¿Vas bien así?

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31/01/2019
 

No soy de comer mucha verdura, tampoco fruta. Tienen que venir listas o hechas. Esto es, ensalada de frutas, o mix de verduras para tirar en una olla. De modo que casi siempre termino comprándolas por motivos casuales o equivocados. Sin embargo hay una verdulería al paso que es capaz de inventarme el deseo de comprar. Creo que ahí ofrecen algo más que buena mercadería y precios razonables. Lo atiende un viejo cabrón que lloraría como un chico en caso de aplicarle una dosis doble de buena onda o ternura. Estoy seguro que si le dijeras: gente como usted es un ejemplo de lo que se necesita en este país, bajaría la vista y temblaría como una quinceañera. De hecho,después de escucharlo despotricar contra los impuestos, la inflación, las tarifas, el cinismo político, y la vida que se le esfumó detrás del mostrador, se lo dije:

– Gente como usted es la que da el ejemplo.

– ¿Vos decís, nene?

Me dice nene y yo le digo que no soy ningún nene, pero él insiste. Me tomo el pelo entre los dedos para que observe mis canas.

-¿Ve esto? –le digo-. Esto no crece en la cabeza de los niños.

-No se notan nene –es testarudo como él solo-. Además –agrega-, a quién le importan las canas. Mirá –se agarra el pelo níveo que le cubre parte de la cabeza con ambas manos y tuerce la boca como Al Pacino-. Estas me salieron por todas las veces que tuve que levantarme. Yo tuve dos supermercados, y terminé en un club de trueque cambiando un pack de cigarrillos por una docena de empanadas ¿Entendés lo que te digo?

-Sí. Entiendo.

-Entonces, qué me la van a venir a contar.

Yo sé que su sacrificio es como la hiel del engaño. Aparenta drenar, pero nunca se va del todo. Habla y añora su Italia natal.

-Pasa que ya soy grande –concluye, como si no calculara la imposibilidad de recomenzar su vida-. A esta altura me queda dejarles algo a mis hijos, y esperar.

-¿La muerte? –suelto sin pensarlo.

No me contesta. Hace caras. Resopla un poco. Luego acomoda unas bolsitas de frutos secos que tiene sobre el mostrador. Una acción automática, como quien se levanta los pantalones porque sí.

-¿Le preocupa morirse? –insisto.

-No nene, más bien me angustia seguir viviendo. Yo arranco a la mañana temprano y no paro hasta… -hace una pausa, no sé dónde va con ese comentario, pero puedo intuir que está harto de que lo jodan una y otra vez-. ¿No me decís la hora, querido?

-Las nueve y media.

Pienso que la diferencia entre la hora que él imaginaba que era, y las nueve y media, es la que hay entre un recién nacido que se arrastra hacia la teta de su madre, y un abuelo enclenque que muere solo y triste en su casa.

-¿Ves? Ya se me fue el día de nuevo-gruñe-. Ahora me tengo que poner a hacer unas ensaladitas de fruta, y ya quedo listo para la cama.

Me pregunto si alguna vez se le habrá ocurrido pensar en otra cosa que no sea trabajar.

-Querés llevar algo más. Manzanas, peras, ciruelas –es hábil para la venta, y en alguna siempre te emboca.

-Este… -me quedo medio tildado, estoy pensando en otra cosa. En que debo irme a cocinar, mirar la tele un rato y estar a solas. Además, ya empezaba a sentirme como una de esas señoras que se quedan porque sí, y cada tanto dicen: atienda, atienda nomás, que yo no tengo apuro. Así que decido irme-. Me cobra por favor –le digo.

-Pensé que me ibas a ayudar a guardar los cajones de la vereda.

-Con gusto –le respondo.

-No. Es un chiste nene –se ríe como si hubiera hecho la mejor broma de la historia-. Tomá, llévate esto –pone dos paltas que se van a pudrir sin que las toque, y un poco de rúcula-. Esto lo mezclás con blabla –pierdo el sentido de lo que me está diciendo. No me importa qué pueda hacerse con esas cosas veganísimas.

-Ajá, bueno, prometo hacerlo –miento.

Luego viene la frase de siempre. La dice después de levantar las bolsas y encajármelas en los pulgares:

-¿Vas bien así? –eso dice, siempre dice eso- ¿Vas bien así?

Yo le respondo que sí, aunque pienso en otro peso que no es el de la mercadería. De la nada, la frase adquiere un sentido temporal inmenso, como si me hubiese preguntado por todo lo que he hecho y me ha pasado en la vida. Y siempre estoy a punto de contestarle que la verdad es que no sé si voy bien así. Pero qué más da.

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