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28/08/2022

Cuidacoches: el trabajo en la calle, la lucha por el registro y el estigma

Sebastián, Daniel y Laura, tres historias entrecruzadas por el debate en torno al reconocimiento.

Cuidacoches: el trabajo en la calle, la lucha por el registro y el estigma
(Fotos: Qué digital)
Celeste Verdicchio

Por: Celeste Verdicchio

Sebastián, Daniel y Laura trabajan como cuidacoches en el centro de Mar del Plata. Sin posibilidades dentro del mercado laboral formal, las calles fueron el lugar donde encontraron un ingreso que los sostiene día a día en medio de la exclusión y el abandono estatal. Ser trapitos los llena de orgullo, pero también de estigma social. La invisibilización y la falta de regulación de la actividad los llevó, como en el caso de Laura y Sebastián, a organizarse junto a otros cuidacoches en búsqueda de más y mejores herramientas para el reconocimiento. “Que nos vean como trabajadores”, repiten una y otra vez a la espera del tratamiento de tres proyectos de ordenanza ingresados al Concejo Deliberante que proponen crear un registro municipal.

Sebastián y Laura forman parte del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE), una organización social que nuclea en sus diferentes ramas a miles de trabajadoras y trabajadores a nivel nacional y aproximadamente a unos 200 cuidacoches en Mar del Plata. “Encontramos en la organización popular una forma de dignificar nuestro trabajo y nuestras condiciones de vida”, definen desde el MTE y así lo plantean Laura y Sebastián. 

Orgullosos llevan sus camperas naranjas del MTE que no solo los protegen del frío durante el invierno, sino que también los identifican para los conductores que en medio del caótico tránsito marplatense buscan un lugar de estacionamiento. Ser mujer y ser cuidacoches —en una actividad ejercida principalmente por varones— es también un motivo de “orgullo” para Laura, quien asume su trabajo con responsabilidad y compromiso y con la alegría de que “más mujeres se sumen”

Para Daniel, la historia es otra. Durante quince años trabajó en el basural de Mar del Plata “rompiendo bolsas y bolsas” en busca de comida, de algo para vender o simplemente de algo para vivir. Los pulmones a la “miseria” fue lo que lo llevó a abandonar el basural y a empezar a trabajar como cuidacoches. Hoy reconoce estar mejor que en ese tiempo, pero también menciona —con una mirada lo suficientemente crítica— que “allá llegaba carne, de todo”. La marginalidad atraviesa el relato de Daniel: trabajar en el basural, trabajar como cuidacoches, vivir en situación de calle, el abandono estatal y también el estigma y la crisis económica. 

Mientras tanto, las y los trabajadores esperan el tratamiento de los tres proyectos de ordenanza ingresados al Concejo Deliberante durante 2020, los cuales tienen como objetivo la creación de un registro municipal de las y los cuidacoches en Mar del Plata. Dos de ellos, —presentados por oficialismo tienen una particularidad: las y los cuidacoches no deben registrar antecedentes penales, un requisito que despertó malestar entre quienes se dedican a la actividad al plantear exclusión y discriminación. La tercera iniciativa, presentada por el Frente de Todos a través de un trabajo en conjunto con el MTE, también impulsa la creación de un registro, pero bajo condiciones menos excluyentes.

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DANIEL, LAS HUELLAS VISIBLES DEL BASURAL

Daniel tiene 54 años. Hace seis meses que empezó a trabajar como cuidacoches sobre la calle Catamarca entre Luro y 25 de Mayo. De lunes a viernes, trabaja de ocho a siete de la tarde. De su lugar de trabajo, en donde cuida y lava autos, se mueve hasta la Plaza Rocha y al igual que una enorme mayoría de trapitos, espera que una combi pase por él para ir a El Campito, el parador municipal en el barrio Las Américas destinado a personas en situación de calle. Con la esperanza de recibir una pensión pronto, admite no sentirse más en condiciones de “laburar en la calle”.

