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31/10/2021

Centro barrial del Centenario: la contención social por sobre la violencia policial

El espacio que brinda asistencia terapéutica a unos 40 adolescentes y jóvenes fue escenario de un violento operativo. La tarea de recibir y escuchar a quienes son “echados de todos lados”.

Centro barrial del Centenario: la contención social por sobre la violencia policial
(Fotos: Qué digital)
Joaquín Lledó

Por: Joaquín Lledó

Con la experiencia desarrollada en los últimos años en el barrio Pueyrredon, integrantes de la rama “Vientos de Libertad” del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) desembarcaron hace un año en el complejo Centenario con un centro barrial que busca asistir a través de apoyo psicológico y social a pibas y pibes atravesados por el consumo problemático de sustancias y situaciones de vulnerabilidad. Y mientras las bases del proyecto siguen construyéndose a partir del trabajo con adolescentes y jóvenes que parten desde los 13 años, hace unas semanas un taller de mosaiquismo fue escenario de un violento accionar policial: la contracara de la tarea diaria de recibir y escuchar a quienes son “echados de todos lados”.

El movimiento social con representación a lo largo del país, además de organizar a trabajadoras y trabajadores excluidos y de la economía popular, empezó a impulsar hace 20 años acciones de “reconstrucción del tejido social”, según definen sus integrantes. Y en ese marco se encuentra la generación de dispositivos para asistir a poblaciones vulnerables y atravesadas por adicciones.

Ese trabajo es el que realiza “Vientos de Libertad” dentro del MTE hace cuatro años en Mar del Plata, con sede en el barrio Pueyrredon.

“Ahí venimos haciendo un laburo interesante de acompañar a los pibes y a las pibas en la organización y además asistiendo a pibes con problemas de consumo o situaciones de vulnerabilidad que necesitan apoyo psicológico y social”, describe Sebastián Wesenberg, acompañante terapéutico e integrante de la organización.

Así fue como en octubre del año pasado la experiencia adquirida en el barrio Pueyrredon se trasladó al complejo habitacional Centenario. Primero, el trabajo empezó en el comedor que el MTE tiene en el sector 15 y luego pudieron acceder a amplios locales donde hoy desarrollan sus actividades en Tierra del Fuego al 3100, frente al Centro de Atención Primaria de la Salud y al nunca inaugurado polideportivo barrial.

“Estos espacios nos permiten hacer talleres, un montón de actividades con los pibes y pibas, brindar atención psicológica y realizar entrevistas”, cuenta Sebastián mientras muestra uno de los salones más grandes donde se dictan los talleres.

En la actualidad, hay unos 40 pibes y pibas que asisten regularmente al dispositivo. Entre ellos hay un grupo grande de adolescentes de entre 13 y 16 años, que caminan el barrio juntos y en bloque y que así también asisten al espacio.

“A nosotros nos sorprendió y si se quiere nos descolocó en el trabajo porque veníamos acostumbrados a trabajar con jóvenes de unos 20 años y hace mucho la diferencia. Chicos de 13 años de vulnerabilidad social muy grande, de mucho riesgo y con consumo, con problemas con la ley, con una cultura marginal y con una edad muy chica en la que se presenta el ‘no me importa nada’”, describe. En el barrio, es ese grupo de chicos ruidosos y que suelen estar de bardo, pero que sin embargo acuden por sí solos al espacio de contención.

También se acerca al dispositivo una población más grande en busca de asistencia psicológica o de participar en alguno de los varios talleres que allí se brindan. “Nuestra propuesta es trabajar con esos pibes, y empezar a ofrecerles un lugar de contención”, define.

Para ellos, el espacio ha servido en algunos casos para anotarlos y que volvieran a la escuela, para tramitar el DNI que muchos no tenían, para acompañarlos a vacunarse y para recibir una merienda ante el hambre que siempre surge como una de las principales falencias.

“Todavía no podemos lograr que puedan comer acá y para nosotros eso es un problema porque vienen con hambre y lo único que podemos hacer es ofrecerles una merienda, pero la idea es que haya un espacio donde puedan comer, donde terminar la escuela, donde acceder a derechos que en otros espacios no han encontrado”, explica Kina Lamas, también integrante de “Vientos de Libertad”.

Y remarca: “Al ser una rama más del Movimiento articulamos con los comedores, con las cooperativas de trabajo, tenemos un trabajo bastante amplio que no queda solamente en que los pibes vienen y hacen un tratamiento por consumo sino que se les ofrecen un montón de alternativas que hacen que sean independientes o autosuficientes en busca de evitar que cuando no están acá hagan cualquiera. Nuestra idea es que ellos vayan creciendo y poder ir haciendo ese laburo como personas”.

