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24/03/2021

Ocho días de secuestro, interrogatorios y liberación: “Mi vida dependía de que cerrara la boca”

Hugo Omar Navarro fue interceptado en la calle por militares en noviembre de 1976 mientras volvía a su casa desde su peluquería. A 45 años, declaró en el juicio conocido como “Subzona 15 II”.

Ocho días de secuestro, interrogatorios y liberación: “Mi vida dependía de que cerrara la boca”
(Fotos: archivo / Marcelo Nuñez)

Era sábado 27 de noviembre de 1976. A Hugo Omar Navarro Vega lo esperaba en su casa su pareja, que estaba embarazada. Pasadas las 21, volvía de su peluquería. Pero al menos tres autos con militares a bordo lo interceptaron en el camino, lo subieron por la fuerza, le pusieron una capucha y lo llevaron con destino desconocido. Lo tuvieron secuestrado ocho días entre interrogatorios, maltrato y golpes, hasta que lo liberaron al ver que no le podían sacar información, bajo la advertencia de que no dijera nada de lo que le había ocurrido. “Con todo el dolor del alma, que me tuve que callar”, lamenta hoy, 45 años después, respecto al miedo que sintió por entonces.

Su testimonio se escuchó recientemente en el juicio por crímenes de lesa humanidad conocido como “Subzona 15 II” que se lleva a cabo en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata desde febrero y que tiene a siete imputados por delitos cometidos en perjuicio de 120 víctimas en la Subzona militar 15, que comprendió a General Pueyrredon, General Lavalle, General Juan Madariaga, Mar Chiquita, Balcarce, General Alvarado, Lobería, Necochea y San Cayetano. Se trata de un segundo tramo de la causa que ya tuvo a 35 condenados en 2020.

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Hugo se sentó de manera virtual ante los jueces que encabezan el debate -Fernando Machado Pelloni, Héctor Sagretti y María Claudia Morgese Martín- y comenzó a relatar el terror que sufrió durante ocho días en los que no sabía cuál sería su destino.

Inicialmente, recordó que su casa estaba ubicada en Fleming y Azopardo, a once cuadras de su peluquería, de la avenida Fortunato de la Plaza al 4600. Y explicó que cuando le faltaban cien metros para llegar, alrededor de las 21, lo interceptaron con tres autos, lo introdujeron en uno por la fuerza y se lo llevaron encapuchado en un viaje que duró al menos una hora hasta llegar a un destino desconocido. “Me bajaron con una capucha y me llevaron a un lugar, pasamos dos puertas y me metieron en un depósito o algo así”, relató.

En ese momento empezaron los interrogatorios, de manera permanente. “Me preguntaban por personas que no conocía, insistían en que cómo no los iba a conocer y me llevaron a un costado, me sacaron toda la ropa, me dieron una ropa que había ahí y me volvieron a interrogar”, rememoró sobre sus primeras horas en cautiverio.

Fui golpeado, la pasé bastante mal, al otro día igual. Me insistían con una cantidad de nombres, unos 40 ó 50 nombres, que tenía que conocer a alguien de ellos y yo no conocía a nadie”, agregó

Hugo recuerda que comía poco y nada, que lo golpeaban mientras lo interrogaban y tiene aún hoy presente dos de esos golpes que le dejaron marcas: uno a la altura del estómago y otro en los testículos. “Así, día a día, me iban torturando, pegando y preguntando de esas personas que yo en realidad no conocía a nadie”.

El hombre afirmó ante las preguntas de los fiscales Julio Darmandrail y Eugenia Montero que cree estar seguro de que en ese lugar no había otras víctimas secuestradas, aunque sí planteó que entre diez y doce personas iban permanentemente al lugar además de quienes lo cuidaban, lo llevaban al baño y le daban de comer.

Los representantes de la fiscalía: Julio Darmandrail, Eugenia Montero y Laura Mazzaferri

Así pasaron siete días hasta que en un momento escuchó un “revuelo” entre los presentes: “Creo que necesitaban el lugar o me iban a pasar a otro lado. Cuando se van en los coches, queda la persona que me cuidaba, me insistía y yo le decía que no conocía a nadie. Me decía que me convendría hablar, decirle, porque los datos eran que yo conocía a esa gente”.