Es que el reconocimiento llega junto a una EPOC (enfermedad pulmonar obstructiva crónica), el cuerpo deteriorado, cansado, y las huellas visibles de lo que fueron quince años de trabajo invisibilizado en la quema —hoy reemplazado por lo que llaman el “playón social”— del predio de disposición final de residuos de Mar del Plata. Allí, donde —sin ningún eufemismo— un importante número de personas trabaja, come y vive de la basura. “Acá me dan $10, $20. Un chori me sale $300. Acá tengo que comprar el azúcar, la yerba. Un sánguche de milanesa está $900. El otro día hice la plata y me lo comí. Pero allá llegaba carne, de todo…”, recuerda.

Daniel, uno de los cuidacoches de Mar del Plata.

Al igual que sus compañeros de la zona, Daniel afirma cargar a diario con el estigma de ser trapito. Pero Pablo, uno de los tantos compañeros con quien comparte “la calle”, defiende que no todos son “alcohólicos, cocainómanos o pastilleros”. Es que para los trapitos, el imaginario social sigue reproduciendo estereotipos negativos sobre ellos y su forma de vida.

Como parte de ese estereotipo, se escuchan con frecuencia en el día a día de los trapitos “no sea cosa que me vaya y me rayes el auto”, por ejemplo, a la hora de recibir un pago. Y también aparece el trato despectivo: “Te hablan mal como si uno no estuviese acá laburando igual que el resto, con la única diferencia de estar en la calle”. Pero entre “todo ese tipo de gente” que Daniel asegura encontrarse todos los días, también están los que “prefieren pagar $20 que $200 la hora o $2.000 el día en un garaje y quedarse tranquilos de que les cuidamos el auto o el lugar”.

“Yo hice de todo. Quince años rompiendo bolsas y bolsas en la quema. Laburando directamente en la basura. Y ahí al reciclador no le dan nada, los que ganan y se benefician son los licitadores, los mismos de siempre”, sostiene Daniel al pensar en sus años de trabajo en el basural “en la época donde no había ni luz ni agua”. “Tengo los pulmones a la miseria”, admite a la espera de su jubilación.

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¿El registro puede beneficiar a los cuidacoches en su trabajo?

— Pienso que sí, que puede servir. Acá si no movés esto [la franela] no ves nada. A razón de 10 pesitos, todo suma. Para hacer $1.000 o $2.000 tengo que hacer 200 autos. Lo que pasa es que esta zona no es como en la costa. Ahí agarraste la rambla, estás sentado y tenés cincuenta coches en verano. Y un garaje te sale muchísimo más, entonces sí o sí tenés que darle $500 al trapito. Son zonas distintas. Pienso que para eso sí puede servir el registro, para que laburemos todos tranquilo y parejo. Tiene que haber igualdad para todos. El derecho a la igualdad es lo mejor que hay.

SEBASTIÁN, ENTRE EL COMPROMISO Y LA ORGANIZACIÓN

Hace más de veinte años que Sebastián se dedica a cuidar coches y en Mar del Plata algunos, sobre la calle San Martín entre La Rioja y Catamarca. Su campera naranja del MTE rápidamente lo identifica para quienes, en medio del acelerado tránsito en el centro de Mar del Plata, buscan un lugar en donde estacionar. “Es importante mantener la rama del cuidado. Soy cuidacoches pero también cuido a los vecinos, a los comerciantes. Tengo un vínculo con la cuadra”, sostiene después de cuatro años de trabajo en la zona.

Como muchos trapitos, Sebastián se autogestiona su horario de trabajo: “Para mí esto es un laburo. Tengo un horario y trato de cumplir. Mi trabajo consiste en venir a las 9.30 y quedarme hasta las 19.30 o 20, dependiendo de cuánto trabajo haya”. Es que al igual que a una mayoría social, también lo alcanza la crisis económica que atraviesa el país y si bien en un “buen día de trabajo” puede ganar hasta $2.500 y “dentro de todo se vive”, admite que “todo está muy caro y la plata se te va enseguida, por eso hay que traerse la comida y venir bien desayunado, si no es todo un presupuesto”.