MARGINALIZACIÓN

Que esos pibes y pibas concurran por su propia voluntad al espacio es uno de los principales logros a la hora de construir las bases para los objetivos de fondo de la propuesta.

De todos lados los echan”, advierte Kina.

– ¿Por qué vienen?

– Porque encuentran contención, un lugar que los aloja, un lugar en donde estar, donde se les brinda afecto, escucha. Eso no lo tienen. Los que tenemos todas esas cosas ni nos damos cuenta, pero para el que no lo tiene, el tener el lugar en el que te reciban, que te entiendan, que te alojen, es mucho, analiza Sebastián.

Chicho Rodríguez, otro de los integrantes del espacio, expone que los propios pibes y pibas les cuentan y dicen a través de su “cruda realidad” por qué concurren.

“Yo vengo al espacio y la verdad es que me la paso todo el día acá y no estoy pensando en salir y bardear, salgo de acá y me voy a mi casa”, le dijo uno de ellos hace pocas horas a Chicho. “Los sorprende a ellos mismos”, remarca.

Vengo acá y no estoy pensando en ir a robar un celular y tener plata para ir y drogarme”, es otro de los testimonios con los que el joven expone los resultados del trabajo desarrollado, en palabras de los propios pibes vulnerados.

DE LA CONTENCIÓN SOCIAL A LA VIOLENCIA POLICIAL

Hace dos semanas, el centro barrial vivió un episodio de violencia estatal que sus integrantes no recuerdan haber atravesado en sus largos años de trabajo territorial.

Según cuentan, en medio de un operativo en el complejo habitacional de la Policía Bonaerense y de Prefectura a partir de un robo que minutos antes había protagonizado en el barrio un chico de 13 años, los efectivos irrumpieron violentamente en uno de los salones mientras se realizaba un taller de mosaiquismo, donde nada había ocurrido. “De repente entraron a las patadas, a las piñas”, recuerda Sebastián.

Y relata que le pegaron a uno de los integrantes del espacio, lo sacaron del lugar y lo propio hicieron con los pibes que participaban del taller no sin antes maltratarlos. “Se metieron, le pegaron a los pibes, le pegaron a compañeros nuestros, estuvieron un rato largo, llegaron cinco o seis patrulleros, algo impresionante”, relata.

Les pibes es a lo que están acostumbrados, acá se los trata así, eso es lo que pasa. Los policías están también acostumbrados a eso. Y nosotros rompemos con eso, esto va a tener consecuencias, no va a pasar como si nada. Nunca nos pasó algo así”, señala Kina y expone que a la violencia física se sumó la discriminación contra un integrante del espacio. “A un compañero trans lo manosearon, le pegaron, lo discriminaron, no respetaron nada”, relata. “Vos no sos machito”, llegaron a decirle los policías, según recuerda Sebastián.

EL ABORDAJE PROFESIONAL

En el centro barrial se desempeñan psicólogos, trabajadores sociales y acompañantes terapéuticos, a partir de la articulación del MTE con la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina (Sedronar) y con el Centro Provincial de Adicciones (CPA).

Como parte de la estructura del MTE los centros barriales funcionan como la primera instancia de contención y asistencia ante las adicciones, y aquellos casos que requieren un abordaje de mayor complejidad son derivados a comunidades terapéuticas con las que cuenta el movimiento en las localidades de Marcos Paz y Tigre. Durante la pandemia también se articularon intervenciones con Posada del Inti en Mar del Plata. “Hemos hecho numerosas de esas intervenciones y acompañamiento a los familiares”, señala Kina.

En paralelo al trabajo desplegado en el complejo Centenario, quienes integran “Vientos de Libertad” se encuentran en su dispositivo central del barrio Pueyrredon en el marco de una campaña financiera para lograr comprar la sede –“La Rebelde”–, que hoy alquilan y que el dueño quiere vender.

Instalado ya en la comunidad como un lugar de referencia, buscan quedarse con el espacio para ampliarlo y sumar mayor asistencia. Entre las proyecciones se encuentra la constitución de una casa de medio camino donde pibes y pibas que no tiene donde estar, donde pasar la noche, puedan permanecer.

“Desde ‘Vientos de Libertad’ intentamos que quienes nunca pudieron acceder a algún tratamiento serio también tengan la posibilidad de tenerlo, porque no existen en Mar del Plata muchos lugares que asistan sin que los excluyan, y que en definitiva puedan acceder a la salud, porque es un tema de salud que está invisibilizado”, remarca Kina.

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