Y al día siguiente escuchó un anuncio que no supo si creerlo o no: “Me parece que te vamos a sacar de acá”. Sobre la tarde de aquel domingo, le dieron su ropa, sus pertenencias y después lo subieron a un auto.

“Mirá, tuviste suerte, me parece que te vamos a dejar ir“, le dijeron. “Era una cosa que me saltaba el corazón del cuerpo”, recordó sobre ese momento y relató que en todo el viaje sus secuestradores le iban “explicando todo lo que no tenía que hacer” una vez liberado: “No tenía que decir lo que había pasado, no tenía hacer la denuncia. Yo tenía que callarme la boca y agradecer que me iban a liberar”.

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Oscar fue trasladado hasta un descampado, en cercanías de la avenida Champagnat. “Ahí me bajan, me hacen caminar, me pusieron atrás de un árbol. Me hicieron repetir todo lo que me dijeron. Y me dijeron que se iban y que yo nunca lo había vivido y que nunca lo había pasado y que tenía que esperar no sentir el ruido del auto para después salir”.

Y así fue. “Yo tenía miedo de salir y que pasara algo”, señaló, pero luego finalmente comenzó a caminar y a algunas cuadras se tomó un colectivo para volver a su casa. Ahí encontró una nota de su pareja y se fue a lo de su suegra, donde finalmente se reencontraron.

“Charlamos un rato a ver qué hacíamos, a los días volvimos a hablar. Ella me dijo que no se arriesgaría. Así que no comenté nada de lo que me había pasado con ningún vecino, aunque la mayoría sabía. Y nos pusimos de acuerdo de no hablar con nadie del tema”, relató y expuso que, en ese sentido, no realizó denuncias sobre lo ocurrido. “Mi vida dependía de que cerrara la boca. Le puedo garantizar, con todo el dolor del alma, que me tuve que callar. Era muy riesgoso. Así que decidimos hacer un pacto de decir ‘nos olvidamos de esto y seguimos adelante’, y así fue”, expone hoy, a casi 45 años, y cuando algunos de los responsables están siendo juzgados.

Ante preguntas de la fiscala Montero, Hugo contó que la única militancia política que tuvo fue, tiempo antes del episodio, haber asistido en tres oportunidades a reuniones vinculadas al radicalismo, y expuso que dos primos de su pareja se encuentran desaparecidos, aunque reparó que ello ocurrió luego de su secuestro y que ninguno de ellos estaba entre el listado de las personas por las que le consultaban en los violentos interrogatorios. También describió que previamente, en dos oportunidades, militares lo habían intimidado en su casa: en busca de armas, revisaron cada rincón. “Yo tenía una tranquilidad enorme porque nunca tuve armas”.

EL JUICIO

El juicio “Subzona 15 II” se lleva a cabo desde febrero pasado todos los lunes con audiencias virtuales y en él se encuentran acusados Carlos Alberto Suárez -ya condenado a prisión perpetua en abril del año pasado– ,Emilio Guillermo Nani -actualmente también juzgado en la causa “Cueva 3“-; Rubén Enrique Miguel Fernández;  Carlos Víctor Milanese; Enrique Horacio Capella; Julio Efraín Irizarri; y Juan Ramón Goicochea.

Los acusados revistieron cargos en el Ejército, más específicamente en el área de inteligencia, y, de acuerdo a la causa, fueron los principales responsables de coordinar y comandar el trabajo de inteligencia en la zona territorial bajo su ámbito de mando. El primer tramo de la investigación, en el cual fueron acusados los jefes y subjefes de la subzona y áreas respectivas, ya fue juzgado en un debate que se cerró el año pasado con 35 condenas, que incluyó también a acusados de otras megacausas como “Base Naval” (tramo 5 y 6) y “La Cueva” (tramo 2).

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