Sebastián, uno de los cuidacoches de Mar del Plata.

Sebastián lleva con orgullo su campera, a la que le gusta definir como una “herramienta de laburo”. Pero además de ayudar a identificarlo en la calle, para Sebastián también representa un compromiso con la forma de trabajar: “Lamentablemente hay mucho atrevimiento y hay que terminar con eso. El cuidacoches tiene que tener un buen aspecto y poder dirigirse bien a la gente, no alcoholizado o drogado. Tiene que estar bien lúcido porque es un laburo”, plantea.

Parte de su visión gira en torno a la organización colectiva que se da junto a sus compañeros y compañeras del MTE en busca de mejores condiciones de trabajo. A nivel local, el MTE suma alrededor de 2.000 afiliados con todas sus ramas y aproximadamente 50 o 60 participan activamente en la rama de cuidacoches: “Pero hay más, muchos más. Quizás alrededor de 200 cuidacoches en Mar del Plata”, se anima a afirmar Sebastián.

¿Por qué es importante tener un registro de cuidacoches?

— Nosotros queremos el registro por un cuidado y formalidad para nuestro desarrollo en el laburo. Que la certificación la tengan la Municipalidad, las comisarías de la zona. Pero el hecho de estar certificado, que el registro diga ‘Aníbal Sebastián certificado por el Municipio de General Pueyrredon’, hace que puedas trabajar tranquilo y que los vecinos sepan quién está cuidando. Que sepan quiénes somos. También va a ser un gran paso en lo social. Para toda esa gente que siempre nos mira desde otro lado, que nos empiecen a ver como un laburante más. Eso sería lo ideal. Lo que uno desea. También está la propuesta para que tengamos una obra social, un seguro de vida. Todo eso con el registro se puede reformular y aplicar. Ahora el tema de los antecedentes penales… Es difícil porque hay muchos compañeros con antecedentes. Pero lo importante es que se pueda oficializar el registro y que sea una herramienta laboral para cualquier compañero y compañera.

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LAURA, EL ORGULLO DE SER MUJER

Laura tiene 54 años. Para ella ser mujer y cuidacoches “es un orgullo” aunque “al principio lloraba”, cuenta al recordar lo que la llevó a las calles: la falta de trabajo formal. Nucleada en el MTE desde hace cinco años, Laura vive su trabajo como cuidacoches con “mucho respeto”. Excluida del mercado laboral formal y sin mayores alternativas, supo encontrar en el Movimiento de Trabajadores Excluidos a una “gran familia”. “Que la gente pueda quedarse tranquila porque somos cuidacoches organizados”, es parte de lo que desea y que se traduce en una lucha colectiva junto a sus compañeros y compañeras del Movimiento. 

Laura, una de las cuidacoches de Mar del Plata.

“Antes cuidaba en Juan B. Justo entre San Luis y Córdoba. Hace cuatro años que me vine a Mitre entre Rivadavia y San Martín pero con la bicisenda me quedó para cuidar un solo lado”, explica Laura luego de pasar a trabajar a Rivadavia entre San Luis y Mitre. “Al trabajo lo tomo con mucho respeto y humildad, esa es la forma y siempre a voluntad. A veces me preguntan por qué estoy con la campera: porque soy una cuidacoches organizada”, responde orgullosa de su trabajo.

La organización de las y los trabajadores del MTE es un punto clave transversal no solo en cuanto al trabajo diario de los cuidacoches en Mar del Plata sino también en torno a su percepción. La voz de Laura es también la de muchos y muchas que pelean por mejores condiciones de trabajo. O, como mínimo, dignas. Ser reconocidos y reconocidas. Capacitarse, tener un uniforme de trabajo, cumplir un mismo horario son parte de las herramientas que las y los trapitos encontraron a lo largo de los años en medio de esa búsqueda por el reconocimiento.

