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26/04/2015

CURA: vivir de la basura para subsistir

Hace más de 10 años, un grupo de recicladores abandonó “la lógica individualista” para conformarse como empresa social. Hoy intentan llevar adelante esa tarea, pero, aseguran, no tienen los medios.

CURA: vivir de la basura para subsistir
(Fotos: QUÉ Digital) ©

Andrea se levanta todas las mañanas en su casa de Parque Hermoso y se toma dos colectivos. Deja a sus cuatro hijos -tiene también seis nietos- y sale rumbo a la Antártida Argentina al 8300, donde está ubicada la planta de reciclado municipal que administra la cooperativa CURA, esa que desde hace tres años ella preside. Recién son las 7 y ya se encuentra con sus compañeros. Todos juntos emprenden un nuevo día laboral, con la idea, nada más y nada menos, de subsistir.

La historia de Andrea es solo una, pero tranquilamente podría representar la de cada uno de esos 33 hombres y mujeres que día a día se dedican a revolver la basura del otro para vivir, para sobrevivir. Ellos son los integrantes de la cooperativa Común Unidad de Recuperadores Argentinos (CURA), empresa de economía social que cuando nació, allá por 2004, contaba con 700 asociados. Sin embargo, el paso del tiempo, las dificultades de adaptación, el individualismo -en algunos casos- y la necesidad -en la mayoría de ellos- hicieron que muchos quedaran en el camino.

Es viernes pasado el mediodía. Hace un poco de calor, pero eso no importa demasiado. Andrea y Daniel recorren la planta y cuentan cómo, desde que en 2009 dejaron el basural a cielo abierto y comenzaron a trabajar en la planta dependiente del Municipio de General Pueyrredon, su realidad cambió. Y mucho.

RECICLADO BASURA CURA © (14)

“Hoy el trabajo digno está, lo tenemos, lo que nos falta es el sueldo digno”, asegura Daniel, quien es prácticamente uno de los fundadores de la cooperativa. Si bien pronuncia esa palabras con liviandad, lo hace solo para intentar disimular su preocupación; es que las ganas están, la voluntad está, el espíritu colectivo está, pero la plata no. “Hace un mes y medio que estamos en crisis, nos estamos endeudando para poder subsistir”, confiesa.

Los trabajadores de CURA trabajan diariamente con alrededor de 16 camiones de basura que son descargados durante la jornada y traen, de acuerdo al día, residuos reciclables y orgánicos o descartables. Es decir, todo lo que reciben no siempre les es útil.

“Veníamos con bastantes problemas en el último tiempo, teníamos basura muy mala, venía la mitad de camiones, con menos cantidad de material y todo eso no nos rendía”, relata Andrea, en relación a lo que desencadenó a principio de mes una manifestación en la entrada del Ente de Obras y Servicios Urbanos. Según dicen, los reclamos que hicieron estarían en vías de solucionarse, pero saben que deben tener paciencia.

A su vez, ambos recicladores coinciden al resaltar el impacto que les generó la implementación de la separación de residuos en origen en 2012. “La gente ha ido tomando conciencia, está dividido todavía, no todos reciclan como lo deberían hacer”, señala Andrea y comenta que hoy en día atraviesan otro problema, porque “ahora se puso de moda el reciclado”.

De acuerdo a lo que explica la trabajadora, actualmente hay gente que sale “los martes y viernes -los días en los que se sacan las bolsas verdes- a recorrer la ciudad con sus camionetas y se lleva la basura”. “No me refiero a la gente que está en los carros, porque ellos viven de eso, hablo de los que salen a aprovechar y lo empezaron a hacer ahora, porque eso a nosotros nos perjudica bastante”, advierte.

EL PROCESO DE RECICLADO Y LAS DIFICULTADES PARA CRECER

Los camiones de basura descargan varias veces por día el material. Allí, el mismo es recibido por los trabajadores, que lo colocan en la cinta que lo transporta a las diferentes postas en las que se separa el material reciclable del descarte.

