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31/07/2021

Guadalupe, asesora en el Concejo: el trabajo formal como empoderamiento

Guadalupe Orihuela Bazán es parte del equipo de la concejala del Frente de Todos, Sol de la Torre, y es la segunda mujer trans en desempeñarse como asesora en el Concejo Deliberante.

Guadalupe, asesora en el Concejo: el trabajo formal como empoderamiento
(Fotos: Qué digital)

Guadalupe Orihuela Bazán es parte del equipo de la concejala del Frente de Todos Sol de la Torre desde enero del 2020, momento en el que se convirtió en la segunda mujer trans en desempeñarse como asesora en el Concejo Deliberante. La mendocina cambió radicalmente su vida en Mar del Plata, donde hace tres años que se radicó, dejó la prostitución, se enamoró y tiene una familia ensamblada con un hije de ocho años. Gracias a la contención que le brindaron desde la Asociación Mundo Igualitario (AMI) y del bloque político del cual forma parte, asegura: “La constancia del trabajo formal me ayudó a empoderarme”.

El acceso al trabajo formal, sobre todo en tiempos de crisis, puede no ser una tarea fácil para cualquier persona. Pero sin dudas esa búsqueda se vuelve mucho más difícil para quienes integran colectivos históricamente excluidos, marginados y empujados a la informalidad e incluso al límite de la existencia. Sin embargo, desde hace un tiempo, los cambios, evidenciados en la historia de Guadalupe, empiezan a ser una realidad.

En dialogo con Qué digital, Guadalupe reconoce los logros de la lucha por los derechos de la diversidad, pero considera que si bien con la ley de cupo laboral travesti trans el país avanzó en cuestión de inclusión, aún hace falta que haya funcionarios o funcionarias trans. “Por más buena intención, las leyes no están redactadas por nosotras. Eso sería un gran cambio porque solo nosotras sabemos lo que podemos dar, y una banca en el Concejo sería un cambio histórico para el país porque acá se cocinan los proyectos”, remarcó.

La asesora encontró su vocación en el ámbito social y, luego de finalizar el secundario en Mar del Plata e integrar el equipo que acompaña a la concejala, se anotó y comenzó a estudiar la Licenciatura en Trabajo Social en la Universidad Nacional de Mar del Plata. Su militancia social no se limitó al HCD, sino que también ante el avance de la pandemia fue una de las impulsoras -junto a diferentes organizaciones y la solidaridad de referentes- del Comité de Emergencia para el colectivo LGBTIQ+ para asistir con alimentos y productos de higiene a travestis en situación de calle; acción sostenida por Laura Cardozo de 100% Diversidad y Derechos.

“Me vine de Mendoza hace tres años en búsqueda de una nueva vida”, sintetizó Guadalupe que arribó hace tres años a la ciudad. Oriunda de Guaymallén, durante ocho años se alejó de su familia y en Capital Federal tuvo que prostituirse. “Un día mi mamá me dijo: ‘Hija, si le ponés un precio a tu cuerpo que lo llevé 9 meses dentro mío quiero que sepas que me matàs en vida. Tu cuerpo no tiene valor”, recordó desde su escritorio en la oficina de la concejala del Frente de Todos.

Guadalupe reflexiona a partir de ese pasado, tan asociado a las personas travestis y trans: “La gente tiene que saber que la prostitución no es tabú. Llegamos por malos consejos de compañeras de antes y por el estado prostituyente en el que vivimos, no por nada es uno de los mercados más grandes a nivel mundial”, subrayó.

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Cabe recordar que la primera asesora trans hace siete años fue Cintia Pili que luego trabajó como secretaria de Alejandra Urdampilleta. Fue quien, en primera instancia, marcó el primer precedente. Al respecto Guadalupe agradece que su compañera, de alguna manera, le allanó el terreno y “sensibilizó el entorno”: “Ella fue muy discriminada en este espacio donde la mayoría que trabaja son varones con pensamientos bastantes machistas”. Sin dudas, las dificultades para quienes ingresan por primera vez a un trabajo institucional suelen ser mayores, sobre todo si los compañeros de trabajo tienen un promedio de edad mayor a 50 años y son héterosexuales y cisgénero, es decir, su autopercepción coincide con el sexo.

“Tuve la suerte de entrar a esta concejalía que tiene perspectiva de género y que logró presidir la comisión de Género y Diversidad. La primera comisión tuvo expedientes de todos los concejales, es claro que hacía falta que estuviese”, destacó.

De a poco, a la mujer trans de 34 años le van cayendo las fichas y se da cuenta de su presente. “Pasé la prostitución con responsabilidad y más allá de todo lo que es, con muchos cuidados. Hoy no puedo creer que pueda planificar vacaciones y llegar a vieja sin estar mangueando comida en la calle y poder estar segura en mi casa”, analizó.

– ¿Cómo llegaste a Mar del Plata?

