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17/06/2022

A 50 años del “Marplatazo”, uno de los hitos de la lucha obrera-estudiantil

Una manifestación de 1972 atravesada por la escalada revolucionaria posterior al Cordobazo, los crímenes de la CNU y la ascendente represión paraestatal.

A 50 años del “Marplatazo”, uno de los hitos de la lucha obrera-estudiantil
Registros de la marcha obrera-estudiantil del 14 de junio de 1972. (Fotos: archivo diario La Capital / gentileza Nahuel Domínguez)
Sebastián Alí

Por: Sebastián Alí

Esta semana se cumplieron 50 años de uno de los hitos de la lucha obrera-estudiantil de los setenta y probablemente la más importante manifestación de la que se tenga registro a nivel local: el “Marplatazo”, acontecido el 14 de junio de 1972 cuando la clase obrera y sectores medios estudiantiles confluyeron en un paro activo contra la dictadura que terminaría con un centenar de detenidos por las fuerzas militares que ocuparon Mar del Plata pero con el objetivo cumplido, la liberación de todos los militantes detenidos en los días previos.

El repaso por un hecho atravesado por la escalada revolucionaria y las “puebladas” posteriores al Cordobazo de 1969, el “bautismo de fuego” de la Concentración Nacional Universitaria (CNU) en Mar del Plata con el asesinato de Silvia Filler, el protagonismo ascendente del movimiento estudiantil y la agudización de la represión paraestatal en un clima signado por la radicalización política.

EL CONTEXTO

Tras la Revolución Cubana de 1959, el mundo occidental buscó por todos los medios evitar nuevos focos insurreccionales, sobre todo en Latinoamérica. En Argentina, el gobierno constitucional de Arturo Frondizi (1958-1962) sería el que empezaría a agudizar la noción del “enemigo interno” a través del Plan de Conmoción Interna del Estado (Conintes) que habilitó la “caza” de obreros, sindicalistas, partidos políticos y estudiantes de izquierda, organizados y combativos.

El Plan -como señala el historiador César Tcach– fue realizado en base a la Ley 13.234 aprobada en 1948 durante el primer peronismo y que abrió la posibilidad de la participación de las Fuerzas Armadas en la represión interna en un contexto de crisis de dominación, proscripciones y persecución.

En 1966 se inició la dictadura de Juan Carlos Onganía (autodenominada “Revolución Argentina”) que se propuso, sin plazos establecidos para el retorno democrático, conseguir el “orden institucional” amenazado por la “infiltración marxista” y, mediante ese disciplinamiento, a la vez implantar un programa económico regresivo hacia la puja distributiva.

 

Para este “Estado burocrático autoritario” (en términos del historiador Guillermo O’Donnel), las universidades eran una “trinchera ideológica del comunismo y la subversión” en las cuales se propuso intervenir duramente aumentando todavía más la radicalización. Es en este contexto que, según Juan Ladeuix y Alejo Reclusa en La Educación universitaria (1958-1976), “las represiones a los movimientos estudiantiles, se convirtieron en causales de movimientos de protesta muchos más amplios como fueron las ‘puebladas'”.

Así se llegó al Cordobazo de 1969: hito de la lucha obrera-estudiantil contra un gobierno dictatorial, una manifestación brutalmente reprimida por la policía y luego por el Ejército, que tuvo sus réplicas en otras ciudades del país y aceleró el proceso de radicalización política. También, derivó en un cambio de mando en la dictadura, que pasó a manos de Roberto Marcelo Levingston, quien luego dejaría el poder en Alejandro Agustín Lanusse, desde 1971.

En Mar del Plata y las luchas estudiantiles en la década de los ’70, Patricia Acuña y Mónica Fernández señalan que el Cordobazo actuó como “elemento conmocionante de la estructura política Argentina” al generar “nuevas formas y métodos de protesta”, también al inaugurar un período de “protagonismo activo del pueblo en sus reclamos”, y por “la aceptación de la violencia como método válido para enfrentar al régimen y la represión”.

Así, cuando diversas organizaciones sociales peronistas como Montoneros -al igual que otras de izquierda- ya habían optado por pasar a la lucha armada, la búsqueda del gobierno de facto de la “Revolución Argentina” de una salida electoral con un “Gran Acuerdo Nacional” que garantizara mantener la izquierda del peronismo alejada del poder, hizo crecer en paralelo una “purga” interna por la hegemonía del movimiento peronista con protagonismo de patotas parapoliciales como la CNU y, más tarde, la Triple A.

EL ASESINATO

La génesis del Marplatazo está ligada directamente al accionar de la CNU. El 6 de diciembre de 1971, una patota encabezada por Héctor Corres y Juan Carlos Gómez irrumpió en una asamblea que se estaba llevando adelante en la sede de la Facultad de Arquitectura de la entonces Universidad Provincial -hoy instalaciones del Rectorado de la Universidad Nacional-, contra la expulsión de dos alumnos en conflicto con un profesor identificado con la derecha peronista.

Armadas con barrotes y armas de fuego, unas 16 personas ingresaron al recinto, dispararon y mataron de un balazo a la joven estudiante de 18 años, a la vez que hirieron a otros dos alumnos.

