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08/12/2014

Caso Lario: “Espero que alguna vez alguien se quiebre”

Laura, la hermana del arquitecto desaparecido hace 29 meses, habló con QUÉ de los errores que tuvo la investigación. Está convencida de que Fernando no huyó y que tampoco se suicidó. Afirma que “alguien tiene que saber algo”.

Caso Lario: “Espero que alguna vez alguien se quiebre”

Fernando Lario lleva desaparecido 884 días. Su hermana Laura por momentos lo nombra en pasado porque siente que está muerto, pero a veces cuenta sobre él en presente, intentando inconscientemente traerlo a la vida. Dice que no puede perder esa ilusión porque no se permitiría dejar de buscarlo. El arquitecto se suicidó, lo asesinaron o huyó, pero ni siquiera hay pruebas de que haya salido de la Facultad de Arquitectura aquel sábado 7 de julio del 2012. Pasaron 29 meses desde la última vez que lo vieron y hasta hoy, absolutamente nada se sabe de él.

Las imágenes inconclusas de una cámara de seguridad. Un mensaje de texto poco claro. Y el hallazgo de su morral incompleto en Los Acantilados. Nada más, a excepción del testimonio de una taxista que no coincide con el resto de las pruebas y algunos llamados desde distintos puntos del país que tampoco llevaron a encontrar alguna pista más sobre el arquitecto marplatense desaparecido en democracia.

Laura, su hermana, conoce la historia de memoria y recuerda a la perfección fechas, nombres, horarios y lugares. En una entrevista con QUÉ cuenta que le cuesta dormir, que está medicada para conciliar el sueño y que la vida de su madre, la suya y la de su familia quedó detenida en el tiempo a partir de la desaparición de Fernando. Hoy de a poco está empezando a rehacer su vida con su esposo Luis, pero admite que absolutamente todo lo que le ocurre en el día la lleva a hacerse una y otra vez la misma pregunta.

¿DÓNDE ESTÁ FERNANDO LARIO?

El 6 de julio del 2012 Fernando Lario pasó la noche con su novia, Carmen, con quien mantuvo durante casi 9 años “una relación enfermiza” plagada de celos, infidelidades y discusiones. Al día siguiente, el sábado 7, ella lo llevó a la Facultad de Arquitectura, ya que ese día había elecciones del claustro docente. A Lario una vez más le fue mal, aunque había sacado más votos que otras veces.

El arquitecto se despidió de Carmen, entró a la Facultad y volvió a comunicarse con ella cerca de las 13.45. Habló por teléfono más de 5 minutos. El arquitecto le mandó luego el último mensaje de texto del que se tiene rastro: “Los libros son para vos, los discos son para F… (su hijo) Hacé que esto se cumpla por favor. Perdón por todo, te quiero mucho. La vida es una mierda”.

Las cámaras de seguridad de la Universidad registraron a Fernando Lario minutos después mientras caminaba dentro del edificio. Subió a la sala de profesores, bajó dos pisos por las escaleras y se dirigió hacia el pasillo que conecta a Arquitectura con la Facultad de Humanidades. Justo ese día una de las cámaras dejó de funcionar. “Desde entonces no se lo ve más a mi hermano”, dijo Laura. No tenía auto y su moto estaba en arreglo.

Al día siguiente una joven que casualmente también estudiaba en la Universidad encontró el morral del arquitecto en Los Acantilados. Contenía las pertenencias de Fernando, aunque faltaban la tarjeta del colectivo, los lentes y su teléfono celular. Días después se detectó el uso de la tarjeta, aunque en la misma zona en la que se halló el bolso y todo indica que fue usada por quien lo encontró.

“Supuestamente la chica dio vuelta el morral y cuando volvió a guardar las cosas no se dio cuenta y dejó afuera la tarjeta de colectivo. Pero también me queda la duda… ¿Y si se quedó también con el teléfono?”, contó. El celular no pudo ser rastreado ya que no volvió a encenderse. Al día de hoy Laura aún se despierta alarmada y revisa la pantalla de su teléfono por las noches esperando una señal.

Casi 24 horas después del hallazgo en Los Acantilados, la hipótesis del suicidio cobró fuerza. Pero desde el primer momento Laura Lario descartó ese final. Asegura que “es imposible” que su hermano se haya suicidado. Se hizo un rastrillaje, aunque algo precario, según la hermana del desaparecido, y no se encontró nada.

LARIO 2“Mi hermano no se suicida. De la única manera que se podía matar era con 50 pastillas de viagra y 30 minas arriba de él”, aseguró Laura con una mezcla de humor y bronca, refiriéndose a lo que nadie podía negar, que era mujeriego.