-Llegué hace tres años, mi plan era ejercer la prostitución porque no tenía otra salida. Después de accidentarme en una escollera, se me reventó un implante de silicona líquida y no podía hacerlo. Tuve que pedir ayuda porque no tenía plata para pagarme el hotel, la comida, no conocía a nadie. Al desconocer sobre la silicona líquida, durante un mes me ponían antiinflamatorios para que se me pasara el dolor pero todo eso seguía dentro de mi cuerpa. Después tuve mucha fiebre y me hospitalizaron, y como urgencia me hicieron una cirugía de extracción. Es muy compleja porque la silicona al ser líquida se mezcla con todos los tejidos, es muy difícil sacarla.

– ¿Cómo te pusiste en contacto con la Asociación Mundo Igualitario (AMI)?

-Si bien tenía ayuda de quien ahora es mi pareja, no tenía ropa, ni tenía teléfono para hacer llamadas. Una prima lejana de Mendoza me comenta que acá existía una organización especialmente dirigida a la colectiva LGBTIQ+.  Me contacte con Agustina Ponce y le conté mi situación, me tomaron los datos y me mandaron ropa con una trabajadora social.

– ¿Qué fue lo primero que hiciste cuando te dieron el alta?

-Fui a la Casa de la Mujer de Políticas de Género donde trabaja Agustina Ponce. Ahí le dije cuál era mi situación, que no quería ejercer más la prostitución. A mi familia siempre se lo oculté, a mi mamá le decía que había conocido un hombre mayor que me mantenía para no blanquear la situación. Después de blanquearlo con Agustina y de que mi compañero dejara el taxi en el que trabajaba, nos pusimos a vender tortas fritas, productos de panadería puerta a puerta y en la playa. A la semana hice un curso de manicura en la Casa de la Mujer, me recibí a los tres meses, siendo constante y eso me empezó a dar motivación para volver a estudiar. En Mar del Plata me anoté en el Plan Fines, hice las materias de ese último año,  mi familia me mandó el analítico y la partida de nacimiento certificada. Así, en tres meses terminé y rendí bien todas las materias. Me armé un currículum y lo pasé por todos lados porque se venía el invierno y no me la podía arreglar como en el verano vendiendo tortas fritas.

Hasta los 31 años estuve dormida en el tiempo. Por el estado prostibulario en el que vivimos después de los treinta nuestra cuerpa no sirve para ese tipo de explotación.

– Ahora ¿cómo es la relación con tu familia?

-Nunca me separé de mi familia pero era una relación muy distante. Cuando me internaron por lo de la silicona líquida en esos quince días hablamos todos los días. Mi mamá nunca me negó, pero siempre quiso lo mejor para mí. Cuando le compartí mi deseo me dijo que si nacía nena me hubiese puesto Luisana, así que en mi DNI figura: Guadalupe Luisana. Hoy por hoy, mi mamá y mis hermanas están muy orgullosas, y yo de ellas por cómo se han deconstruido a través de mí.

– ¿Cómo fue tu transición?

-La pasé mal, hoy me río pero cuando comencé a hormonizarme en ese momento no estaba la Ley de Identidad de Género que avala que las instituciones médicas y obras sociales tienen que asesorarte en un buen acondicionamiento de las cuerpas. Yo iba a la farmacia a que me aplicaran anticonceptivos inyectables que tienen mucho estrógeno. A cinco meses de comenzar a hormonizarme estaba feliz por los cambios y en realidad me estaba haciendo bolsa. Llegué a tener un embarazo psicológico y salí adelante gracias a que mi mamá me llevó al psicólogo.

“Había abandonado el secundario a un año de terminarlo porque el sistema educativo no me permitía ir vestida como yo quería a la escuela. No quería ir vestida de varón cuando hacía dos años que le había blanqueado a mi mamá mi elección de vida”, compartió Guadalupe.

– ¿Cómo llegas a ser parte del equipo de la concejala?

-Sol de la Torre había asumido a principios del 2020 y ella quería tener en su concejalía una asesora o asesor travesti, trans en representación de las diversidades. En ese momento no existía la comisión de Género y Diversidad. Yo ingresé por voluntad política de ella, no por el cupo laboral. Me empecé a interiorizar sobre todo lo que es política pública, ordenanzas y resoluciones. Hace dos años que vengo desenvolviéndome bien y a principio de año me anoté en la Licenciatura de Trabajo Social en la Universidad Nacional de Mar del Plata.

– ¿Cuál fue tu primer iniciativa en el Concejo Deliberante?

– Justo comenzó la pandemia y uno de los primeros proyectos fue nombrar a la población travesti trans como la más vulnerable. Entré a trabajar en enero y en marzo se declara la pandemia. En ese momento, viendo a amigas y compañeras que estaban en situación de calle, propuse el proyecto que busca reconocer a la población travesti trans como altamente vulnerable, aún más en el contexto que estamos atravesando. A través de ese proyecto se crea el Comité de Emergencia LGBTIQ+ para llevar mercadería y productos de higiene a la mayor cantidad posible. Fue creado e impulsado por varias organizaciones y sostenido durante la pandemia por Laura Cardozo de 100% Diversidad y Derechos, Claudia Vega, Patricia Vozzi, Agustina Ponce de AMI y Cintia Pili  por el espacio de Género y Diversidad del Movimiento Atahualpa.

