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24/03/2020

La Cueva 3: 44 años después, el infierno relatado por un sobreviviente

Carlos Marchetti estuvo secuestrado una semana en el centro clandestino de detención y luego fue alojado en la comisaría cuarta. Torturas, horror y el proceso de intentar olvidar relatados por primera vez en un juicio.

La Cueva 3: 44 años después, el infierno relatado por un sobreviviente
(Fotos: Qué digital)

El 15 de septiembre de 1976 Carlos Alberto Marchetti tenía 18 años. Vivía en Mar del Plata, donde cursaba el primer año de ciencias biológicas. Pero decidió irse a pasar unos días con dos amigos que estudiaban en Tandil. En la madrugada, a la habitación de la pensión llegó un grupo uniformado y armado que los obligó a salir a los tres y los trajo secuestrados hasta Mar del Plata, al centro clandestino de detención La Cueva”, que funcionaba en el viejo radar de la Base Aérea de la ciudad. A 44 años, Carlos relató cómo fue el “infierno” que vivió durante una semana de torturas y cómo después permaneció detenido, hasta que finalmente lo liberaron.

Su testimonio se escuchó por primera vez en un juicio recientemente, en el debate que se realiza en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata en el marco del tercer tramo de la megacausa “La Cueva”, que tiene como imputados a Emilio Guillermo Nani, Juan José Banegas, Miguel Ángel Ruiz, Ceferino Silva y Eduardo Salvador Ullúa -que actualmente es juzgado también en la ciudad en el marco del segundo juicio por el accionar de la organización de ultraderecha Concentración Nacional Universitaria (CNU)-. El juicio contiene hechos configurados bajo los delitos de asociación ilícita, privaciones ilegítimas de la libertad, tormentos y homicidios de los que fueron víctimas 61 personas, entre ellos Carlos Marchetti.

Carlos recién empezaba a estudiar en la Universidad y no tenía militancia política. Hacía seis meses que el país estaba bajo la dictadura cívico militar. A mediados de septiembre de 1976, como tenía libre en la facultad, decidió irse a pasar unos días con dos amigos de la secundaria que estudiaban la carrera de veterinaria en Tandil.

Aquel 15 de septiembre a la madrugada en la habitación donde vivían los amigos de Carlos y donde también paraba él apareció un grupo militar uniformado y armado. Entre gritos, golpes e insultos sacaron a los tres a la calle, los subieron a un camión, les ataron las manos y les taparon la cara.

Carlos relató ante preguntas del fiscal Daniel Adler que en primer término los llevaron a un lugar cercano, en Tandil, donde pasaron alrededor de un día.

“En ese lugar comenzó un interrogatorio, sobre personas o situaciones que no conocía, no podía responder y comenzaron los tormentos”, expuso el hombre y detalló que esas torturas iban desde la picana eléctrica –fundamentalmente en la zona de los testículos-, a sumergirle la cabeza en agua y hasta quemarlo con cigarrillos.

Aquellos días en los que permaneció atado le provocaron una inestabilidad y parálisis en una de sus manos que tardó años en recuperar. Pero Carlos fue víctimas más tormentos. “Durante esa primera noche fui sometido a un simulacro de fusilamiento, además de los golpes y humillaciones”.

Tras pasar una primera noche en ese sitio de Tandil, donde Carlos recordó además haber escuchado a sus dos amigos ser interrogados y torturados, los tres fueron traídos en el baúl de distintos autos a “La Cueva”.

“Durante una semana, diariamente, fui sometido a una rutina similar de interrogatorios con torturas. Y en ese lugar perdí contacto con mis amigos, después supe que los habían liberado rápidamente”, expuso. Asimismo, recordó que dentro del centro clandestino había muchas personas tiradas en el suelo, en su misma situación, que por turnos eran llevadas a interrogatorios y ruedas de tortura.

En ese lugar Carlos permaneció todo el tiempo con una capucha, lo que llevó a provocarle una infección en los ojos.

Las preguntas en esos interrogatorios apuntaban en el mismo sentido: en nombrarle personas que no conocía para que diera alguna información de ellos.

¿Cómo era el día a día en “La Cueva”?, le preguntó el fiscal Adler a Carlos. Y él definió: “Un infierno, fue la peor parte de todo esto. Fue una rutina de estar encapuchado, atado, tirado en el piso y sometido a interrogatorios permanentes durante todos los días con tortura”.

En otro tramo de la declaración ante los jueces que encabezan el debate -Daniel Obligado, Sabrina Namer y Fernando Machado Pelloni- Carlos contó que después tomó conocimiento que en la noche previa un grupo de militares lo había ido a buscar a su casa en Mar del Plata, donde vivía con su padres y ahí habían averiguando dónde se encontraba.

LA COMISARÍA CUARTA Y LA LIBERACIÓN

Después de una semana en “La Cueva”, Carlos fue trasladado en el baúl de un auto hasta lo que después supo que era la comisaría cuarta. “Mi estado debía ser lamentable, las personas que estaban allí se asustaron con mi aspecto”, recordó y señaló que a partir de ese momento el trato hacia él, después de tanto horror, “fue un poco más benévolo”, ya que sus padres fueron notificados de que estaba allí y le pudieron llevar medicamentos, ropa y comida.

Tras casi un mes, Carlos fue liberado, “sin ninguna explicación, sin ningún documento, sin ninguna certificación de ningún tipo”, remarcó.

Durante su testimonio el fiscal le preguntó por los daños físicos pero también por los psíquicos que sufrió, y remarcó que aún hoy permanece afectado: “He estado más de 40 años tratando de olvidar”.

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