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08/11/2020

La Cueva 3: 43 años después, otro recuerdo sobre el “deleite de la tortura”

Mientras el juicio continúa de manera virtual, la declaración de otra víctima sobre cómo fueron sus días en cautiverio en el centro clandestino de detención.

La Cueva 3: 43 años después, otro recuerdo sobre el “deleite de la tortura”
Algunos de los acusados en la primera audiencia de febrero (Foto: archivo / Qué digital)

En el tramo final del paso de testigos, una nueva historia de secuestro, torturas, golpes y sufrimiento se sumó –de manera virtual– al juicio conocido como “La Cueva 3”, iniciado en febrero, que se centra en el accionar durante la última dictadura cívico militar de cinco imputados en torno al centro clandestino de detención ubicado en el viejo radar de la Base Aérea de Mar del Plata. Daniel Santucho -al igual que su hermano Luis- contó el infierno vivido durante unas dos semanas en 1977 y expuso y lamentó el “deleite” que generaba en los torturadores cada una de las sesiones con las que buscaban “sacarles información”.

El debate, que continúa realizándose de manera virtual, juzga un tercer tramo de la megacausa “La Cueva” y tiene como imputados a Emilio Guillermo Nani, Juan José Banegas, Miguel Ángel Ruiz, Ceferino Silva y Eduardo Salvador Ullúa -que actualmente es juzgado también en la ciudad en el marco del segundo juicio por el accionar de la organización de ultraderecha Concentración Nacional Universitaria (CNU)-.

Días atrás, como parte de las últimas audiencias en las que se reciben las declaraciones de nuevos testigos, los hermanos Santucho –que forman parte de las 61 víctimas que contiene el debate- sumaron su relato de lo vivido hacia abril de 1977 cuando fueron arrancados por la fuerza de su casa en la que vivían junto a su madre, durante la madrugada.

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Daniel Santucho integraba la Juventud Peronista por aquel entonces y participaba de las actividades de la unidad básica de su barrio, hasta que el 12 de abril de 1977 grupos armados entraron en su casa preguntando por “Miguelito” -otro de sus hermanos que sería secuestrado días después para luego liberarlos casi al mismo tiempo-, y se lo llevaron a él y a su hermano Luis, que no tenía ninguna actividad en agrupaciones políticas ni sociales.

Cada uno fue colocado en un baúl de un auto y así “empezó el martirio”, según describió Daniel ante preguntas de los fiscales Julio Darmandrail y María Eugenia Montero.

“Me vendaron los ojos, me ataron las manos y me metieron en un auto, que fue lo que también le ocurrió a mi hermano Luis. Me llevaron, anduvimos y recuerdo que pararon en un lugar, nos sentaron en el suelo y al rato nos volvieron a subir y nos llevaron a un lugar”, relató. Ese lugar era la Cueva, donde estaría alrededor de dos semanas y donde, aproximadamente día por medio, sería torturado.

Daniel recordó durante los primeros días del secuestro haber hablado con otro joven que había sido trasladado hasta allí, describió que estaba sumamente asustado y lo identificó como Jorge Pérez Catán, que había sido secuestrado junto a su hermana –Patricia Pérez Catán, que ya declaró en otros juicios- y que al día de hoy permanece desaparecido. “Estaba aterrorizado”, recordó.

“Empecé a sufrir cosas injustas, me empezaron a maltratar, me pusieron en una cama tipo de fierro y me empezaron a torturar, con una picana eléctrica, estuve con los dedos cortados. Me insultaban, me torturaban, de todo me decían”, expuso Daniel ante los jueces Daniel Obligado, Fernando Machado Pelloni y Sabrina Namer, inmerso en recuerdos que, afirmó, intenta olvidar.

“Había un personaje, un señor, que se burlaba mucho y me decía ‘qué linda manito que tengo yo, linda y preciosa, dios me la dio’. Y me torturaba, se burlaba y después me empezaban a hacer preguntas por nombres”, sumó.

Daniel contó que él participaba en la unidad básica de su barrio y se preguntó: “No sé si era delito pintar una pared o repartir folletos o  hacer obra social”.

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También el hombre recordó, como cada uno de los testigos que sobrevivió a su paso por el centro clandestino, haber escuchado permanentes gritos de otras personas mientras eran torturadas, golpeadas. “El deleite de ellos era la tortura, pegarnos, también nos hacían como que iban a fusilarnos y me ponían la pistola en la cabeza, psicológicamente nos decían de todo”, describió.

Su liberación se produjo pasados unos diez días, cuando lo llevaron a un lugar completamente oscuro, aún con las manos atadas y con los ojos vendados. “Ese fue un momento terrible, pararon, uno me dijo ‘Bueno, ahora agarrá y empezá a caminar y no se te vaya a dar para mirar para atrás porque te matamos’. Creía que me iban a matar. Pero se fueron, me dejaron libre, con las manos atadas”, recordó. Para ese entonces, su hermano Luis también había sido liberado.

“Es algo que me costó muchísimo tiempo superar, por mucho tiempo no veía la hora de que pasaran los días para poder olvidar, porque verdaderamente fue tremendo”, expresó Daniel antes de cerrar su declaración y pidió “que se pueda llegar a la verdad, a la justicia, que es lo que tiene que reinar”.

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