Empezamos llegando a 28 compañeras luego con el pasar de los días llegamos casi a 300, y no son todas las que viven en Mar del Plata. Muchas veces no se puede llegar a todas porque las compañeras tratan de no dejar sus datos por miedo a la deportación, porque la mayoría son extranjeras.

-¿En qué más estuviste trabajando?

-Luego de ese proyecto que fue fructífero, surgió hacer un programa “Voces diversidentes” para visibilizar a través de la radio qué es lo que se venía haciendo con respecto a la colectiva, es una idea de Claudia Vega, presidenta de AMI junto a Agustina Ponce, Patricia Vozzi y mi compañero que se sostiene hace ocho meses. Luego a nivel político empezamos con una batería de iniciativas “Reparar Trabajo”, “Reparar Salud”, “Reparar Vivienda”, en pos de reparar los derechos históricamente vulnerados, porque reconocer ya es reparar un poco. También, impulsado por la presidenta de AMI junto a les xadres y el trabajo en equipo que coordinan Guada Pavon madre de Tito el primer niño trans en la ciudad y Viviana Rojas madre de una adolescente trans; creamos el proyecto para instaurar el “Día de la visibilidad de niñeces y adolescencias trans”.

– ¿Fue movilizador contar con un trabajo formal?

-Sí, si bien estoy orgullosa y contenta del trabajo que tengo, lo más difícil ha sido sostenerlo sinceramente. Como dice el dicho ‘quien busca, encuentra’, yo no iba a bajar los brazos hasta tener un trabajo digno pero lo más difícil es sostenerlo porque viví treinta años de no tener que sostener nada, de que todo era el día a día. Cada vez que salía a la calle para mí era el último día, me maquillaba para la muerte. Ha sido muy difícil, por eso es súper importante el acompañamiento a las chicas o chicos trans a partir de la implementación de la ley de cupo laboral travesti trans.

-¿Por qué crees que es importante contar con un acompañamiento al momento de ingresar a un puesto laboral?

-El estar acompañadas y contar con un equipo que tenga la sensibilidad es muy importante porque sino no sirve de nada tener un puesto para luego perderlo. Hay que ser conscientes de que si damos esa posibilidad tiene que venir con todo lo que conlleva: acompañamiento, tolerancia, respeto y paciencia. Me pasa que al día de hoy estoy tratando de entender cosas porque nunca había trabajado en una computadora.

-Imagino que los códigos de la calle son muy complejos y diferentes a los que se viven en un trabajo y más en el ámbito político…

-Tal cual, lo compartía hace poco con otra compañera que ingresó por la ley de cupo laboral trans en el Hospital Interzonal. Lo diferente que es venir de la calle a trabajar en una institución. Nosotras venimos de la prostitución con un lenguaje, con una actitud que se forma para poder sobrevivir. Y al momento de entrar a un trabajo, la manera en la que te expresás tiene mucho peso. Primero la discriminación escondida que hay, me doy cuenta todos los días que entro a este edificio, los codazos, las miradas, cosas de las que una en la calle aprendió a defenderse porque después venía la agresión física. Tuve que aprender a contenerme, a hacer oídos sordos, a empoderarme de ser una trava. La sensibilización es muy importante porque si vas todos los días a trabajar y no hay un proceso de cambio, sinceramente te quitan las ganas.

La constancia y la rutina del trabajo formal me ayudaron a empoderarme. En una capacitación de la Ley Micaela para toda la Municipalidad me pasó que se dirijan hacia mí como el travesti que trabaja con Sol de la Torre, eso no me afecta pero para un pibito o pibita trans, esa forma de dirigirse lastima.

– ¿Qué proyectás a futuro?

– Empecé a estudiar esta licenciatura en Trabajo Social porque me encantaría abordar trabajos y situaciones con compañeras mujeres y travestis que están privadas de su libertad. En el contexto de pandemia con el Comité de Emergencia asistimos a las que están privadas de su libertad en Batán y es impresionante la desolación y el abandono del Estado que viven.  ero como es una carrera muy larga la que elegí, el hábito de estudio lo había perdido, me lo voy a tomar con mucha calma, capaz que me recibo dentro de diez años. Ahora lo que hice fue anotarme en los listados provincial y municipal para poder conseguir un trabajo bajo el amparo de la ley de cupo laboral travesti trans. Mi trabajo ahora es temporal, soy empleada política y me gustaría ser empleada municipal. Me gustaría trabajar en algún dispositivo, alguna institución que se refiera a la contención y albergue de personas en situación de vulnerabilidad.

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