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24/03/2021

El secuestro, el silencio y el exilio de José Verde, referente del gremio judicial

En el marco de la “Noche de las Corbatas”, el abogado fue secuestrado junto a su pareja, Ana María De la Arena, quien aportó su declaración en el juicio “Subzona 15 II”.

El secuestro, el silencio y el exilio de José Verde, referente del gremio judicial
(Ilustración: DaFeBa. Darío Badagnani)

Ana María De la Arena todavía recuerda en detalle el pánico que sintió durante la madrugada del 13 de julio de 1977 cuando fue secuestrada por militares en su casa junto a su marido, José María “Pepe” Verde, extrabajador del Poder Judicial Bonaerense que por ser el secretario general del gremio había sido exonerado de su cargo por la dictadura poco más de un año antes. Pasaron casi 44 años y la mujer se sienta por primera vez en un juicio para contar el calvario que atravesaron junto a su esposo las 24 horas en las que estuvieron secuestrados y también luego, cuando el miedo se apoderó de sus vidas y debieron exiliarse en España.

También lo hace un primo de José María, Marcos Verde, quien estaba detenido por aquella época, tras haber huido de Mar del Plata luego de diversos atentados en su contra. Ahora, 44 años después, cuenta que pudo hablar muy poco con “Pepe” de lo ocurrido debido a que prefería no hablar del tema por el profundo dolor que sentía, pero no deja de poner en relieve que no tiene dudas de que su caso se inscribió dentro de la denominada “Noche de las Corbatas”, ocurrida en julio de 1977 cuando abogados laboralistas fueron secuestrados por la dictadura y la mayoría permanecen desaparecidos.

Los dos testimonios se escucharon recientemente en el juicio por crímenes de lesa humanidad conocido como “Subzona 15 II” que se lleva a cabo en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata desde febrero y que tiene a siete imputados por delitos cometidos en perjuicio de 120 víctimas en la Subzona militar 15, que comprendió a General Pueyrredon, General Lavalle, General Juan Madariaga, Mar Chiquita, Balcarce, General Alvarado, Lobería, Necochea y San Cayetano. Se trata de un segundo tramo de la causa que ya tuvo a 35 condenados en 2020.

“Pepe” Verde y su pareja Ana María fueron secuestrados a las 3 madrugada del 13 de julio de 1977 en su casa de Pringles al 2000 por militares que irrumpieron sin identificarse y con los rostros descubiertos. Revisaron la casa, los encapucharon y los hicieron subir a un Falcon en el cual se encontraba otra pareja amiga. Pasaron un día secuestrados en un centro clandestino de detención y a él lo interrogaron sobre el significado de las siglas ERP, PV y  JP y sobre circunstancias familiares que vinculó, en realidad, a su primo Marcos, que permaneció detenido desde 1975 hasta octubre de 1982. En la madrugada del 14 de julio, José y Ana María fueron liberados en cercanías de su casa.

Pasados 44 años, Ana María De la Arena se sienta vía Zoom desde Barcelona, donde vive desde meses después de su secuestro y liberación, para declarar ante los jueces de debate, Fernando Machado Pelloni, Héctor Sagretti y María Claudia Morgese Martín, y lo primero que lamentó fue que José murió en enero del año pasado.

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Hasta el 29 de abril de 1976 Verde se había desempeñado como secretario del Tribunal de Menores y ocupaba el cargo de secretario general de la seccional Mar del Plata de la Asociación Judicial Bonaerense (AJB), pero ese día fue exonerado por la dictadura mediante la aplicación de la “Ley de Prescindibilidad”.

Ana María recuerda que había conocido a José mientras ambos se desempeñaban en el Poder Judicial y puntualiza que cuando a él lo apartaron de su cargo decidió abrir un estudio de abogados junto a un amigo, Oscar Rossi, que funcionaba en su casa.

Homenaje realizado en la previa del Día de la Memoria por la Asociación Judicial Bonaerense (Fotos: Marcelo Nuñez)

La mujer relata sobre aquella noche que alrededor de las 3 de la madrugada mientras dormían golpearon la puerta, “Pepe” fue a abrir y entre cuatro y cinco personas armadas, vestidas de civil, irrumpieron en la casa y empezaron a revisar cada cosa: hasta recuerda que se llevaron dinero de una rifa de un club donde jugaban sus dos hijas.

En la casa también estaba el padre de José y las dos hijas de la pareja, pero a ellas ni las despertaron. “Nos esposaron, nos pusieron unas capuchas blancas y nos metieron adentro del baúl del auto donde había dos personas más”, relata Ana María y señala que esas dos personas, Néstor Enrique García y Esther Vázquez de García quienes hoy siguen desaparecidos, eran una pareja amiga –militaban juntos en la asistencia social en los barrios- que días antes había estado en su casa advirtiéndoles que corrían peligro.