Aquello que no sirve es cargado y transportado por otros camiones al basural. El resto es trabajado por los recicladores, que lo dividen de acuerdo al tipo y luego lo compactan y dejan listo para vender. En algunos casos, a algunos materiales se les da “valor agregado”, a través de la limpieza de envases, lo que sube el precio para su comercialización.

RECICLADO BASURA CURA © (11)

A fines del año pasado, CURA firmó un convenio con el Municipio con el objetivo de “mejorar el proceso de separación de residuos así como la comercialización de los materiales recuperables”. De acuerdo a lo que se informó en ese entonces, entre los puntos del acuerdo se encontraba el rediseño de espacios complementarios que serán útiles para la actividad de separación y comercialización, además de la construcción de un galpón de almacenamiento de materiales y de la entrega de un promedio de 60 toneladas de material exclusivamente recuperable para fines, casualmente, de este mes.

Sin embargo, todo esto aún no se cumplió. Incluso, según dicen los trabajadores, actualmente tienen inconvenientes con la máquina principal por la que pasa la basura, ya que no funciona correctamente. “Si la cinta funcionara mejor podríamos reciclar más camiones y aumentar el grado de basura para poder vender, eso es algo que necesitamos”, indica la presidente de la cooperativa.

En ese sentido, coinciden Daniel y Andrea, estas cuestiones dificultan que la cooperativa pueda “hacerse de una base de dinero para poder crecer”. “Hoy por hoy no podemos subsistir con lo que sacamos de acá. Estamos en plena baja, nos estamos llevando $900 por semana, hace un mes y medio que estamos en crisis, venimos en pique y tocamos fondo”, se lamenta Daniel, que no culpa a nadie por la situación, pero siente mucha impotencia.

“Esto no tiene que ver ni con la Municipalidad ni con cosas internas de la organización, sino con que de por sí el reciclado tiene muchas altas y bajas”, sostiene y explica que cuando están en una buena época lo recaudado no es suficiente para el ahorro, por lo que en las “malas rachas” sufren las consecuencias. “Esto nos agarró desprevenidos”, se sincera.

DIGNIFICAR EL TRABAJO

A unos metros de donde se ubica el galpón, hay unas cien personas, según calculan desde CURA, que todavía viven y subsisten juntando basura en el predio, en la quema, en el basural. Muchos de los que están ahí pasaron por la cooperativa, pero la necesidad los hizo volver. Andrea dice que sueña con que todos puedan estar junto a ella en la planta, bajo techo, trabajando “con dignidad”.

“Todos venimos del mismo lado, allí fue donde se formó la cooperativa”, relata Daniel, que recuerda que cuando en 2009 comenzaron a trabajar en la planta fue un cambio muy grande, “una revolución interna”. “Dejamos el reino individualista, que es lo que había allá, y nos conformamos como un equipo”, afirma orgulloso, pero enseguida señala: “Han sido tiempos muy difíciles, por eso hubo tantas bajas. Vamos logrando cosas, pero las respuestas se dan de la manera que quizás nos gustaría”.

RECICLADO BASURA CURA © (12)

Sin embargo, más allá de las dificultades, el espíritu del cooperativismo está presente en lo cotidiano. “Acá aprendimos lo que es el compañerismo, entendimos que tenemos que ser uno, que no somos 33 personas separadas, somos un equipo y tenemos que luchar juntos”, destaca Andrea, que dice que en este tiempo, también, han aprendido a incluirse en la sociedad.

“Fuimos aprendiendo cosas, como cumplir horarios, estar bien en la sociedad, ser parte”, remarca y luego reitera: “Hoy lo que necesitamos es la sustentabilidad para poder crecer”. A su lado, Daniel refuerza la idea, pero le agrega una cuota de realidad: “Nuestro máximo impedimento es el dinero; si no tenemos sustentabilidad CURA no puede crecer como nos gustaría, porque puede haber mucha solidaridad y cooperativismo, pero si no tenemos los medios es difícil estar en esta situación”.

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