De hecho, cuando se halló el morral, Isabel, otra novia que Fernando tenía desde hacía unos ocho meses en Capital Federal se enteró de su desaparición. ¿Cómo se enteró? Lario le había dicho que tal vez ese fin de semana viajaría a verla a Buenos Aires junto a su hijo.

Isabel se contactó con la familia cuando se radicó la denuncia y su hermana no titubea al afirmarlo: “Todo el mundo sabía que era mujeriego”.

“¿Y qué?”, se pregunta Laura pero luego grita: “Si está muerto quiero que aparezca ya. No quiero que pase más el tiempo, porque no vivís, no dormís… tomo medicación para dormir porque no dormía… tenía el teléfono al lado desquiciada esperando una señal. Los 29 meses es un quiebre terrible en la familia por el lado que se lo mire”.

Entonces si no se suicidó, huyó. “Que se haya ido lo descarto totalmente, fundamentalmente por cómo era el vínculo con su familia, por tener un hijo en ese entonces de 12 años, porque nos mandaba mensajes por todo cuando se iba a algún lado”.

Además, Fernando Lario era un hombre inteligente, instruido, capaz. No se llevó ropa ni la faja que usaba por su hernia de disco. “Si mi hermano se tenía que ir, no se llevaba el teléfono. Por eso, si se tenía que ir… de alguna manera igual hubiese avisado, lo sé. Por eso…plantarme a mí un morral en la costa para simular un suicidio, conociéndome, que soy una loca de atar y voy siempre para adelante… hasta que me den el cuerpo no voy a parar de buscarlo. Entonces un tipo vivo no hace eso”.

La hermana del arquitecto confiesa que su hija de 9 años, que también recibe asistencia psicológica, le dijo que soñó “que levantaba una sábana blanca y que abajo estaba el tío muerto”. “¿Y yo qué le digo?”, se pregunta.

Enciende otro cigarrillo, piensa y repasa los hechos en voz alta: “Entonces todo otra vez. Estaba en la Facultad. ¿Qué le pasó?  ¿Por dónde salió? ¿Salió? ¿Se equivocaron? O lo mataron ¿quién lo mató? ¿Para qué? ¿Qué motivo había para matarlo? ¿Una persona desquiciada? Tenés que saber aguantar un muerto. Limpiarlo, esconderlo, aguantarte, que nadie se quiebre… es todo muy raro”.

Sara, la madre de Fernando, “siente que está muerto y yo también lo creo; siento que no está”, admite Laura pero luego aclara: “Pero si yo no pienso en que él está vivo, no puedo seguir. Dicen que hay que aceptar las cosas que no se pueden cambiar. Yo no puedo aceptar, no voy aceptar y no quiero aceptar”.

LA DENUNCIA, EL PRIMER ERROR DE LA INVESTIGACIÓN

La búsqueda de Fernando Lario arrancó con el pie izquierdo. El día que se encontró el morral en Los Acantilados se radicó la denuncia por averiguación de paradero. Que Carmen, la novia, haya sido quien efectuara la denuncia fue, según Laura, un “gran pero gran error”.

“Hizo mal la denuncia. Dio cambiada la vestimenta, aunque se puede haber equivocado, aunque es raro porque la noche anterior había dormido con él.  Pero no te podés confundir con los tatuajes”, contó.

Carmen denunció que Fernando no tenía ningún tatuaje. Pero en realidad, tenía 13. Uno de ellos en todo su antebrazo con la frase de Néstor KirchnerNo llegué hasta acá para dejar mis convicciones en la puerta”.

El error desvió y complicó la investigación. No solo porque durante semanas la policía buscó un cuerpo sin tatuajes, sino porque pocas horas más tarde, pasadas las 2 de la madrugada, Laura Lario fue citada a la comisaría segunda para ir a reconocer un cuerpo a la morgue que, al llegar, no tenía ningún tatuaje.

“Si ella hubiese dicho que Fernando sí tenía tatuajes, yo me hubiese evitado pasar por esa situación de mierda de tener que ir sola a la morgue a las 2 de la madrugada a ver un cuerpo”, explicó la hermana del arquitecto, haciendo referencia al trauma que genera el hecho de ir a reconocer un cuerpo con una ilusión ambigua que finalmente dejó aún más dudas.

