Acampar durante más de 20 días: “Esto se resuelve con corazón”

La protesta se mantiene hace 22 días ante la indiferencia de la Secretaría de Desarrollo Social: “Esto no es un juego, esto es real. Somos seres humanos, vivimos en Mar del Plata”.

30/05/2018
Acampar durante más de 20 días: “Esto se resuelve con corazón”
(Fotos: QUÉ Digital)

Pasaron 22 días desde que se inició el acampe de la agrupación Nueva Esperanza frente a la sede de la Secretaría de Desarrollo Social municipal. Pese al desaire político y las malas condiciones climáticas de los últimos días, la organización sostiene las medidas de fuerza y encuentran contención en la calle junto a sus compañeros.

“Que no nos quieran recibir, ni escuchar es una actitud machista. Nueva Esperanza está integrado 90% por mujeres que le quieren dar de comer a sus hijos”, denuncia Paola Tournoud ante la visita de QUE Digital al acampe que se encuentra instalado en uno de los accesos de la Secretaría de Desarrollo Social, en Teodoro Bronzini 1147.  Y agrega: “Supuestamente yo ya tengo dos causas penales; una por estar acá y otra por lo del corte del Parque Industrial. ¿Qué más nos queda? Vamos a terminar en cana, presos o muertos“.

El reclamo al gobierno tiene varias aristas, pero principalmente protestan ante la falta de interés en crear una mesa de negociación para solucionar el pago adeudado de trabajos -realizado a través de la cooperativa- y la falta de entrega de materiales para reparar viviendas afectadas por los temporales y alimentos.

Días atrás un grupo de mujeres de Nueva Esperanza trasladó el reclamo al Parque Industrial, pero la evasiva fue la misma y la lucha social se potenció. “Revertimos los roles, los varones se quedaron en el acampe haciendo la comida, limpiaron y ventilaron todo que estaba mojado por el temporal y las mujeres fuimos con los bombos a cortar al Parque Industrial”, destaca la referente.

Bajo la lluvia impiadosa mujeres y niños, acompañados por sus compañeros, sostienen el reclamo al Estado municipal. “Pero a este gobierno no le interesa. Dicen por todos lados: ‘Que se queden a vivir un año’ ¡Nos quieren dejar un año acá!”, relata Paola.

Esta medida superó en su extensión el acampe que llevaron el año pasado frente al Unzue -donde funciona Desarrollo Social de la Nación-, pero aún así la agrupación se ve fuerte y con ganas de seguir la lucha. “Yo estoy un poco desmejorada de salud, pero los compañeros están fuertes. El domingo hicimos una asamblea donde pensé que quizás los compañeros iban a aflojar, pero no, en el corte al Parque Industrial demostraron que estamos más unidos que nunca“.

La jornada atípica revirtió los roles en el acampe. “Es un placer para nosotras saber que contamos con los compañeros que nos cuidan, que sobre todas las cosas piensan en nosotras y que no hacen nada para perjudicarnos”, dice Paola.

Desde que se inició el reclamo, y con el pasar de los días, la rutina se volvió más compleja: “Es increíble llegar a esto, nunca pensamos venir acá para pedir comida. Nos daba vergüenza, pero hoy ya estamos pensando en armar el carro que teníamos guardado y no usábamos porque teníamos trabajo. Ahora estamos pensando en volver a armar al carro y salir a la noche a cirujear y buscar comida”.

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La luz del día comienza a irse dándole lugar a la noche hostil, algunos optan por volver a sus casas y otros se quedan para cubrir guardias hasta que amanece y cambian algunos puestos para sostener el acampe en condiciones. “Después a la noche vuelve el grupo que se queda hasta el otro día y así nos vamos turnando”, comentan.

Durante el día hay mucho movimiento y en la rutina diaria el acampe se convirtió en un punto de encuentro. “Los nenes de las compañeras no tienen para desayunar así que llegan antes de las 7 de la mañana, comen algo acá, para después ir a la escuela. También pasan a la tarde para tomar la leche”, cuenta Paola. Es que cuando hay hambre no hay pan duro y en el acampe se abastecen como pueden: en los últimos días comenzaron a recolectar sobras de algunos locales para darle a los chicos. “Días atrás no teníamos ni carne, ni nada para darle de comer y la verdad se nos hizo difícil pero los compañeros se la rebuscan para salir adelante. Hubo días que había dos berenjenas para todos. Pero por lo menos acá todos los días se come“, resalta Paola.