Aunque Laura ejerce su trabajo de todos los días “con mucha alegría”, en su relato al igual que Sebastián y Daniel también se lee el estigma: “Los cuidacoches también hacemos aportes de lo que estamos cobrando. Muchas veces nos critican que cobramos un plan y la realidad es que sí, cobro un plan. Pero también soy una trabajadora. El plan es una ayuda pero con eso no me mantengo. Tengo que trabajar sí o sí y lo hago”.

“Hice un curso de RCP y queremos seguir capacitándonos en eso. También aprender un poco más de tránsito para poder explicar bien las calles y las zonas de Mar del Plata porque hay mucha gente, sobre todo el público turista, que viene y pregunta. Queremos capacitarnos para saber mejor. Nos tienen que ver como trabajadores formales porque es un trabajo”, plantea.

“Hace cuatro años que nos estamos organizando y que impulsamos este proyecto de ordenanza para poder trabajar tranquilos”, sostiene Laura en relación al expediente ingresado a través del bloque del Frente de Todos. Para ella, “es un trabajo de todos los días que hay que tomar con mucho respeto”. Y el registro “puede ser beneficioso para mí y para muchos porque va a estar registrada gente que no es del MTE. Que puedan quedar registrados cuidacoches que hace años que están en Mar del Plata“.

LOS PROYECTOS DE ORDENANZA

En Mar del Plata, tres proyectos de ordenanza que buscan regular la actividad de los cuidacoches esperan su tratamiento en el Concejo Deliberante con el objetivo de darle continuidad a la creación de un “registro municipal de cuidadores de vehículos” según lo dispuesto por una norma sancionada en 1964 que nunca se puso en vigencia.

El primero de los proyectos, presentado en enero de 2020 por la entonces concejala radical y actual secretaria de Desarrollo Social, Vilma Baragiola, busca implementar una credencial identificatoria con los datos personales, una foto actualizada y el número de legajo del cuidacoches. Establece como órgano de aplicación a la Secretaría de Seguridad.

Sin embargo, uno de los puntos del expediente que rápidamente despertó el malestar entre trabajadores y la oposición, establece la “obligatoriedad” de presentar un certificado de antecedentes penales. En esa misma dirección fue el segundo de los proyectos presentado por el oficialismo, concretamente por el concejal Agustín Neme del bloque Vamos Juntos a mitad de 2020 con el apoyo del gobierno municipal.

Si bien el expediente también sostiene la creación de un registro, se lo aborda desde una “problemática de seguridad ciudadana” y además de no registrar antecedentes penales, establece como requisitos ser mayor de edad, acreditar ser residente de Mar del Plata con una antigüedad mínima y continuada de tres años y no tener “ingresos formales o ayudas del Estado de cualquier índole que superen el importe del salario mínimo, vital y móvil”, entre otros aspectos.

El tercer y último proyecto de ordenanza parte del trabajo y la organización que en 2019 reunió a cuidacoches del MTE de Mar del Plata con el objetivo de defender sus fuentes laborales. La iniciativa, presentada a través del bloque del Frente de Todos, propone la creación de un registro que delimite las calles en que las y los cuidacoches trabajan y establece como requisitos ser mayor de 18 o 16 años con autorización de responsables a cargo, contar con un certificado emitido por algún Centro de Atención Primaria de la Salud municipal de forma gratuita y estar inscripto en el Registro Nacional de Trabajadores y Trabajadoras de la Economía Popular (Renatep).

A su vez, el proyecto ingresado al Concejo contempla que los permisos sean gratuitos, de carácter precario y personal e intransferibles y plantea una duración de un año para luego ser renovados bajo los mismos requisitos. Las y los cuidacoches, de acuerdo a la normativa, deben asistir y aprobar un curso de capacitación sin ser excluyente el nivel educativo y la alfabetización con contenidos mínimos de la reglamentación de tránsito, seguridad e higiene, atención pública y convivencia ciudadana, seguridad pública, información turística básica, primeros auxilios y capacitación con perspectiva de género.

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