas de volver a jugar con Boca en La Bombonera, Francisco Mústico dialogó con QUÉ sobre la gesta de hace 40 años en aquel estadio, donde con un gol suyo Aldosivi se impuso por 2 a 1. La historia de aquella noche de 1975 y su paradójica carrera como futbolista luego de estar en boca de todos.

Una historia para dar “Manija”

A casi 40 años de aquella hazaña, sigue siendo el hombre del momento, de este momento de Aldosivi que en pocas horas volverá a enfrentar a Boca en La Bombonera. Hace 40 años el “Tiburón” dio el golpe. Tanto tiempo pasó, tantas categorías de ascenso, que parece ya una leyenda. Y si de leyendas se trata, es ineludible hablar de Francisco “Manija” Mústico, el delantero que aquel 11 de noviembre de 1975 por los viejos Torneos Nacionales, en la cancha de Boca, le dio el triunfo a Aldosivi sobre el “Xeneize” por 2 a 1.

El delantero más reconocido del “Tiburón”, también por su capacidad goleadora en los torneos locales, se juntó con QUÉ para rememorar ese gran día de 1975, pero también su carrera como futbolista y lo que fue de ella tras ese gol, que sigue latiendo en el corazón del Puerto.

Ese tanto, paradójicamente, tan lejano en el tiempo es cada vez más cercano para el hincha marplatense ante el acontecimiento que se vivirá el próximo domingo en La Bombonera. También paradójico, como burla del destino, ese gol no fue tan significativo para el progreso profesional de “Manija”. Es que tras el mismo, la carrera de Mústico estuvo signada por el infortunio y hasta la tragedia.

Es nuevamente el hombre del momento, al menos hasta que Pablo Díaz marque el inicio el domingo. De aquel momento y de este en la vida de Aldosivi, que está en el umbral de otro juego histórico que quedará en la historia, más allá del resultado final. Por eso no hace falta darle más “manija”. Pero es preciso para recordar la epopeya gestada hace 40 años.

“El psicólogo del curso de técnico me decía: ‘vas a ver que pasan los años y vas a contar ese gol siempre de manera distinta’. Pero no. Desde hace 40 años hay cosas que me olvido, pero de ese gol jamás. Esa jugada la tengo en el bocho, cuenta sonriente Francisco Mústico en la redacción de QUÉ, mientras luce orgulloso la camiseta que le regaló Enrique Seccafién.

– ¿Cómo fue la jugada del gol?

– Santecchia y Veira la tocaban en el mediocampo y yo pico por el andarivel del “8”. El “Rulo” (por Jorge Santecchia) me ve bien y la tira como de treinta metros al área y recibo de pecho, me la acomodo, dejo atrás a (Roberto) Mouzo y defino cruzado de tres dedos.

– ¿Fue un resultado descabellado por el trámite del partido?

– No, porque estábamos dominando. A pesar de que empezamos perdiendo estábamos mejor nosotros. De hecho, además de darlo vuelta pudimos haber ampliado por un tiro en el travesaño.

– Aldosivi no venía bien para ese entonces en el Nacional, ¿no?

– Fue una de las últimas fechas y ahí Boca pierde la clasificación. Los amargamos porque nosotros estábamos bastante atrás en las posiciones, sin chances de nada.

Aldosivi 1975

El equipo de la hazaña en La Bombonera. Álvarez, Mascareño, Lucangioli, Ferlich, Díaz y Fortunato (parados); Galay, Veira, Mústico, Santecchia y Lencina (agachados). (Foto: gentileza Darío Aranda/historiadelfutbolmarplatense.blogspot.com.ar)

– ¿Tuvo la importancia o trascendencia, como la tiene hoy ese gol y ese triunfo?

