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09/06/2019

Juicio Subzona 15: el calvario de una espera que nunca termina

A Rubén Julio Fazio se lo llevaron de su casa, delante de su familia, el 10 de diciembre de 1976. El relato de sus hijas sobre cómo fue pasar en soledad los últimos días de sus abuelos, quienes vivieron permanentemente amenazados.

Juicio Subzona 15: el calvario de una espera que nunca termina
(Fotos: archivo / QUÉ Digital)

Cuando Rubén Julio Fazio fue violentamente secuestrado por los militares en la madrugada del 10 de diciembre de 1976 Analía Méndez estaba embarazada de su segunda hija, Carla, y junto a ellos en la casa también estaba su primera hija, Romina, de sólo siete meses. Desde aquella madrugada la familia Fazio espera saber algo de El Turco. Y quienes lo esperaron durante muchos años, a base de permanentes amenazas, engaños y estafas, fueron sus padres, que fallecieron cuidados por sus nietas en la soledad del dolor que implicó nunca más saber nada de su único hijo.

Carla y Romina Fazio, las hijas de Rubén, declararon en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo desde el año pasado en el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata y que tiene a 43 imputados por delitos cometidos en la Subzona 15 -ámbito jurisdiccional, compuesto por las áreas 15.1 y 15.2- y en los centros clandestinos de detención conocidos como “La Cueva” y Base Naval. Ellas, junto a su madre, recordaron y reconstruyeron cómo cambió la vida de la familia desde aquel 10 de diciembre de 1976, relataron cómo un hombre los siguió de cerca aún muchos años después, cómo sus abuelos fueron engañados y estafados y cómo fue enfrentar el dolor con permanentes amenazas.

Rubén Julio El turco Fazio, militante del Partido Socialista de los Trabajadores, fue privado ilegítimamente de su libertad en su casa de la avenida Luro al 3900 por una patrulla armada que irrumpió por el techo, destrozó vidrios y forzó las rejas de hierro. Los integrantes del  operativo no se identificaron, y con gorros y bufandas se cubrían el rostro. Uno de ellos apuntaba con su arma al padre de la víctima a la vez que le decía “Si me mirás, te quemo”. Mientras tanto, a Rubén le preguntaban por Raúl El Pájaro del Monte cuyo nombre días después apareció en los diarios por “caer abatido en un enfrentamiento armado en Capital Federal”. Tras golpearlo, a Rubén se lo llevaron y desde aquella madrugada permanece desaparecido.

Carla Fazio, la segunda hija de El Turco y Analía Méndez, nació el 3 de mayo de 1977, a poco menos de cinco meses de la desaparición de su padre. En el juicio, al declarar como testigo, contó aquellas cosas que pudo investigar y averiguar con el paso de los años, fundamentalmente aquello que pudieron contarle y relatarle sus abuelos que, teniendo en cuenta el embarazo de Analía, se pusieron al frente de una búsqueda que no obtuvo ningún tipo de respuestas.

Ruben Fazio juicio lesa humanidad subzona 15Carla habló ante los jueces Roberto Falcone, Mario Portela y Alfredo Ruiz Paz y ante preguntas de los fiscales Juan Pablo Curi y Eugenia Montero de las consecuencias de la desaparición, no haber podido conocer a su papá, de tener una mamá de 19 años, sin su pareja, y con dos hijas por criar y de haber tenido abuelos inmersos en la soledad del dolor y bajo le padecimiento de amenazas, muchos años después.

Como parte de los recuerdos de lo contado por sus abuelos y de papeles encontrados en la casa, Carla expuso que “un militar le pedía dinero” a sus abuelos. “Les decía que mi papá necesitaba información sobre nosotras, pedía fotos, dinero; incluso tengo un plano que le dieron a mi abuelo de dónde ir a buscarlo: le dijeron que tal día y a tal hora iba a aparecer, cosa que nunca pasó“.

El dolor del engaño, de la mentira, del sufrimiento de padres buscando desesperadamente a su único hijo. “Encontré borradores de las cartas que mis abuelos le escribían a él”, contó Carla y, además de entregar todo ese material como prueba que no estaba incorporado en la causa, expuso que su abuelo “le entregó mucho dinero” a esa persona que nunca pudieron identificar.

