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10/11/2015

Asistencia a la Víctima: cuando el Estado elige no estar ausente

A semanas del cambio de gobierno y sin certezas de su continuidad, la Dirección trazó su balance: ayudó a encontrar a unas 90 personas desaparecidas y asistió, entre otros, a 79 víctimas de accidentes, 69 de homicidios y 24 de suicidios.

Asistencia a la Víctima: cuando el Estado elige no estar ausente
Gastón Herrera, titular de la Dirección General de Protección Integral a la Víctima, junto a vecinos durante un reclamo. (Foto: QUÉ Digital)

Soledad y Sebastián no se conocen. Es probable que jamás se crucen las caras, aunque vivan en la misma Mar del Plata. En esquinas geográficas opuestas de la ciudad, sobrevivían con lo justo. Aun lo hacen, aunque mucho más dignamente y con más derechos. Varios hijos, ningún trabajo, una casa destruida, un futuro sin destino, un marido y una esposa que murieron inesperadamente jóvenes. La historia se repite. Un Estado, al menos para ellos y tal vez sin intención, ausente durante décadas.

Junio de 2015. Mañana fría de invierno. Hacía un año que Sebastián había perdido a su mujer en el incendio de su casa que además lo dejó en la calle. Esa mañana, con sus tres hijos esperaba la llegada de “la gente de la Municipalidad”. Con ellos llegó un sobre cerrado con las tardías partidas de nacimiento de los tres menores, pocas horas después de que a sus 36 años obtuviera por primera vez su DNI, un documento que acreditara su identidad, aunque todavía no sepa leer.

Con el orgullo de la casilla que con sus manos, una pocas maderas, cartones y mucho ingenio levantó en el fondo de un terreno que le cedieron para tener un techo, Sebastián recibió a QUÉ y al personal estatal que había intervenido por primera vez en su vida para ayudarlo: la Dirección de Asistencia a la Víctima.

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La Dirección General de Protección Integral a la Víctima lleva unos 21 meses en funcionamiento. No existe como tal en ningún otro municipio del país más que en General Pueyrredon. Depende de la Secretaría de Seguridad del Municipio, pero su creación surgió fundamentalmente a partir de las ganas de ayudar, de la necesidad y de una demanda social.

La última palabra del nombre que lleva la oficina, su titular –Gastón Herrera– la heredó o más bien la trasladó de su participación activa en la Asociación de Familiares de Víctimas del Delito y el Tránsito que preside hoy Marcela Bravo de Acámpora (su marido fue asesinado durante un robo en enero del 2007) y que creó Érico Dagatti, a quien el dolor por el asesinato de su hijo Pablo en el 2003 no le impidió ponerse a la cabeza de un reclamo de justicia y seguridad hasta entonces no expuesto en Mar del Plata, materializado en esta ONG.

La Dirección trabaja cuerpo a cuerpo. Asiste víctimas, como su nombre lo indica. Tuvo respaldo político al ser un área del Municipio y eso le costó críticas a Herrera y a su gente. Tal vez el apoyo económico no haya sido suficiente. A horas del cambio de gobierno y sin la certidumbre institucional de que Asistencia a la Víctima seguirá funcionando como tal en el gobierno de Carlos Arroyo, esas son cuestiones menores y del pasado, si el foco se pone en lo que se hizo, en lo que marcan los números y en lo que falta.

Entre el 17 de febrero del 2014 y el 31 de octubre del 2015, el personal de la Dirección asistió a las víctimas de 74 siniestros viales, de 69 homicidios en situación de robo, de 24 casos de suicidio y de 185 casos de resolución de conflictos familiares o vecinales.

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Gastón Herrera y Marcela Bravo, integrantes de la Dirección de Asistencia a la Víctima (Foto: QUÉ Digital)

Intervino además en 25 casos de recuperación de espacios usurpados, asistió a más de un centenar de personas en cuestiones jurídicas de índole penal, civil y administrativo, brindó casi mil horas de psicoterapia individual naturalmente en forma gratuita, entregó más de cien colchones, muebles, materiales para la construcción y camas -entre otros bienes- a quienes perdieron todas sus pertenencias en diferentes hechos; otorgó casi 50 becas habitacionales, costeó cerca de 30 sepelios de familiares de víctimas que no tenían como pagar el servicio, y gestionó becas ante casos de violencia de género, además de sillas de ruedas y camas ortopédicas a enfermos en acciones conjuntas con la Dirección de la Mujer y Desarrollo Social. En 20 meses.

