Subzona 15: recuerdos de persecuciones, huidas y secuestros

Rafael Garnica había sido detenido y torturado en 1976, pero logró escapar. En diciembre de 1977 lo encontraron, le dispararon y se lo llevaron. Un hermano pudo reconstruir los hechos 30 años después y ahora declaró en el juicio.

31/03/2019
Subzona 15: recuerdos de persecuciones, huidas y secuestros
(Fotos: archivo / QUÉ Digital)

“No vengo a hablar con odio”, advirtió Héctor Garnica. En 1976 a su hermano Rafael Enrique se lo llevaron de su casa junto a otro de sus hermanos, Juan Carlos, y los alojaron en la comisaría cuarta, donde los torturaron. Pasados unos diez días, a Juan Carlos lo liberaron, mientras Rafael había sido trasladado a la comisaría quinta, donde seguían las torturas. Pero una madrugada Rafael logró escaparse por un ventiluz. Y a más de un año de vivir escondido, lo encontraron en el barrio El Martillo, le dispararon varias veces y lo subieron al baúl de una camioneta.

Desde aquel diciembre de 1977 su hermano Héctor y toda su familia no supo más nada de él. Justamente eso, el saber dónde está su cuerpo, fue lo que dijo su hermano buscar al prestar declaración días atrás en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo desde el año pasado en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata.

Rafael Bocha Garnica es una de las 133 víctimas contenidas en el juicio que se encuentran en calidad de desaparecidas. Además, de los 272 hechos que se ventilan, de 28 de ellas fueron encontrados sus cuerpos y 111 fueron liberadas en su momento luego de la detención ilegal. Son 43 los imputados por delitos cometidos en la Subzona 15 -ámbito jurisdiccional, compuesto por las áreas 15.1 y 15.2, que abarcó las localidades de General Pueyrredon, General Lavalle, General Madariaga, Mar Chiquita, Balcarce, General Alvarado, Lobería, Necochea y San Cayetano- y dentro de los centros clandestinos de detención conocidos como “La Cueva” y Base Naval.

“No vengo a hablar con odio, ni con sed de venganza sino que lo que se hable por lo menos sirva para saber dónde está él y los miles de compañeros y compañeras que todavía no han aparecido”, introdujo  Héctor, hermano de Rafael o el Bocha, al prestar declaración ante los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Alfredo Ruiz Paz y al responder preguntas de la fiscal Eugenia Montero.

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El relato del hombre se extendió desde que conoció la militancia de su hermano en Montoneros hasta su último contacto con él y más aún, hasta lo que le pudieron contar sobre el momento de su desaparición, algo que pudo reconstruir unos 30 años después.

Héctor recordó que se enteró de la militancia política de su hermano mientras él hacía la “colimba”. “Era militante, militante. No era guerrillero, ni asesino, era militante”, afirmó y remarcó aquello que se repite en cada uno de los procesos: que los compañeros de militancia no se decían sus nombres reales, ante el peligro que suponía ser secuestrado y torturado en cualquier momento.

El primer secuestro de Rafael Garnica se produjo hacia 1976, junto a su otro hermano Juan Carlos. Según relató Héctor en el juicio, en base a lo contado en su momento por Juan Carlos –que falleció en abril pasado-, a ambos se los llevaron de su casa. “Entraron civiles y militares, rompieron la puerta. Los sacaron, les taparon la cabeza”, relató y contó que Juan Carlos en ese momento estaba en recuperación, enyesado, luego de haber resultado herido tras un terrible choque de colectivos.

“Se los llevaron a los dos, pero Juan Carlos no quería hacer nada de política quería incluso que Rafael se abriera, que no participara de política”, expuso su hermano Héctor en el debate, en medio de una gran emoción y conmoción.

En ese marco, y de acuerdo a lo reconstruido por los hermanos, a ambos los trasladaron a la comisaría cuarta, donde los torturaron. Pasada entre una semana y diez días, Juan Carlos fue liberado, pero Rafael no. 

“El comisario le dijo ‘más vale que te vayas y por tu hermano no te preocupes’”, rememoró Héctor y contó que cuando Juan Carlos recuperó la libertad Rafael no estaba en la seccional cuarta, sino había sido llevado a otro lugar para torturarlo, a la comisaría quinta.

Una noche, Rafael logró escaparse, esposado, luego de romper un ventiluz. “De ahí se fue caminando, desnudo. Y se metió debajo de un puente en la 39, antes de llegar a Peralta Ramos, donde ahora está entubado el arroyo”, señaló. Mientras Rafael se escapaba y luego era ayudado por un compañero de militancia, Héctor estaba en Pirán, donde trabajaba en un campo. Y allí, tiempo después, una madrugada, apareció Rafael. “Un desastre el estado en que estaba”, recordó.

Sin poder precisar, debido al paso del tiempo, las fechas de cada momento del relato, Héctor relató que un día cuando él había ido hasta Ayacucho, donde vivía una de sus hermanas, Rafael se fue. “Cuando volvimos encontré en el catre una nota de él, se había ido. Lo perdimos por un tiempo largo. Lo buscamos, todos me hablaban de un tiroteo, pero nadie estaba seguro”, rememoró.

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 EL SECUESTRO FINAL 

Lo que pasó con Rafael, Héctor iba a enterárselo muchos años después -alrededor de 30- y lo pudo reconstruir a partir del relato de una conocida de su hermano y de una prima ya que un tío fue testigo del momento que fue secuestrado.

Pasados muchos años, y en medio de un acto en recuerdo de los desaparecidos en el Puerto de Mar del Plata, una mujer –que después supo que también estuvo detenida muchos años- se acercó a Héctor y le contó detalles de lo que pudo haber aquella jornada de diciembre de 1977 cuando ella había ido a ver a Rafael.

Según la reconstrucción, un grupo de militares y civiles llegó a la zona del barrio El Martillo, Rafael resultó herido y visiblemente afectado y sangrando logró avanzar algunas cuadras hasta lo de su tío, que también militaba.

“El tío como había sentido los tiros había salido a la vereda y lo vio que caminaba y lo conoció. Justo que aparece y que lo ve, ve también que aparece un auto con gente afuera de las ventanillas sacando armas. (Rafael) no alcanzó a darse vuelta, le llovieron los disparos y lo metieron al baúl del auto”, relató Héctor, de acuerdo a lo reconstruido.

En el cierre de su declaración, Héctor describió que hoy Rafael tendría alrededor de 70 años y expuso que recién casi 30 años después pudo reconstruir aquel episodio a partir del cual no supieron nada más de su hermano.

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