Secta en el Hotel City: se sumó un quinto acusado y hay 33 víctimas

El juez Santiago Inchausti resolvió la ampliación de los procesamientos dictados en la causa. Un psicólogo e instructor de yoga quedó imputado por esclavitud y trata de personas. Ayudaba al líder de la banda a captar a las víctimas.

22/12/2018
Secta en el Hotel City: se sumó un quinto acusado y hay 33 víctimas
(Foto: archivo/QUÉ Digital)

Ya son seis las personas imputadas en el marco de la causa que investiga a la organización que funcionaba en el Hotel City -de la Diagonal Alberdi al 2500-, acusadas de formar parte de una secta religiosa que explotaba sexual y laboralmente a sus víctimas, que hasta el momento son 33.

El juez federal Santiago Inchausti resolvió la ampliación de los procesamientos dictados en la causa. La nueva resolución sumó un nuevo y quinto imputado, quien actuaba como psicólogo e instructor de yoga en la organización, y las acusaciones por 28 nuevas víctimas. A su vez, se confirmaron en esta instancia del proceso, 13 casos de falsedad ideológica de instrumento público y supresión del Estado civil al anotarse como hijas/os de otros miembros de la secta, hijas/os propios del líder de la banda.

Los embargos también fueron ampliados hasta cubrir la suma de 66 millones de pesos, respecto de cada imputado, con el objeto de garantizar la posible pena pecuniaria, la indemnización civil y las eventuales costas del proceso, dada la magnitud de los hechos, que involucran, en principio, a 33 víctimas con posibles daños psíquicos, físicos y morales.

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En la organización sectaria -de acuerdo a la prueba reunida-, que era manipulada por los cinco imputados que permanecen con prisión preventiva, coexistían tanto víctimas que fueron captadas abusando de la situación de vulnerabilidad en la que se encontraban inmersas, como víctimas que nacieron en cautiverio.

Todas ellas eran obligadas a permanecer allí por circunstancias ajenas a su voluntad, mediante la imposición de temor, violencia, encierro, exhibición de armas, golpizas, convirtiéndose en este contexto en objeto de diversos hechos de torturas, vejaciones, trabajos forzados, relaciones sexuales no consentidas, matrimonios falsos y, en el caso de 13 de las víctimas, de alteración de su identidad.

Luego de los allanamientos, detenciones y procesamientos dictados en julio por la Justicia Federal, el avance de la investigación permitió ampliar las imputaciones, tanto por el delito de trata y reducción a la servidumbre, como así también los casos de abusos sexuales, torturas y vejaciones, y el delito de hacer incierto y alterar la identidad de menores de diez años, el que concurre idealmente con el delito de falsedad ideológica de instrumento público.

En ese sentido, fue clave que la realización de exámenes de ADN ordenados por el magistrado a requerimiento del fiscal Nicolás Czizik, los que permitieron corroborar los testimonios de las víctimas que daban cuenta de su inscripción como hijos/as de matrimonios ficticios ordenados dentro de la secta y revelar sus verdaderas identidades biológicas como hijas e hijos del principal imputado.

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 EL ROL DEL QUINTO ACUSADO EN LA SECTA 

Tras su reciente hallazgo y detención en la Ciudad de Buenos Aires, el juez también procesó por el total de 33 víctimas al psicólogo de la secta. Las pruebas arrojaron que el hombre era parte de la organización desde sus inicios, bajo su función profesional, como instructor de yoga, e incluso como disertante en conferencias.

Precisamente a raíz de esas conferencias, el imputado mantenía charlas personales con algunas de las personas que asistían, detectaba sus vulnerabilidades e informaba luego de ello al líder de la banda, para lograr su captación. Además, se lo acusa de haber abusado de la situación de superioridad que poseía en la organización, para someter sexualmente al menos a una de las víctimas.

En relación a los hechos de abuso denunciados, es importante marcar que el líder de la banda habría tenido, según relatos de las víctimas, aproximadamente quince hijos, trece de ellos con seis madres diferentes, y los restantes con dos de sus hijas biológicas, los cuales -salvo un único caso- habrían sido inscriptos o registrados como hijos biológicos de otros miembros de la congregación.

Hasta el momento, tres mujeres lograron denunciar los abusos cuando tenían entonces entre 9 y 13 años, aunque hubo casos que se prolongaron y reiteraron en el tiempo. En este sentido, la resolución repara en el proceso que conlleva poder dar cuenta de ello. Una de las jóvenes contó que con el tiempo se pudo dar cuenta de que lo sucedido había sido una violación, a pesar de que el principal acusado se lo hacía sentir como “una enseñanza”.

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