Las autoras reconstruyen que entonces se conformó una “Coordinadora de Repudio y Justicia” integrada por parientes y compañeros de Filler: sería el comienzo de una confluencia entre estudiantes, partidos políticos y organizaciones gremiales en repudio al asesinato. Mientras tanto, ya en enero del ’72 se dictó la prisión preventiva de los implicados -todos miembros de la CNU– aunque algunos de ellos quedaron prófugos: de todos modos, un año después todos serían beneficiados por la amnistía dispuesta en el gobierno de Héctor Cámpora.

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“El asesinato de Silvia Filler constituyó un punto de inflexión en el proceso general de luchas que venían desarrollándose en la ciudad, rápidamente se incorporaron gran cantidad de estudiantes secundarios, participando en las asambleas, actos y movilizaciones organizadas por los claustros universitarios”, reconstruyen Acuña y Mónica Fernández.

El paso siguiente por parte de las autoridades pasó por limitar al máximo las expresiones de repudio que se organizaban entre esa comunión obrera-estudiantil, al punto que se prohibió un acto previsto para el 7 de enero de 1972 que de todos modos no impidió la continuación del estado de movilización en los meses siguientes con reivindicaciones entre las que no solo se encontraba el repudio al asesinato -aunque ocupaba un rol importante- sino que incluían, por ejemplo, la lucha de las escuelas técnicas contra la “Ley Fantasma” de ese año.

EL MARPLATAZO

En mayo de 1972 se cumplían tres años del Cordobazo, ocasión en la que diversos centros de estudiantes llamaron a una concentración contra el régimen de Alejandro Agustín Lanusse y su GAN: la marcha salió de la puerta de la Universidad Provincial y fue brutalmente reprimida, con tres estudiantes detenidos como saldo. Sería una primera muestra del alcance que tendría la actividad represiva semanas después.

El marplatazo

El sector estudiantil decidió encarar un proceso de lucha para la liberación de los detenidos y declaró un estado de asamblea permanente, en el cual decidieron plantear a la CGT Regional Mar del Plata la implementación de un paro activo. “Que conste, para el pueblo de Mar del Plata, que ésta es una manifestación más de la escalada represiva de la dictadura asesina que bajo la máscara del Gran Acuerdo Nacional mata, tortura y encarcela, comete todo tipo de violaciones y vejámenes a los hombres y mujeres que luchan por la liberación de nuestro pueblo“, rezaba en ese entonces un comunicado interfacultades citado por las autoras.

Días después, al cumplirse seis meses del asesinato de Filler, el aula magna de la Universidad Provincial fue sede de un convocante acto en conmemoración y lucha. A su término, intentaron marchar pero la Policía no lo permitió y detuvo entre esa jornada y los días siguientes a ocho estudiantes, algunos de los cuales incluso habían declarado como testigos del asesinato y habían expuesto a los integrantes de la CNU.

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La detención de los alumnos y la puesta a disposición del “fuero antisubversivo” que se había montado en el Poder Judicial, incrementó los niveles de tensión y el movimiento estudiantil convocó a un paro total y empujó a la CGT a sumarse en una unidad obrera-estudiantil hasta lograr la libertad de todos los detenidos. La central sindical, finalmente aceptaría realizar un paro activo de 14 horas convocado para el 14 de junio, persiguiendo también demandas contra las políticas “antiobreras” de la dictadura.

En ese 14 de junio -séptimo día consecutivo de movilización estudiantil- fuerzas militares ocuparon Mar del Plata al mando del comandante de Artillería de Defensa Aérea 601, coronel Raúl Néstor Berisso, ante lo que consideraban “la amenaza de grupos subversivos” y con el objetivo de “que la imagen de Mar del Plata no cambie. Que la ciudad feliz lo sea por mucho tiempo“, mantenía el militar en declaraciones publicadas por el diario La Capital y citadas por las autoras.

Así, las fuerzas militares desplegaron un amplio operativo en el centro. Según reconstruye Nahuel Domínguez en Marplatazo: el movimiento estudiantil y la huelga política desafían la represión, fue movilizado el regimiento 10° de caballería blindada y bloqueó junto a las otras fuerzas armadas los accesos al centro de la ciudad. Mientras tanto, la “coordinadora” obrera-estudiantil concentraba en inmediaciones de la Universidad, en San Juan y Alberti, y diversos puntos del macrocentro, e incluso con trabajadores portuarios que movilizaron desde el Puerto.

Además de un alto nivel de acatamiento al paro, la jornada de movilización contó con disturbios y más de un centenar de detenidos, según publicaron medios nacionales que se hicieron eco de lo sucedido. Los demorados luego serían liberados, al igual que el último de los estudiantes que permanecía detenido desde hacía una semana y puesto a disposición del “fuero antisubversivo”, concretando así una de las principales reivindicaciones.

Para Acuña y Fernández, más allá de enmarcarse en una pendiente descendente del proceso insurreccional abierto en la década del ’60, “la jornada del 14 de junio puso de manifiesto la posibilidad de sincronización de la lucha entre la clase trabajadora y el movimiento estudiantil; ésto no había sucedido en el pasado y marcaba un punto de inflexión en la historia de las movilizaciones y luchas políticas que se dieron en la ciudad, es por ello que se produjo una fuerte movilización de las FFAA para lograr frenar la lucha de calles, la huelga política de mayor repercusión dentro de los límites de Mar del Plata“.

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