Carmen Graciela Maldonado rectificó semanas después la denuncia en Fiscalía General. Meses más tarde se alejó de la investigación y del entorno de la familia de Lario. Sin embargo, como su nombre figura en la denuncia, tiene acceso a la causa, que está a cargo de María Isabel Sánchez y Fernando Berlingeri (titular del Cuerpo de Asistentes Fiscales).

“EL SISTEMA NO ESTÁ PARA BUSCAR A NADIE”

Fernando Lario RecompensaEl nulo avance en la investigación a lo largo de más de dos años dejó sin el más mínimo nivel de credibilidad a la familia Lario en la justicia, la política y la policía. “El sistema no está para buscar a nadie”, afirma convencida la hermana del arquitecto.

Por datos sobre el paradero de Fernando Lario hay una recompensa de 200 mil pesos. Su fotografía solo está pegada en algunas otras ciudades. En las fronteras, según su hermana, “supuestamente la foto está cargada en el sistema y si pasa con documento, salta. Pero no les creo. A nadie le puedo creer después de 29 meses”.

La familia Lario tuvo dos abogados: Lucía Castorina y luego César Civo, aunque por las exigencias que -según Laura- puso este último, optaron directamente por no tener un representante legal. De hecho, hoy no tienen abogado.

Desde la Facultad de Arquitectura “no se hizo nada, ni acompañan nada ni impulsan nada”, contó. En cambio, continuó, “se encargaron de decir que había estafado a una persona y que se había ido con la plata, pero pasaron 29 meses y tiene un hijo de 14 años. No me importa lo que hizo. Algo le pasó a mi hermano y quiero que saber qué”.

Incluso, alza la voz y afirma: “Si alguna vez aparece yo voy a ser la primera que lo cague a trompadas y si se mandó una cagada, yo misma lo meto preso en Batán, pero que aparezca. Él, el cuerpo, lo que sea. Pero que aparezca”.

Por otro lado,tampoco se tomaron las huellas dactilares ni del morral ni del saco encontrado en Los Acantilados y “el rastrillaje se hizo con unos pocos policías, un perro enfermo y celulares, un desastre”. La inoperancia sigue.

Cuenta Laura Lario que el ministro de Justicia de la Provincia, Ricardo Casal, le dijo al reunirse con ella en la Jefatura Departamental de Mar del Plata “que no tenía presupuesto para ayudar”.

Tiempo después, el diario La Capital publicó un día el aviso de recompensa. Para la hermana, “era raro… algo pasaba o alguien importante venía, porque si no tenés que pedir por favor que te lo publiquen”.

Efectivamente, ese día Daniel Scioli se encontraba en Mar del Plata y los medios aliados a la gestión del gobernador, debían mostrar seguridad. Laura Lario fue a buscar al mandatario y pese a que el personal de custodia intentó impedírselo, logró reunirse con él unos pocos minutos en el CEMA, pero antes ocurrió algo insólito que dejó en evidencia al ministro Casal.

“Nos metieron en la parte de mamografías, entró Scioli, Pulti -que siempre que pudo me dio una mano- y Casal… lo de Casal es mundial. Yo me había ido para la mierda aquella vez que lo había visto en la Departamental. Y el tipo entró, se adelantó al gobernador, me abrazó como si fuésemos amigos de toda la vida y me dijo ‘Laurita, tanto tiempo, ¿cómo estás querida?’. Yo no pude reaccionar y decirle: ‘vos sos un hijo de mil puta’. Mi vieja no podía creer lo que vio y yo no llegué a reaccionar”.

La hermana del arquitecto no puede dejar de sorprenderse pese a haber contado la historia decenas de veces. Luego, “estuvimos unos minutos, Scioli me dijo que estaban trabajando y que iba a ver qué más se podía hacer, y se fue”.

Pasaron 29 meses y Laura Lario sabe que hoy “nadie está buscando a Fernando” porque “el sistema no está para buscar a nadie, son todos impresentables”.

Si no fue un suicidio, si no huyó y si su cuerpo aún no apareció, a 29 meses del último día que se lo vio con vida a Fernando Lario, son todas dudas y no hay certezas. Si Laura todavía creía en algo o en alguien, dejó de hacerlo. Su vida quedó detenida en el tiempo.

Solo puede estar segura de que a su hermano “algo le pasó” y además de poder encontrarlo algún día con o sin vida, tiene una única esperanza para ponerle fin al calvario que vive su familia. Solo porque dice estar segura de que “alguien tiene que saber algo”, enciende otro cigarrillo, mira a su hija de 9 años con la remera que tiene el rostro de su tío desaparecido y piensa en voz alta: “Yo espero que alguna vez alguien se quiebre”.

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