– No es como ahora. Antes era un club bien de barrio y por aquel entonces quién iba a pensar que algún día íbamos a jugar contra Boca. Imposible, porque nosotros jugábamos el torneo local y ellos eran profesionales. Al hacerse los Nacionales, se le dio una plaza a cada región y tuvimos la posibilidad. Imaginate cómo lo tomó el barrio siendo un club amateur ganarle a Boca y en La Bombonera. Nuestra lucha era ganar el torneo local para poder jugar el Nacional, entonces fuimos sin presiones a jugar. Además el ritmo era distinto. Al principio la diferencia era mucha. Nosotros entrenábamos de noche, después de trabajar, ahí en Ministerio corríamos en la oscuridad y hasta nos corrían los perros (se ríe). Y volvíamos al club, donde había dos duchas y nos íbamos. Después, con el ingreso a estos torneos, fuimos más profesionales a la hora de entrenar. En fin, fue una victoria increíble, de un equipo “chacarero” contra un “grande”. Fue una historia de David y Goliat.

– ¿Se puede trazar un paralelismo de aquel momento a este que se está viviendo?

– No, es muy difícil. Aunque también actualmente hay diferecnias por el gran poder económico de Boca y el gran plantel. En aquel entonces era ilógico ganar, pero en el fútbol no hay lógica y como actualmente físicamente todos los clubes trabajan igual, están todos nivelados.

Francisco Mústico trabaja en una oficina en el Puerto, en una empresa de pescado. No recuerda si sus compañeros de trabajo lo felicitaron o hicieron alusión a lo hecho en La Bombonera, pero sí que tuvo llamados poco habituales. “Cuando volví a mi casa tenía varios llamados de radios nacionales y esa noche del gol salí para Canal 7 o Canal 9 en una nota. Claro, era todo un suceso. Y pensar que yo de chico era de Boca…”

– ¿Pensó que ese gol se iba a recordar por tanto tiempo?

– No, en absoluto. No lo creía. Pensaba que íbamos a volver a enfrentarlo a través de esa posibilidad de ganar el torneo local y seguir jugando Nacionales. De hecho así fue, pero no nos tocó Boca. Pensé que iba a ser un lindo recuerdo, pero no que iba a perdurar por 40 años y que se iba a tardar tanto tiempo en volver a enfrentarlo. Es que ese equipo, si seguían todos, iba a dar que hablar. Pero tras ese campeonato se fueron Santecchia a Estudiantes La Plata, Ferlich a Lanús, Di Donato a Argentinos Juniors y yo me fui a Temperley. Igualmente ya se había clasificado al Nacional del ´76 que se jugaba en la segunda mitad del año y yo volví después de 8 meses para ese torneo porque no tenía continuidad allá. Me había llevado un técnico que a los dos meses lo echaron y vino otro que no me conocía y tenía a otro jugador. Entonces volví, porque en esa época no pensaba vivir del fútbol y solamente se ganaba suficiente en Boca o River. Para colmo (se ríe) me agarró el “Rodrigazo”. Me acuerdo que cuando llegué en enero cobraba 2 millones de pesos y con esa plata en junio no podía pagar ni la pensión. Una locura. Entonces me mandé a mudar.

LA BURLA DEL DESTINO

Ese gol, como los dos que le hizo a Racing en el ´74, podía haberle cambiado la vida. Pero no estaba destinado a triunfar en el fútbol grande. Su carrera futbolística, signada por el infortunio, comenzó a decaer tras ese tanto en La Bombonera.

– ¿Cree que hubo algún cambio en su vida, en su carrera por ese gol?

– No. Seguí siempre igual. Hubiera sido lindo, que después del gol ese, como pasó cuando le hice dos a Racing que me llamaran. Con Racing de Avellaneda tuve la posibilidad de ir. Me vinieron a buscar para una gira por Colombia y México. Ahí me iban a probar, pero el club le pidió 25 mil dólares por un seguro o algo así y además un cargo por la compra y Racing por esa misma plata había llevado a Daniel Onega. Entonces no tenía sentido.

– Pero se dio lo de Temperley.

– Sí, pero ya tenía 25 años y no fue lo mismo. Y mirá lo que son las cosas: 15 minutos después de firmar con Temperley, me llama (Mateo) Di Donato que estaba en Argentinos Juniors y me dice que me había recomendado porque necesitaban un “9”, y estaban interesados. Entonces, como yo no podía, llevan a “Bartolo” Álvarez y Maradona lo saca goleador ese año. Pude tener esa chance.

