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11/11/2015

De pesadilla

Estoy metido en un problema grave. Mucho más grave de lo que pensaba. Alrededor mío, dentro de mi pieza, hay una extraña presencia moviéndose en la oscuridad. Y yo en la cama, más vivo que un condenado a muerte. El intramundo onírico ha roto sus diques. Padezco la certeza de estar en medio de una…

 

Estoy metido en un problema grave. Mucho más grave de lo que pensaba. Alrededor mío, dentro de mi pieza, hay una extraña presencia moviéndose en la oscuridad. Y yo en la cama, más vivo que un condenado a muerte. El intramundo onírico ha roto sus diques. Padezco la certeza de estar en medio de una pesadilla. Quisiera despertarme sudado y aterrorizado, salir de esta sensación imprevista y exclusiva donde todo es inmóvil y silencioso. Es una creación de mi mente a la que debería perderle el respeto. Así dejaría de infligirme esta espantosa herida emocional. Tengo que despertar, es imperioso que pueda hacerlo. Pero no es tan sencillo. Estoy atrapado en una suerte de telaraña invisible, un elemento a la deriva en un escenario macabro. Ni siquiera sé si tengo la suerte de no estar viendo nada y sin embargo veo. Algo late cerca de mí.

La persiana de la habitación en la cual duermo, lo recuerdo muy bien, cierra perfectamente. Evita que toda luz me saque del negro telón en el cual me sumerjo cada noche desde que necesito poder descansar a mis anchas.

Creo estar viendo las facciones de una especie de rostro. Soy apenas una presa acorralada, resistiendo a lo que he empezado a admitir como la manifestación del mal. Tan simple y tan terrible como eso. Es extraño que le conceda entidad a semejante cosa. Yo, que jamás he creído en la bondad o la maldad más allá de las acciones de los hombres.

Eso está ahí, de algún modo vivo. Ahora se aproxima bajo la forma de una boca que se abre para engullirme de una vez y para siempre. Pienso en Dios, en la necesidad de que algo mágico y salvador ocurra en este preciso instante.

Una luz cegadora irrumpe desde el punto físico donde debería estar la puerta. Es mi madre. Alcanzo a ver la lenta ondulación de su vestido de flores. Entonces caigo en la cuenta de haber estado siempre de este lado de las cosas, en mi realidad, en la pesadilla de todos los días.

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