SOLEDAD, OTRO DESPERTAR

Septiembre de 2015. Al otro extremo geográfico de Mar del Plata, detrás de Villa Marista, a los 30 años Soledad se encontró sola con nueve hijos, un marido fallecido, una casa derrumbada, una bebé internada en el Hospital Materno Infantil con una traqueotomía tras una bronquiolitis, un día a día sin sentido y un futuro marcado por un estereotipo de la pobreza. Unas semanas antes de la primavera, algo o mucho de eso cambió.

Tres jóvenes donaron su tiempo pintan los postigos de la casa mientras un hombre mayor que donó durlock se ocupaba de bajar la altura del techo de lo que sería la pieza de las nenas, donde ahora hay camas confortables y no más colchones sueltos. Una de las hijas de Soledad alcanzaba arena para los revoques que se hicieron haciendo en las paredes. Leandro, el único varón, sonreía manchado por la pintura fresca. Atrás, personal de la Dirección de Asistencia a la Víctima trabajaba sobre la instalación eléctrica, la cocina, colocaba las ventanas y pintaba el interior de la casa que hasta hace una semana era prácticamente inhabitable debido a la falta de recursos de esta joven mujer que hace de mamá y papá a la vez todos los días.

De pronto la casilla se transformó en vivienda. La solidaridad cubrió -en parte- la ausencia de un Estado que no estuvo, o que la menos no había estado -igual que con Sebastián-, tal vez sin intención, por omisión. Soledad encontró gente que eligió ayudarla, aunque no fue fácil. Tendrá poco, será humilde y la vida tal vez no habrá sido justa con ella, pero sabe agradecer: “Me pasa que me levanto, veo la casa ordenada y me dan ganas de hacer el desayuno. Me despierto temprano con una sonrisa para llevarlos a la escuela. Y eso antes no pasaba. No tenía ayuda de nadie. Es otro despertar”.

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Sebastián y Soledad no se conocen. El ejemplo de ambos casos para graficar el trabajo de 20 meses de un área desconocida para muchos, valorada por las víctimas aunque criticada por algunos, no es el resultado sino la consecuencia: la inclusión social y la prevención del delito son más concretos en la práctica en la calle que en la prédica de los discursos políticos.

“TIENE QUE APARECER”

La Dirección de Asistencia a la Víctima intervino prácticamente en el 100% de las personas que fueron denunciadas por averiguación de paradero, como desaparecidas, desde su creación. Adultos y niños, principalmente adolescentes, entre quienes se registra la mayor cantidad de casos, a partir de los protocolos de búsqueda implementados, aparecen prácticamente la totalidad de las veces.

Según los datos que maneja el área, el promedio anual ronda los 145 menores que se van de sus hogares. En concreto, hay una denuncia cada dos días.

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Operativo de búsqueda para hallar a Candelaria Cifuentes, de 15 años, desaparecida en Batán. Apareció en 24 horas. (Foto: archivo QUÉ Digital)

Hasta su creación, no existía en General Pueyrredon una Dirección estatal más allá de las fuerzas de seguridad que interviniera en todos los casos de homicidio para asistir a las víctimas y darles contención. Como así tampoco que participara de todos los casos de personas que desaparecían.

Difusión de la identidad de la persona extraviada, investigación, entrevista con la familia, divulgación de la foto, búsqueda orientada más desde lo humano que de lo técnico, hallazgo y reintegración a la familia.

El protocolo y el resultado se repite con el dedicado trabajo, con aciertos y errores, del gabinete de prevención conformado, con el que también se interviene en cientos de conflictos domésticos, familiares o vecinales.

Sin embargo, en Mar del Plata hay actualmente cerca de diez jóvenes y adultos que siguen extraviados. Algunos hace meses, otros desde hace años. La atención sobre algunos de estos casos, pese a la carga horaria humana que demandó en estos 20 meses el trabajo realizado con cientos de víctimas, es de alguna manera una deuda pendiente para la Dirección que hasta el 10 de diciembre conduce Gastón Herrera. La frase con la que definió las ganas de poder encontrar a cada uno de los que faltan, es la que repite ante cada uno de los más de 90 casos en los que intervino: “Tiene que aparecer”.

El 22 de noviembre el ballottage define el futuro político del país. El 25 de octubre, las urnas determinaron el futuro político de Mar del Plata. De cara al 10 de diciembre lentamente -y tal vez con un misterio devaluado- se van conociendo los nombres de quienes estarán al frente de distintas área de un Estado que más allá del cambio de gobierno, sigue ausente en muchos lugares.

Asistencia a la Víctima podría continuar o no. Herrera, cerró el balance con la proyección de la Dirección: “El 10 de diciembre yo termino mi función. No me interesa seguir o no por el viento de la política. Me interesa que la oficina de Asistencia a la Víctima siga estando para evitar la revictimización, para que otros sigan dando una mano a la gente que de verdad más lo necesita”.

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