– Más allá de lo económico, ¿qué pasó en Temperley?

– Y arrancamos mal por una pretemporada que hicimos en África. Jugamos unos cuatro o cinco partidos y a mi me tocó estar en la habitación con el pibe (Oscar) Suárez, que nos teníamos que bañar con insecticida por la cantidad de mosquitos que había. Nos volvimos a Mar del Plata con este muchacho de 23 años y estuvo tres días y volvimos para entrenar, pero no apareció en la práctica por acusar fiebre, mareos, y nos enteramos que días después había muerto. Se hablaba de paludismo y no sé qué cosa, y no entendíamos nada. Además habíamos estado en la misma habitación y teníamos un miedo terrible, todos los que fuimos para allá. Fue todo un mes en el que no nos podíamos concentrar por ese “cagazo” y terminamos en el último puesto. Así que caí mal, jugué poco y cambió el técnico, y me volví para jugar el Nacional del ´76 con Aldosivi. Arranqué bien, hice tres goles en los primeros tres partidos y nunca más (se ríe).

– ¿Y entonces?

– Me puse una “plantita” de pescado a partir de mi trabajo en el ISPA y el fútbol pasó a un segundo lugar. Entrenaba más o menos. De hecho, me lleva el “Negro” Artero a Alvarado para jugar el Nacional del ´77 y jugué un par de amistosos, pero no me daban los tiempos. Así que mis mejores hazañas fueron del ´70 al ´77. Después jugué un tiempo más, pero sin tanta trascendencia. Encima en Aldosivi por entonces hubo un cambio enorme porque fallece uno de los hermanos Greco, que era el que ponía la plata en el club, el que nos fue a buscar las camisetas a Brasil en el ´74 y quedó totalmente acéfalo. Y además se nos muere en un entrenamiento el técnico, Alfredo Cortés, de un paro. Y no quedó nada en Aldosivi. Nos fuimos a la B local y me dieron el pase a Florida, con quien salí campeón en el ´82, también pase por Colegiales, luego volví al club, pero ya estaba, no pensaba en el fútbol. Tuve un buen momento en la fábrica, me fue muy bien en el negocio, puse pescaderías, pero hasta el 2004 que quedé en la lona.

LA VIGENCIA DE SU FIGURA

– Siguió y sigue yendo al club, ¿nunca se le dió por ser entrenador?

– Lo hice en el club cuando estuvo (Ernesto) Perissé. Me iba a buscar jugadores a la zona y me encantaba. Después estuve armando la quinta local con los pibes que quedaban afuera de las divisiones de AFA. Pero no tuve muchas oportunidades en el último tiempo . Me gustaría formar jugadores, eso me gusta.

– El reconocimiento de la gente es inagotable. Es más, en el estadio muchos quieren sacarse fotos con usted.

– Es hermoso, porque son pibes de 20 años que no me vieron jugar los que me saludan en la cancha, en el barrio. Tal vez los padres o abuelos le contaron qué hice, cómo jugaba y de ahí me aprecian y me demuestran su cariño. También pasa que soy del Puerto, me crié ahí y sigo estando, por lo que el contacto es permanente.

– Volviendo a Boca, ¿qué se hizo hace 40 años para lograr el triunfo que debe repetirse el domingo?

– La motivación es lo más importante que hay. Ojalá se jugara siempre frente a Boca o River. Es el deseo de todo jugador y es una gran vidriera. Si lo fue hace 40 años atrás, imaginate hoy. Mejor motivación que esa no hay. Estando bien entrenados, a la misma altura que el rival, hay que jugarse todo. Y si no se puede ganar, irse sabiendo que se dejó todo yu que te ganaron porque fueron superiores.

– ¿Se le puede ganar?

– Sí, a cualquiera se le puede ganar. Físicamente están todos iguales, hacen lo mismo. Si Boca, pasan los minutos y no hace un gol, se puede comenzar a desesperar y la cabeza del jugador es lo que te cambia un partido. Por eso hay que estar concentrados.

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22/05/2015