Asimismo, la mujer luego de reparar en no creer que las enfermedades que sufrieron sus abuelos -alzheimer y demencia- fueran una “casualidad” hizo referencia a lo que tuvieron que vivir como familia y ellas como nietas, respecto al dolor de sus abuelos “que durante años vivieron encerrados en su casa, sin querer salir ni a festejar unas fiestas” y a la soledad que significó para ellas estar solas con sus abuelos “en los momentos en que murieron porque mi papá no estaba y no había nadie que se pudiera hacer cargo de ellos”.

A su turno, desde España donde vive hace años, Romina reparó en haber vivido una infancia “en una situación particular en cuanto a la protección” por parte de sus abuelos. “Mis abuelos fueron amenazados repetidas veces. Siempre estuvimos muy cuidadas y protegidas”, expuso y lamentó: “Vivimos un calvario en cuanto a vivir la tristeza de mis abuelos esperando recuperar a su hijo y tratar de proteger lo que les quedaba, que era tanto mi hermana como yo”.

Romina recordó cómo pasados varios años, y ya en democracia, “había muchísimas llamadas amenazantes” en la casa de sus abuelos: “A veces decían que nos podía pasar a nosotros lo mismo que le pasó a mi padre“.

Y relató haber conocido a una persona que engañó y estafó durante muchos años a sus abuelos. “Es una persona a la que yo recuerdo con mucho temor, era quien le daba información a mi abuelo. La primera vez que lo vi estaba en la Iglesia y se acercó a hablar con mi abuelo. Mi abuelo me dijo que era una persona que tenía contacto con la gente que se había llevado a mi padre y que le podía dar información”, recordó.

Asimismo, sumó que en diferentes etapa de su vida se cruzó con esa persona: recordó haberla visto cerca de su escuela primaria y luego de su escuela secundaria. “Cuando mi abuelo enfermó de alzheimer y después de muchos tratamientos tuvimos que ingresarlo a una residencia en una oportunidad que yo estaba en una propiedad de mi abuelo limpiando se acercó esa persona a preguntarme por mi abuelo. Yo tenía muy clara su imagen pero ya no tenía miedo”, recordó respecto a lo vivido durante los años ’90. Y completó: “Le respondí que no lo iba a poder molestar nunca más, que no intentara contactar con él y que nos dejara en paz, y nunca más volvía a ver a ese hombre”. 

JUICIO LESA HUMANIDAD MEGA CAUSA SUB ZONA XV  (5)

'NO QUISE QUE MIS HIJAS DE CRÍEN CON ODIO Y RENCOR'

Fue alrededor de la una de la madrugada de aquel 10 de diciembre de 1976 cuando Analía empezó a escuchar golpes que retumbaban en el techo, sobre la terraza, y luego gritos: los militares estaban en su casa en busca de su pareja mientras ella cuidaba a su hija de siete meses que tenía 40º de fiebre.

En su declaración en el juicio la mujer contó algunos detalles de aquella noche, de cómo se llevaron a El Turco y de cómo desde ese momento no supo nunca nada más.

“Como yo estaba embarazada de mi segunda hija, quien hizo todas las gestiones fue mi suegro, ahora fallecido, que viajó mucho, hizo gestiones en Mar del Plata, fue a la iglesia. Y después por conocidos de la familia se intentó llegar a distintos militares que dieron distintas informaciones”.

Esas distintas informaciones, según expuso, fueron desde que había fallecido a causa de la aplicación de tortura mediante picana en la comisaría cuarta a que uno de sus amigos lo había “deschabado”.

“No quise que mis hijas se críen con odio y rencor. He tratado de cerrar esta etapa”, expresó y contó que después supo que El Turco había ayudado antes de ser secuestrado a un amigo que había estado en un “enfrentamiento” con militares.

Por otro lado, la mujer lamentó el engaño que sufrió durante años su suegro. “Hubo una persona que no sabemos el nombre que le sacó mucho dinero -el valor de una propiedad- trayéndole y llevándole cartas y diciéndole que el hijo iba a estar en tal lado y que se lo iban a entregar“, señaló. Pero eso nunca ocurrió.

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