La mujer recuerda que estuvieron en el auto en viaje entre 20 y 25 minutos, y luego llegaron a un lugar donde caminaron al aire libre para luego ingresar a un espacio cerrado y tras ello fueron encerrados cada uno en un calabozo pequeño. “Susto y miedo”, dice Ana María que sentía en ese momento y describe: “Por el estado de pánico que tenía, veía las caras de mis hijas retratadas en la pared”.

Ante preguntas de las fiscalas Laura Mazzaferri y María Eugenia Montero, que representan al Ministerio Público Fiscal en el juicio junto a Julio Darmandrail, Ana María expone que ella no fue interrogada en ningún momento, que sintió voces de otras personas y que en una oportunidad cuando se animó a pedir poder ir al baño luego le hicieron lavar muchas bandejas y tazas que recuerda tenían un escudo grabado aunque por el paso del tiempo no logra poder describirlo. También recuerda haber escuchado, entre el silencio, el ruido del mar de fondo.

LA LIBERACIÓN Y EL EXILIO

Pasado un día del secuestro, tanto Ana María como José Verde fueron liberados: los llevaron de nuevo en un auto y los dejaron a unas cinco cuadras de su casa. “Nos sacaron las capuchas y las esposas y nos dijeron que no miráramos atrás”, expone y recuerda que esa primera noche por el miedo que tenían durmieron todos en un pequeño departamento que tenía su mamá en la ciudad.

Como respuesta a las consultas de las fiscalas, la mujer puntualiza que su marido “abordó la situación con mucho hermetismo”. “No tengo recuerdo de muchas conversaciones, evitábamos hablar de este problema porque las chicas iban a colegio y teníamos mucho miedo de que se les escaparan cosas”, señala y recuerda que los secuestradores al momento de liberarlos les dijeron: “Ustedes a partir de ahora, como si nada, vida normal”.

Y eso hicieron. “Al día siguiente yo fui a trabajar, las chicas al colegio, había un clima de no hablar demasiado y también un terror muy grande de que nos volvieran a buscar”.

Ana María relata recuerdos de algunas pocas conversaciones que mantuvo sobre el tema con José: una de ellas se produjo dos días después del secuestro cuando un Falcon oscuro volvió a estacionar frente a su casa y un hombre entró a hablar con Pepe al estudio a consultar por un divorcio aunque a él le pareció que era una de las personas que previamente había participado del operativo de secuestro.

De esas pocas conversaciones, la mujer también recuerda: “Me dijo que (mientras lo interrogaban) le preguntaron si era hijo de un farmacéutico, dijo que no, que era ferroviario. Decía que lo confundieron con su primo Marcos”.

Durante esos días posteriores al secuestro, para José y Ana María todo se transformó en miedo. “El clima era tenso en la casa porque no se podía hablar, había que cuidar a las chicas, nos daba miedo que las llevaran, cosas de este tipo que hacían la vida del terror de cada día”, manifiesta.

Ese miedo, más un segundo secuestro que sufrió una compañera de ella en la escuela donde daba clases, hizo que junto a José finalmente decidieran irse del país, hacia España. Primero estuvieron más de un mes en la casa de su madre en Buenos Aires porque no les otorgaban los pasaportes hasta que finalmente el 31 de diciembre dejaron el país junto a sus hijas, de por entonces 14 y 12 años. “No sé cómo es la palabra –piensa y se pregunta en su declaración- no entramos como exiliados políticos, sino como ‘inmigrados’”.

LA PRESENTACIÓN ANTE EL JUEZ HOOFT, SIN AVANCES

El caso de José Verde forma parte de la acusación realizada en 2006 –que aún hoy no tiene una resolución definitiva luego de interminables idas y vueltas- contra el actual juez correccional de Mar del Plata Pedro Hooft, por entonces titular del Juzgado Penal Nº3, en torno a “rechazos sistemáticos” de habeas corpus presentados por familiares y allegados de víctimas de terrorismo de Estado, entre ellos los abogados laboralistas secuestrados en el marco de la denominada Noche de las Corbatas”, el megaoperativo represivo perpetrado por las fuerzas armadas con la colaboración de integrantes de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) en julio de 1977.

Durante su declaración en el juicio, Ana María contó -ante la pregunta de la fiscala Eugenia Montero respecto a si se habían realizado gestiones judiciales durante su secuestro- que su marido le había contado que su amigo y socio Oscar Rossi había presentado un hábeas corpus en el juzgado a cargo de Pedro Hooft.

– ¿Una vez que recuperaron la libertad fueron citados a declarar en algún lugar?

No, nunca, nunca.

Sobre aquella presentación judicial también fue consultado en su declaración testimonial el propio Rossi, quien contó que él acompañó al padre de José al Colegio de Abogados en primer lugar aunque por el temor que existía no encontraron quién los representara para presentar el escrito así que se dirigieron directamente al juzgado de turno, a cargo de Hooft, con el hábeas corpus redactado.

