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21/07/2015

Después de la condena, volver a empezar

Maira, Rosario y Macarena lloraron, se abrazaron y sintieron alivio cuando el TOC Nº 4 anunció lo que tanto anhelaban: Claudio Napolitano pasará los próximos 35 años en la cárcel. “Empieza una nueva etapa”, dijeron.

Después de la condena, volver a empezar
Maira, Rosario y Macarena tras la sentencia a Claudio Napolitano. (Fotos: QUÉ Digital)

Maira aplaude. Habla por teléfono. Saluda a su mamá, a su hermana. Abraza a sus amigos. Y vuelve a aplaudir. En su mirada hay una cuota de alivio, una sensación de liberación. Y ella lo sabe y lo empieza a sentir.

Rosario tiene los ojos vidriosos. Su papá y su mamá, firmes, están a su lado. Agradece a todos los que la acompañaron. Parece un poco desbordada, dice que no sabe muy bien cómo se siente todavía. Fue todo muy rápido y esto recién empieza.

Macarena habla poco y tiene cerca, muy cerca, a su mamá, quien desde el primer día está ahí, lista para sostenerla si se cae. Tras descompensarse en varias oportunidades, está de pie, entera. Es la más chiquita, pero tiene una fortaleza inconmensurable. Y eso no se lo quita ni se lo va a quitar nadie.

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VICTIMAS NAPOLITANO 05

“Poder encontrarnos es una manera de sanar”, decía Maira exactamente dos semanas atrás, el día en que Claudio Napolitano comenzaba a ser juzgado por siete violaciones cometidas entre 2009 y 2013 en la zona sur de la ciudad. Hoy, después de que el Tribunal Oral en lo Criminal (TOC) Nº 4 lo condenara a 35 años de prisión efectiva sin posibilidad de libertad condicional, Maira sonríe y muestra su brazo, con esa misma frase tatuada. Y se funde en un abrazo con Rosario y con Macarena.

Para ellas, el proceso del juicio no fue fácil. Para nada. Tuvieron que revivir aquello que, en un punto, quisieron olvidar pero no pudieron. Relataron ante desconocidos las atrocidades que les tocó vivir. Se abrieron. Contaron sus máximos miedos y se animaron a asumir eso que la vida, vaya uno a saber por qué, les puso enfrente. Y aunque por momentos sintieron que el dolor era insoportable, superaron la prueba más difícil. Y lo hicieron con creces.

Maira, Rosario y Macarena se vuelven a abrazar. Hasta hace algunas semanas, ellas eran tres perfectas desconocidas, que sin saberlo, estaban tan unidas. Y entonces, con el correr de los días, encontraron en la otra esa contención tan necesaria, esa sensación de comprensión y de entendimiento que solo pueden describir aquellos que pasaron por lo mismo.

Rosario decía, a principios de este mes, que para ella el juicio era prácticamente un trámite, algo más. Ella tampoco se imaginaba que entre tanto dolor, entre tanto sufrimiento, podían existir cosas lindas. Y se sorprendió. Y aunque repite que no sabe muy bien cómo se siente, en sus ojos hay un poco más de paz.

Un juicio, una sentencia o una condena no reparan tanto dolor. Claro que no. Pero el abrazo, la palabra justa en el momento necesario, la idea de que la Justicia sí existe y el encuentro sanador revivieron esa idea de que todavía hay cosas que valen la pena. Maira, Rosario y Macarena no pueden, lamentablemente, volver el tiempo atrás. Pero pueden y se merecen, ahora sí, volver a empezar. 

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