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26/06/2020

Cien días de cuarentena en Mar del Plata: así se transformó la ciudad

ESPECIAL | CIEN DÍAS DE CUARENTENA

Cien días.

Cien días pasaron desde que llegó el aislamiento social, preventivo y obligatorio, ASPO: una sigla que cambió la vida del país.

En Mar del Plata ya se habían suspendido las clases. Ya se habían prohibido los deportes y los espectáculos masivos. Ya se había decretado el cierre de restaurantes y de diversos comercios. En cuestión de días las medidas se aceleraron notablemente para intentar frenar el inminente avance del coronavirus.

A partir del 20 de marzo, el primer día de la cuarentena, nuevos términos empezaron a hacerse habituales.

Pasados cien días, nadie desconoce qué son los casos importados, los contactos estrechos, la circulación comunitaria.

Pasados cien días, Mar del Plata acumula más de 45 casos confirmados de coronavirus, con la mayoría de ellos recuperados y cuatro muertes. Un panorama sanitario, según definen las autoridades, controlado y positivo. Así, por ejemplo, el hospital modular que fue montado en pocas semanas al lado del Hospital Interzonal todavía no fue inaugurado.

En cien días, el ritmo de las calles se fue alterando progresivamente. En las primeras dos semanas del ASPO solo unos pocos rubros esenciales estaban habilitados y el paisaje urbano era el de una ciudad vacía.

“Esto no es joda”, definía el intendente Guillermo Montenegro.

Por aquellos días el cierre de las fronteras dejaba varados a cientos de marplatenses en diversos puntos del mundo. Lentamente, la mayoría de ellos pudieron ser repatriados, con fuertes medidas de prevención, como el aislamiento durante 14 días en hoteles acondicionados por la Municipalidad.

“Cuarentena administrada”, fue el primer nombre del sistema de fases que se empezaba a implementar en todo el país. Era la segunda etapa del ASPO e implicaba el inicio de la liberación de algunas otras actividades para sumarse a las esenciales.

El anuncio llegó luego del miedo que generó un desborde de adultos mayores en los bancos, ante una reapertura tardía. Y mientras tanto, en Mar del Plata se instalaban siete retenes en los accesos a la ciudad para limitar y controlar al máximo posible, y bajo distintos protocolos, los ingresos.

En las primeras semanas de la cuarentena, la reactivación de la pesca había despertado un intenso conflicto en Mar del Plata entre las empresas y los sindicatos, quienes reclamaban un protocolo acorde a la situación sanitaria. Semanas después, dos casos de coronavirus detectados a bordo de dos barcos encendieron las alarmas. Tras la recuperación de los infectados y sin nuevos contagios, se reforzaría el protocolo por medio del que hoy las empresas realizan testeos privados a los tripulantes antes de zarpar.

Hacia fines de abril, llegó la etapa de “segmentación geográfica” de la cuarentena para diferenciar a los aglomerados urbanos de más de 500 mil habitantes del resto. Mar del Plata parecía quedar estancada en esa fase. Pero poco a poco las excepciones empezaban a avanzar, sobre todo después de que el intendente Montenegro anunciara que había llegado el momento de la reactivación económica de la ciudad.

Con una situación epidemiológica controlada y pocos casos en relación a los proyectados, el intendente anunció que daría inicio a una reapertura administrada del sector productivo basada en estrictos protocolos.

A partir de ahí, la palabra protocolo se volvió una más del día a día y cada sector empezó a preparar el suyo: había pasado ya más de un mes de cuarentena y las necesidades empezaban a crecer.

Lo que también empezaba a crecer eran las consecuencias sociales, de los sectores vulnerables que ya estaban en una crítica situación o que inevitablemente llegaron a ella.

Los comedores y merenderos multiplicaron exponencialmente su asistencia. Se organizaron comités barriales de emergencia. Se tuvo que alojar a cientos de personas en situación de calle en un hotel. Y las cientos de familias que viven del basural tuvieron que suplicar con días enteros de protesta alguna ayuda oficial, que finalmente sólo se redujo a volver a entrar al predio, dos días por semana, a revolver la basura.

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El 8 de mayo llegó la “reapertura progresiva” de la cuarentena, etapa a través de la cual se continuó con la apertura de otras actividades en Mar del Plata, aunque algunas de ellas solo volvieron a habilitarse luego de múltiples protestas, como fue el caso de los comercios minoristas.

Si bien se realizó una prueba piloto, la reapertura se demoró: las imágenes de importantes aglomeraciones de personas en centros comerciales no cayeron nada bien en el gobierno provincial.

Entonces, empezaron y se sucedieron las protestas hasta que finalmente el 26 de mayo se concretó la reapertura.

El sector gastronómico -reducido en su funcionamiento al delivery y a la opción de retiro por el local- también empezó un reclamo para que se autorizara su reapertura. El pedido tuvo el acompañamiento del gobierno municipal al considerar que la situación sanitaria lo avalaba.

Tanto el protocolo para ese sector como para la habilitación de deportes individuales fueron elevados a la Provincia, pero ninguno prosperó. Lo que sí prosperó, a nivel nacional, fue el permiso para que los deportistas con chances de ir a los Juegos Olímpicos de Tokio 2021 puedan volver a entrenarse.

Iniciado junio, el gobierno nacional anunció que el 85% del país entraba en la etapa de “distanciamiento social, preventivo y obligatorio”. Mientras tanto, en la Provincia se establecía un sistema de fases que ubicó a Mar del Plata fuera de la posibilidad de que se reabrieran locales gastronómicos, que se habilitaran los deportes individuales y que se permitieran las reuniones sociales de hasta diez personas.

Lo que sí se habilitaron en este tramo de la cuarentena fueron las salidas recreativas, aunque para ese entonces en la costa de Mar del Plata y en diferentes puntos de la ciudad ya se había comenzado a notar una mayor circulación desde hacía tiempo, sin demasiada oposición del gobierno municipal.

El sector cultural siempre tuvo presente que sería uno de los últimos en poder retomar su actividad tal como lo hacía hasta antes de la cuarentena. Así, la crisis afectó a numerosos artistas de la ciudad que hace cien días encuentran sus teatros, sus centros culturales y sus escenarios cerrados.

A cien días de iniciada la cuarentena, viajar en colectivo sigue teniendo limitaciones a nivel urbano y sigue siendo imposible para los servicios de media y larga distancia, que se mantienen suspendidos. Las clases presenciales aún no pueden retomarse y la actividad turística, mucho menos.

Mientras tanto, y a cien días de la cuarentena, Mar del Plata cuenta la cantidad de días sin “casos autóctonos” de coronavirus para llegar a 21 y que eso le permita acceder a la próxima fase, la número 5, que supone empezar a conocer cómo será “la nueva normalidad”.

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