“Manifestamos lo que había ocurrido en la mesa de entrada y vino él (por Hooft) y nos invitó a pasar a su despacho. Nos recibieron el recurso, me preguntó por qué no lo patrocinaba, le dije que aún no tenía firma (como abogado) porque no estaba colacionado y me dijo que lo firmara igual”, recordó Rossi, y luego reparó en no poder afirmar si desde el juzgado se libraron o no los oficios correspondientes para la tramitación de la causa. Dijo tampoco recordar si luego de la liberación -que, afirmó, se conoció “por todos lados”- la pareja había sido convocada a prestar algún tipo de declaración.

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Hooft está acusado desde 2006 de “cajonear” habeas corpus presentados por familiares de los abogados, y en ese marco fue sometido a jury de enjuiciamiento en 2014 en el que resultó absuelto. Años más tarde, la Corte bonaerense y también la de la Nación respaldó la absolución en ese jury. Tras ello, y pese a que anteriormente sostenía que la causa judicial se tramitaba independientemente de los resultados del jury, el juez a cargo del caso Martín Bava resolvió sobreseer en la causa penal a Hooft a partir de esas resoluciones. Tras las apelaciones, la Cámara Federal de Mar del Plata revocó la decisión y mandó al juez a tomar una nueva resolución, en la que ratificó el sobreseimiento en diciembre pasado.

ENTRE EL SILENCIO Y UNA PROFUNDA DEFRAUDACIÓN

Marcos Verde, primo de José, tiene hoy 73 años y es otro de los testigos que se sumó al juicio para prestar declaración testimonial. Inicialmente relató que debió huir de Mar del Plata hacia 1973 cuando la violencia política iba en ascenso tras ser objetivo de varios atentados y contó que estuvo detenido desde 1975 hasta octubre de 1982 en diversos lugares desde una comisaría de Vicente López, hasta los penales de Devoto, Sierra Chica y Caseros. Las fiscalas le preguntaron si su caso alguna vez llegó a algún juicio o se investigó y respondió que no, por lo que Mazzaferri anticipó que presentaría su caso ante la Procuraduría de Crímenes contra la Humanidad y ante la jurisdicción correspondiente.

Marcos dijo que se enteró del secuestro de su primo durante una visita que le hizo su padre en Sierra Chica. Y relató que pese a que pocas veces José accedió a hablar del tema, él se interiorizó de lo ocurrido y afirma no tener dudas de que el secuestro de “Pepe” “está relacionado con La Noche de las Corbatas”.

“Creemos que se salvan porque ocurrió días después de la muerte de (Norberto) Centeno en la tortura, por lo que se armó un gran revuelo internacional”, expresó.

Centeno fue uno de los abogados laboralistas secuestrados el 6 de julio de 1977 en el marco de la denominada “Noche de las Corbatas” y murió en el centro clandestino de detención “La Cueva” como consecuencia de la tortura. Su cuerpo apareció en un camino vecinal el 11 de julio. Por entonces, los medios dieron cuenta de la versión hecha circular por los militares de que había sido víctima de un “enfrentamiento con subversivos” y hasta incluso enviaron un comunicado haciéndose pasar por Montoneros que se adjudicaba el asesinato.

Entonces, en su declaración, Marcos reforzó: “Mi primo fue quien armó el sindicato de judiciales de Mar del Plata. Fue durante años secretario de tribunales de Trabajo. Y toda la represión a los abogados estaba enfocada en lo laboral”.

Finalmente, reparó en que tras su liberación pudo ver dos veces a su primo, una de ellas en Barcelona: “Él decía que no quería hablar. Se sintió profundamente defraudado con cómo lo echaron de la Justicia y cómo lo dejaron sin apoyo”.

“LA VIDA SE PARTE EN DOS”

Sobre el final de su declaración, terminadas las preguntas de las fiscalas, Ana María dijo querer agregar algo más, para quedarse definitivamente tranquila. Así, introdujo que “emigrar es una situación sumamente difícil” y graficó que “la vida se parte en dos”: “Empieza una vida muy diferente, muy dura, pero que se va arreglando con el tiempo”.

También expresó que “la memoria permanece intacta dentro de los blancos que se puedan tener por la situación psicológica”. Y remarcó que le gusta decir que “la memoria se pierde o se adorna”, para concluir: “Yo prefiero decir que la he perdido y no adornado”.

Finalmente, contó que hoy tiene cuatro nietas nacidas en el extranjero y se enorgullece al contar que dos de ellas hicieron sus trabajos finales de bachillerato sobre las Madres de Plaza de Mayo y sobre la inmigración de Argentina a causas de la dictadura cívico militar.

“Es algo que quería decir para quedarme totalmente tranquila”.

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