“A nadie le va a gustar venir acá a la intemperie con sus hijos, en la calle, bajo la lluvia, la tormenta ¿Para qué? ¿Para jugar? Esto no es un juego, esto es real como la lluvia. Somos seres humanos, vivimos en Mar del Plata. No tenemos trabajo“, apunta la mujer. Muchas son trabajadoras del pescado, amas de casa y trabajadoras que quieren vivir bien. “Teníamos una vida tranquila y en paz. Las compañeras de la Nueva Esperanza estaban estudiando para terminar el secundario, estábamos todos abocados a eso hasta que el gobierno le empezó a sacar el pan de la boca a nuestros hijos. Esto nos perjudicó el futuro de nuestros hijos”, agrega.

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- De mujer a mujer ¿qué le dirías a la secretaria de Desarrollo Social, Patricia Leniz?

– Lo que le estuve escribiendo todos estos días, porque ante todo somos cristianas y le escribí que se ponga una mano en el corazón y que nos dé la comida. No le estamos pidiendo que nos de un palacio o algo imposible. Creo que esto se puede resolver con una buena gestión, poniendo el corazón, poniéndose al hombro la lucha social y pelear por los que necesitan. Si acá no hay alguien con corazón, esto no se resuelve; porque la política es fría y nosotros intentamos ir por ese lado. Pero la presión es muy fuerte. Ellos dicen ‘No nos vamos a manejar por apriete’, pero no es apriete, nosotros estamos mostrando una realidad.

- ¿Eligen cerrar las persianas de la Secretaría para no observar el acampe?

– Sí, ahí bajan todas las persianas, dejaron apenas una abierta. Entran por la otra entrada porque somos flexibles y queremos que puedan entrar a trabajar porque nosotros cuando decidimos cortar la calle y cortar con los bombos pensamos en los vecinos. Mantenernos acá afuera no es un apriete. Todos lloran, pero nadie resuelve.

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NUEVA ESPERANZA

La Nueva Esperanza surgió hace doce años. “Tuvimos la idea de hacerlo porque en el barrio Libertad había mucha necesidad, durante muchos años la Corriente Clasista y Combativa (CCC) la dirigió el compañero Héctor Maciel que nos ha dejado en el camino una experiencia hermosa de lo que es la lucha social. Después se retiró del barrio y del movimiento. Y quedamos un poco a la deriva en el barrio”, dice Paola sobre los orígenes de la agrupación.

“Como pasábamos mucha hambre y necesidades, soñábamos con volver a ser lo que habíamos sido, unos grandes luchadores de la vida”, expresa y cuenta que así fue como, poco a poco, se fueron juntando las mujeres del barrio Libertad para planificar cómo mejorar la situación socio económica que las atravesaba: “Empezamos con las luminarias, el arreglo de calles, hicimos el comedor y después le buscamos el nombre”.

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Paola recuerda los inicios de la agrupación frente a un contexto actual que las empujó a realizar esta medida de acción. “En ese tiempo queríamos un cambio, pero esa palabra no la queremos usar más porque es la palabra que está destrozando y genera terror a los pobres”.

Desde los comienzos de la agrupación, fueron “90% mujeres luchadoras”. En este sentido, la referente explica la modalidad de trabajo: “Desde Nueva Esperanza articulamos trabajos con el Municipio, las compañeras estudiaron en la Uocra para tener mano de obra calificada y son las que hoy revocan, levantan paredes, colocan cerámicos y hacen trabajos de electricidad”.

Entonces, advierte: “Veníamos bien hasta que llegó este gobierno que destrozó el trabajo popular y del cooperativista”. Y puntualiza: “Los trabajos que realizamos y cumplimos en 15 días tardamos como tres meses en cobrar. Y es terrible porque terminás llevándote mil pesos y no rinde. Hoy ganas más con el carro en la calle”.

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